martes, 20 de marzo de 2012

"Un dios para una hormiga / Um deus para uma formiga"



. Durante el entresueño, la idea

Macro de un hormiguero. Actividad febril, últimas horas de la tarde…
Aérea de una vista urbana, bien alta, como si fuese Dios quien mira a la ciudad. Se oyen las bocinas de los autos diminutos reverberar en las estructuras de cemento, perderse en el murmullo de la noche.
Teleobjetivo sobre las infinitas ventanas de departamentos de Buenos Aires. Y en una de esas ventanitas…
Primerísimo primer plano de la boca, barbada y murmurante, de Álter Ego, nuestro protagonista. Algo cavila entredormido: calcula gastos para un viaje próximo. Es una boda en otro país, le oímos mencionar São Paulo. La frivolidad del plan lo inquieta. Sobresaltado, espabila. ¿Y si aprovecho para filmar una película…?, se auto-desafía. Puede que ese dinero que le quita el sueño sea demasiado para cumplir con un compromiso social… ¡pero es muy poco si de producir una película se trata! ¿Y de qué trata? Tiene que ser chiquita, no sólo de bajo presupuesto, sino manejable, asequible. ¿Chiquitita como qué? ¡Como una hormiga! Abre los ojos. ¡Un dios para una hormiga! Voy hasta la plaza de mi barrio, relata, capturo una hormiga al azar, la arranco de su hábitat subterfugio y cooperativo de trabajo, y me la llevo de “living la vida loca” conmigo, en avión, a Brasil. Para luego, como hace Dios con nuestros destinos, continúa, volverla a su terruño natal, su patria chica, sin que nunca se explique por qué fue que se la arrebató en un primer momento, qué fue lo que le pasó en el ínterin, ni por qué la devuelven a su hormiguero de siempre… ¡Escribílo!, se obliga Álter Ego. E, incorporándose de la cama, sale de su habitación y se dirige a la cocina.
A la luz de la heladera abierta, el joven en calzoncillos se dispone a bajar sus ideas a papel. Habla solo, se ríe, se contradice, se reta severo, menciona nombres, fechas, itinerarios, cosas por hacer y una ruta inicial: el camino desde su casa hasta Parque Las Heras… “Bajás por Arenales, lo de siempre en la calle y en vos…”, la introducción de ‘Balada para un loco’, himno tanguero nacional, le viene a la mente. La anota. Y la dice: … bajás por Arenales…

. La ruta a la plaza

… lo de siempre en la calle y en vos… En off, su voz se superpone al descenso olímpico: en el hueco del ascensor, el contrapeso del mecanismo descorre el título principal ‘UN DIOS PARA UNA HORMIGA’ que se transforma de inmediato en ‘UM DEUS PARA UMA FORMIGA’. La puerta metálica irrumpe en cuadro y borra ambas versiones de los títulos. Se oye a Álter Ego en el interior, alejándose, silbar el tango de Piazzolla y Ferrer.
El texto, a la vez descripción y hoja de ruta, constituye un homenaje al cine y la literatura argentinos, nuestros cineastas y escritores.
La cuadra de Álter Ego, esquina con Agüero y las inmediaciones del actual shopping:
“… eh, bajás por Arenales / lo de siempre en la calle y en vos / si subís hasta
la ex-cervecería / del sabor del encuentro / (frase de Fogwill) / decíle gracias a María Luisa, señora de nadie / hija de esa birra y mamá de nuestro cine nacional”
La ventana decrépita, sórdida, de un inquilinato a la calle:
“Si fueras por Beruti, no / pero si agarrás por Bulnes, pasás: / el depto. donde planearon el robo / de la plata quemada / novela de Piglia / película de Piñeyro”
Cercanías del Parque Las Heras, la fachada de la Secretaría de Educación, una parejita ingresa a cuadro:
“De ahí, al beso de ‘Alias Gardelito’ / (cuando Juncal era cortada / y se podía jugar a la pelota) / De pie, gente: ¡novela de Bernardo Kordon! / … y película de Lautaro Murúa”
Un niño agazapado dispone una jaula para cazar pajaritos:
“Entonces sí, la penitenciaria / la cárcel”
Vuelan las flores azules de los paraísos sobre el césped:
“Por cinco fugados en el libro / y película de Mignogna / cinco mil fueron a parar a Ushuaia”
Un jilguerito insistente trina entre las hojas:
“Dicen que los jueves / a eso de las tres, preso y / proscripto, don Hugo del Carril / ¡productor­directoractorguionistacantante! / juntaba a un nutrido / grupo del otro lado del paredón / a escucharle entonar / su Marcha Peronista”
Y Álter Ego, que continúa en off, varía, actualizando, la letra:
“… las muchachas peronisss…”
Una hormiguita solitaria rodea unos peldaños de madera:
“Ahí, los fusilamientos”
Plano general de una acacia bocha al atardecer, es el hormiguero central, el elegido.

. La captura

Cierra su off diciendo: “… cuando de repente, me aparezco yo… / mezcla de cineasta y mirmecólogo / que son los especialistas en hormigas…”
Y entona: “… ya sé que estoy piantáu, piantáu, piantáu…”
Por un costado de cuadro, lo vemos ingresar gateando. Sigue un caminito de hormigas para dar con el nido. Una vez que lo descubre, se reclina a verlo, acostándose sobre la gramilla del parque. ¿Sos vos la elegida? Y captura una hormiga, pero se la come. No, sos vos, elige otra. Le habla, le explica su experimento apoteósico, su plan de dios con minúscula, nuestra película. Y, al grito de “¡Acción!”, la encierra en una latita y se la lleva consigo.

. El dios del tiempo

Hay otos dioses en este cuento, y un relojero al que concurre Álter Ego, se le antoja así, dios del tiempo. Es que como estoy más flaco, explica al señor Oscar, que está rodeado de distintos artefactos para mensurar el paso de los segundos y las horas en su comercio de una galería en calle Libertad, necesito que me ajuste la malla. Voy a filmar una película, ¡mi ópera prima, nuestra ópera prima!, y si ando con el Seiko flojón, se me engancha en las mariposas del trípode, le rayo todo el cristal en el fragor del rodaje. A este cronógrafo, me lo compré por Yasujirō Ozu, el director de cine japonés, que era muy perfeccionista y medía las duraciones de cada una de sus tomas, amplía el cineasta y mirmecólogo… Cucúes, rueditas de maquinarias, estantes clasificados, una lupa que agranda su visión, pilas de toda índole, rodean al relojero, que aprovecha, abre la tapa del reloj japonés, y limpia el alma del tiempo, mientras el joven le cuenta sus próximos planes…

. Las niñas ancianas   

… claro que hay que planificar cómo llevar la hormiga de viaje: no puede estar encerrada en una lata todo el periplo. Además, hay que determinar qué utilidad persigue cada caparazón, que es como denomina Álter Ego a los diferentes receptáculos cuando explica su idea a Ada B., la dueña del local de antigüedades sobre Laprida, a una cuadra de su departamento, el que vimos al inicio. Porque, además, tienen que ser objetos bellos, por eso pensé en este lugar, continúa. Carmen, la señora socia del comercio, sonríe halagada. Un salero pequeño de vidrio y un tintero de la década del 40 son adquiridos por nuestro protagonistadirectornarrador­performer: casitas transparentes para “su” hormiga, que va a necesitar ver, y, según adelanta, que piensa en hacer bucear. Comienzan entonces las casualidades: ambas ancianas tienen recuerdos de niñez relacionados con hormigas. Ada muestra una muñequita muy antigua de la Hormiguita Viajera y se la dibuja a mano alzada. Carmen evoca los cuentos que su padre les hacía para dormir a ella y a su hermana: las historias de la Fourmi Rouge, la Fourmiguette y la temida negra ¡la Brincadeira!, ¡en portugués…!

. El futuro

Tomando prestado el esoterismo que aplicaba Roberto Arlt a sus escritos, cuando apuntaba el momento exacto en que se le ocurría una idea para luego realizar la carta natal de sus obras, Álter Ego, que tomó nota de aquel 16 de septiembre, viernes, 3 am, momento de la primera escena en que soñó todo lo que ahora lleva adelante, concurre a ver a un tarotista. Pero esto es un documental, de los que está de moda llamar de creación, es decir, donde lo que se documenta son eventos que fueron provocados a tal fin. Entonces también es cine dentro del cine: ambos camarógrafos, Hong y Gorrín, un asistente de dirección también sonidista, Josué, y la productora, Ángeles, se encuentran alrededor de una mesa en la Plaza Julio Cortázar, oyendo cómo Walter, tarotista amigo, vaticina la suerte del rodaje al director. Un director en papel performático, delante y no detrás de cámara, y con una finalidad poética, además de mesiánica. Ergo, los otros dos modos, que, según Nichols, el teórico norteamericano taxonomista del género, definen a esta película: poético y performativo. Un documental de creación de modalidad poética y performativa.

. El pasado

Don Alberto tiene 84 añitos, pero igual le gusta el café del Burger King. Solos, frente a la terraza, temprano por la mañana, dejando ir las miradas hacia la panorámica de Plaza Italia debajo, Álter Ego y él departen sobre la editorial Tor, favorecedora de la cultura popular en los años cuarenta, cosa que explica, humildemente pero con sabiduría enciclopédica, el anciano. Es que “La vida de las hormigas”, la obra de Maeterlinck, autor de una trilogía sobre los insectos sociales (abejas, termitas y hormigas), de 1930, se convirtió en el libro de cabecera de la producción. Don Alberto lo gira entre sus dedos para mostrarle la contratapa: ‘Cada tomo cuesta un peso’, reza ahí. ¿Ves? Y así, nuestro protagonista encuentra contextualizado el libro del belga en su cultura, lo que le permite leer que una hormiga nunca podrá ser tratada como individuo, sino que sólo en la colectividad del hormiguero se encuentra su razón de ser… ¿Y entonces quién decide las cosas en un hormiguero? ¿Es posible que así como la reina vive 12 años, las obreras vivan 4, y los machos sólo semanas…? ¿Puede creerse que en el entramado de células que representa una colonia de hormigas también esté representada la armonía celular humana, así como la armonía planetaria del universo…? ¿Y si las dimensiones de los insectos ponen en otra escala a la dimensión humana y ésta a la del espacio, un hormiguero constata, asegura, es prueba de que no estamos solos en nuestra galaxia….?

. El presente

El presente exige viajar. Mientras oye por televisión el discurso de Cristina Kirchner en la ONU, Álter Ego se da una última ducha previa a su vuelo Buenos Aires~São Paulo. La presidenta no olvida mencionar nada: frente a las cámaras en vivo de todo el mundo habla de la causa femenina, siempre postergada; de la economía del enter, como denomina a los capitales volátiles de las corporaciones absentistas; manifiesta la inclaudicable lucha por recuperar nuestras Islas Malvinas, arrebatadas en 1833, manu militari, por la corona inglesa, y denuncia el constante veto impeditivo del mismo Consejo de Seguridad del estrado desde donde declama; la necesidad de incluir a Palestina entre las naciones reconocidas por ese organismo; el problema del terrorismo, la falta de tolerancia con la diversidad en la familia humana… Explica que, sin ningún espíritu ejemplarizante, Grecia podría echar mano a la “receta argentina” para salir de la crisis suicida de la cultura occidental. Desde el baño, el joven expedicionario la alienta a los gritos.
De todas las múltiples identidades que nos obliga a tener la sociedad, Álter Ego elige las necesarias para viajar, su documento nacional de identidad, las tarjetas de débito bancario. Pasaje aéreo no, porque ya no se usa. A último momento, antes de cerrar el bolso para partir a la boda en el extranjero, justificación ulterior de su experimento mirmecológico (dado que la hormiga también viaja), nuestro performer recuerda que no sólo tiene que contrabandear fauna: además, planea regresar a Brasil con una planta enana que trajo del Memorial da América Latina en su última visita… Pidiéndole perdón, la desarraiga de su maceta, la mete en un Tupperware, la embolsa, apaga la luz y sale de su casa rumbo a lo desconocido, lo digno de documentar…  

. El viaje

Un avión de LAN despega sus ruedas de la pista entre vapores humeantes mientras apunta su nariz al cielo.
Los compañeros de viaje: a su derecha, su mano derecha, el Gordo Gorrín, venezolano, camarógrafo y estudiante de Álter Ego en la universidad. La hormiga experimenta un ascenso aeronáutico, su salero va trabado entre dos asientos. A la izquierda del protagonista, una mujer interesante, con cierto aire filosófico, lo mira hacer. Hasta que, una vez servido el desayuno, Álter decide darle a su criaturita-rehén una sobredosis de azúcar. Derrama, aunque en prolija pirámide, un sobrecito entero de edulcorante sobre la mesa rebatible. Luego, abre el salero y la deja salir a pasear sobre una montaña que él supone de éxtasis. Y, otra vez casualidad, la pasajera a su lado conoce todo acerca del papel de prohombre, de semidiós, de los antecedentes griegos de hacer sucumbir, de esclavizar, estableciendo castas, creando esferas olímpicas, del gesto mesiánico a lo largo de la historia humana. El estudiante de cine y principal colaborador en esta aventura, registra la charla en HD.
Algunas filas delante, la Taylor, que será maquilladora en el proyecto, muy amiga de Ariane, la novia brasilera, observa misteriosa…

. La llegada

En la aduana de pasajeros del aeropuerto internacional de Guarulhos un cartel advierte sobre el tráfico de animales. Es una ilustración de un hombre que, muy orondo, transporta un loro colorido en una jaula. Al modo de las secuencias ‘antes y después’, a continuación, el que va en la jaula es él, llevado por un policía aeroportuario. No obstante, Gorrín, la hormiga y Álter Ego entran al país vecino sin problema alguno.
Hay un pequeño cordón donde fumar, es cerca del estacionamiento, y ahí esperan por la Taylor (seguramente retrasada en el freeshop) y Ramón, el novio, que viene a recogerlos. Ramón llega gritando, saludando en portuñol. Ego y él se abrazan, el Gordo graba el momento como le fue indicado previamente. Al mismo tiempo llega La Taylor, toda algarabía, acompañada por un libanés, romance de avión.
Cruzando el puente que comunica con el estacionamiento, Ramón, el futuro esposo, de origen mexicano, recibe una llamada de su prometida, Ariane. Se van pasando el celular hasta hablar todos. Algunas instrucciones acerca de hacer llegar a La Taylor cuanto antes a Botucatu. Consejos a Ramón de alcanzar a viajar al día siguiente ellos, a tiempo para el almuerzo de las presentaciones. Álter Ego bromea diciéndole que si se despiertan de la despedida de solteros de esta noche, sí, puede que lleguen.
A bordo de una camioneta compacta, yendo a almorzar a un shopping frente a la terminal Barra Funda para que la maquilladora se embarque al interior del estado enseguidita, Ramón cuenta sus últimos años, la experiencia de adaptarse, siendo mexicano, al idioma, la vida de trabajo, las costumbres en Brasil. Algunas dificultades tuvo, desafíos también, pero aunque avanzó mucho, y a cuatro años de vivir junto a Ariane en São Paulo puede decir que ya se adaptó, todavía le queda pendiente poder sustentarse como actor: su experiencia en cine y televisión no sirve de mucho si el acento español se le filtra en su recientemente aprendido portugués. La Taylor también cuenta cosas, se convirtió en jefa de la productora donde todos se conocieron, incluidos Álter Ego y los que ahora se casan. Nuestro protagonista mecha sus comentarios, alienta a la conversación… ¡para que Gorrín lo grabe todo!

. El regalo de bodas

Además de su bolso personal, el estuche con el trípode, las dos cámaras, la valijita de sonido, la hormiga y la plantita desarraigada, Álter Ego llevó consigo un cuadro dentro de un sobre de nylon. Es una foto que amplió e hizo enmarcar, donde se ve a la pareja de la brasilera y el mexicano cuatro años antes, cuando recién pasaban su primer verano como novios en São Paulo. Aparecen sonrientes, apoyados sobre la barandilla de un puente que conecta dos secciones de parque muy frondosas. Detrás de ella y de él, una perspectiva rutera se pierde en el infinito, como augurando un destino promisorio, un camino al que recorrer de a dos.
En el impersonal ámbito de un patio de comidas de un shopping, tomando las primeras dos cervezas de su mini-vacación, nuestro protagonista obsequia el cuadro al futuro esposo. Ramón se reconoce agradecido de aquel joven que fue, el que tomó la decisión de amar. La Taylor lo festeja, aprueba el regalo (aunque se excusa por no haber traído uno con ella). El Gordo Gorrín lo filma todo y se dispone a comer una abundante ensalada paulistana.

. Re-arraigando la planta enana

La Taylor partió rumbo al interior del estado, a la localidad adonde va a llevarse a cabo la boda, Botucatu.
En la ciudad de São Paulo hace un calor tremendo. Los helicópteros surcan el cielo, dando una persistente sensación de que algo especial está sucediendo todo el tiempo. Bajo el rayo de luz de las tres de la tarde, Álter y Ramón cruzan el puente de Niemeyer, el arquitectazo nacional  por antonomasia, también conocido como “el que se alimenta de sol”, que, sobre la avenida de Moura Andrade desciende hacia la mano sangrante, la escultura hecha por el mismo Oscar, expresando la brutal colonización de nuestro continente (¿dejará de llamarse América, algún día…?) y su constante lucha por la identidad, la autonomía cultural, política y socio-económica. Frente a ella, Ramón y Ego hacen silencio. El cineasta-performer recuerda entonces a su amigo la ocasión en que se llevó una plantita de ahí, en su visita anterior, cuando el ahora futuro matrimonio recién florecía. Y le dice: la traje conmigo para devolverla acá, al Memorial. Juntos buscan el mismo cantero de donde la llevó, bajando los peldaños con los nombres de las tribus amazónicas exterminadas, y, cuando dan con él, llevan a cabo la pequeña ceremonia. Le cuenta que, como la transportó en un Tupperware también en aquella ocasión, y aunque vivió y creció y echó hojitas en Buenos Aires, nunca pudo crecer del todo, quedó bonsái, enanita.

. La participación

Álter Ego nunca abrió la invitación al casamiento, pero sí la llevó consigo. Es que busca hacerlo en cámara, para que quede registro del momento. Ahora son varios en el departamento de Vila Madalena, el barrio chic de la ciudad: los dos padrinos, Arturo y Arturo, los han estado esperando a su regreso del Memorial. Como también son mexicanos, corre el tequila, se propician ritos de prosperidad, brindis extraños, cancioncitas de  acompañamiento. Luego, los cinco varones se cambian para salir de juerga.
Y en la calle, obra de los muchos artistas callejeros paulistanos, se encuentran con otra casualidad: un mural de una pareja de novios, ella de blanco, él de jaquet, que están siendo retratados por ¡un cineasta de época…! 

. São Paulo~Botucatu

La hormiga fue bautizada Amiga. Viaja en su salero, mirándolo todo en panorámica mediante su visión ultravioleta. Es una ruta hermosa, a sus lados se establece el pujante cinturón industrial del Estado de São Paulo, reformulado sobre la antigua ruta cafetera portuguesa. Sus ondulaciones deslizan el movimiento de la camioneta al ritmo de la música que escuchan los muchachos. Es una autopista de doble carril, separada por un boulevard verde, con lomadas de tierra roja albergando primero los barrios cerrados de las afueras de la ciudad, luego sus casas de fin de semana, alternando bosques de obsesivo paisajismo con enmarañados montes subtropicales. A bordo todo es diversión y expectativa: tres horas los separan del destino final, y se acercan días importantes para los seis: Álter, el Gordo, Arturo y Arturo, Ramón (que pareciera reflexionar sobre su camino personal mientras conduce) y… sí, Amiga, ¡la hormiga!
La Cuesta de Botucatu se aparece a la izquierda. Es una sierra jurásica, de cumbres bajas muy retorcidas o inesperadamente puntiagudas. Coronándola, la sinuosa Botucatu.

. Las presentaciones

Botucatu probablemente sea considerada ciudad, pero más bien parece un pueblo grande. Conserva todas las capas de cultura que la han atravesado: el gótico del catolicismo colonizador se impone, pero la negritud presente en las pieles de sus habitantes habla de africanidad. La prosperidad que trajo la manufactura industrial de la actualidad y que tradicionalmente acompañó a la localidad desde sus inicios agropecuarios, se evidencia en una city financiera moderna de pocos edificios más altos.
En Vila dos Labradores, el viaje llega a su fin. Es un barrio residencial, mechado con algunos comercios entre los que se encuentra la óptica Ferrari, negocio de la mamá de la novia y próxima suegra de Ramón. Allí son todos recibidos. Hace cuatro años que Álter Ego y Ariane no se ven, aunque han intercambiado correspondencia, y el director-mirmecólogo los fue llevando al corriente de la idea de registrar su viaje en forma de película. El abrazo que se dan, y la voz de la actriz brasilera gritando su nombre quedan registrados por Gorrín.
Acceden al domicilio por el interior del comercio. Es una casa recientemente refaccionada, muy bien arreglada y amplia, llena de vericuetos. Desde los fondos del comercio, abundante en instrumental y dependientes de la óptica, se sube por la escalera principal de la casa de dos pisos, para dar en el comedor que conecta con la cocina. Huele a feijoada, el plato típico nacional.
Luego de pasar un pancito por la salsa y saludar a las dos cocineras, Álter Ego, los padrinos y la parejita (que ya intercambia información perentoria), bajan por la escalera trasera de la casa, hasta un patio donde han armado una mesa larga para almorzar todos. Ahí se suceden las presentaciones. Con protocolo clásico, Vanderly, la madre de Ariane, anfitriona y dueña de la óptica a la entrada, introduce a su propia madre, a la madre de Ramón y sus parientes, que han llegado desde México recientemente, y a otros invitados a la boda que también van a hospedarse en la casa. Álter Ego repara en que tanto Ariane como Ramón tienen abuelas y nota que, a su vez, los padres de ambos están ausentes. Saluda a todo el mundo, presentando al camarógrafo que lo acompaña. Casi todos saben que se lleva adelante una película, y algunas bromas hacen. Cuando Álter Ego termina de rodear la mesa y sale a echar un vistazo a la pileta, el futuro novio aprovecha y lo empuja al agua…

. El dios de la flora

Otros pseudo-dioses ennoblecen este relato: es el caso de Daniel, coleccionista de orquídeas y dios de la flora.
Ángeles, Josué, Hong y Álter Ego lo visitan en su encantador departamento, un planta baja con un fondo generoso colmado de exuberantes canteros y macetas suspendidas, con caminitos de piedra y una mesa de jardín muy amplia, rodeada por las hojas serradas de las orquídeas~cactus, la pasión del coleccionista. A lo largo de toda una vida, Daniel trajo, importó, contrabandeó, compró, vendió y regaló distintas subespecies de esta planta hermosísima. En un testimonio atemporal, no cronológico: lo escuchamos hablar, erudito, acerca de su afición, de cómo fue picado por hormigas en Irán, de los peligros de la ingesta de floripondio (orquídea al fin) y de su debilidad por los objetos de la revolución rusa.

. Simbad, o marujo

En esa misma pileta, pero un rato después, a la hora de la siesta (todo el mundo duerme mucho cargando energías para la boda del día siguiente), Álter Ego, (que casi nunca duerme en estos días), se diría incluso ya bronceado, prueba sumergir a Amiga en la piscina. Es que es algo que una hormiga nunca hace, ¡bucear!, intenta convencer a los pocos y somnolientos espectadores en la bochornosa tarde botucatense. Gorrín enciende la cámara con pereza, el boom del mic casi se le va al agua. La Taylor junto a dos rubias que han viajado desde Alemania para la boda, observan entre entretenidas, escandalizadas y miedosas. Amiga es introducida por Álter en el tintero de colegio que le vendieran Ada B. y Carmen, las niñas ancianas anticuarias. Canta “¡acción!” para, a la pasada, llevar a cabo un pequeño rito funerario: el cadáver de una hormiga tigre que encontró en el patio de la casa es embarcado sobre un papel glasé. Pide a la Taylor que encienda una pira funeraria en un farol de jardín y se introduce con el agua a la cintura. El Gordo pica la cámara. Nuestro director-performer hermetiza el frasquito con un tapón de corcho que talló una de las cocineras: ahora Amiga está en un mundo vidriado, de oxígeno limitado, viendo como, por vez primera en su memoria hormiga, el planeta que desciende a sus costados es de agua, de agua límpida y transparente por completo. Claro que este documental incluye la subjetiva de su mirada ¿no es eso documentar, madres y padres del género…? Mientras tanto. en la superficie, revoleando la correa que lleva a su hormiga de paseo, el dios de pacotilla, el falso prohombre, le lee ‘Simbad, el marino’, la fábula de ‘Las 1001 noches, creadas para sobrevivir, sin importar la cantidad de público, por seguir respirando…

. La noche de la antevíspera

Ariane y Ramón lograron quedarse a solas en una casa llena de gente. En la mesa del almuerzo de las presentaciones han descorrido una cintas doradas. Es para hacer guirnaldas con fotos pegadas para colgar de los árboles del jardín en su fiesta. ¡Y son fotos sepia, donde ya aparecen casados! Es muy extraño... y sin embargo, lo explica todo: siendo nacidos en distintos países, al aunar sus vidas se han visto en el compromiso de casarse dos veces: una, un año antes, en iguales días de noviembre pero del 2010, aconteció la boda chilanga, en el “defectuoso”, como llaman al distrito federal mexicano. La otra, la que transcurre en esta película, es la boda paulista próxima  consumarse en Botucatu.
La noche estrellada abriga a la pareja, que, como sucede desde siempre, mirando su propio pasado dan sus espaldas al futuro, para poder inventarlo. Así lo pensaron los quechuas y los griegos. Así se los transmite Álter Ego, que bajo el ojo avizor de la cámara de Gorrín, ayuda en la confección mientras conversa. Luego sale a bailar. Él no duerme ahora.

. Pelos y barbas

Italinho, un moreno viejo muy sonriente, de ojos celestes como los de Chico Buarque y pelo canoso, tiene una peluquería a media cuadra de la casa anfitriona. Es que la Taylor no cumplió en cortarle el pelo, afeitarlo un poco, como hacía cuando Álter Ego trabajaba con ella, Ariane y Ramón, en la televisión en Buenos Aires. Las cosas cambian, pero está en todo su derecho a oficiar sólo de invitada, a no trabajar cuando se encuentra de paseo, piensa Álter. Pero Italinho, además de peluquero es artista. A medio cortarse el pelo, pensando en verse bien con el traje que le va a prestar el futuro esposo, nuestro performer comienza a ver que son demasiadas las bellezas para filmar en ese local: pajaritos de madera, pequeños micros llenos de gaúchos, florcitas pintadas con colores de la buena tierra... La hormiga Amiga pasea por sobre todas esas artesanías. En la televisión pasan el mexicanísimo ‘Chavo del 8’, ¿doblado al brasileño…? ¡es demasiado! ¿Los Dioses favorecen acaso las casualidades? (se pregunta la familia humana desde la noche de los tiempos). El louco del barrio de Los Lavradores entra al sitio, e, inopinadamente, se pone a vociferar. El buen Italinho lo calma patrernal. Y Álter Ego sale a buscar al Gordo Gorrín y su Canon 60-D.

. Botucatu, ciudad soñada para el ciclismo

En el extranjero hay que cambiar dinero. Pero, al igual que Argentina, Brasil está dispuesta a oponer resistencia para defender su moneda y así quitarse el largo yugo financiero mundial impuesto vía el acuerdo de Breton Woods en 1945 por los países centrales. Entonces, monta el salero en la bicicleta y sale a pedalear por la city cambiaria el sábado a la mañana, antes de que las casas de permuta de divisas cierren. Botucatu es la ciudad soñada para el ciclismo: sus sinuosas subidas, causadas por la cuesta jurásica donde se encuentra emplazada la localidad, desafían las 19 velocidades de la Caloi de Vanderly (¡que no sabe que él se la usa!). A continuación, vertiginosas bajadas lo llevan pista abajo, por entre caserones de madera, terrenos baldíos o cualquiera de los tres brazos de agua que cruzan esta ciudad-pueblo, hasta dar con el microcentro. Pero, o ya cerraron o le solicitan estar encatastrado, como sucede en nuestro país.   

. El planeta de las hormigas

Frustrado, mientras pedalea de regreso a la casa con su acompañante Amiga, lo ven: el planeta de las hormigas. Álter Ego, actuando “psico-mágico”, ni se apea ni se detiene. Vuelve rápido a buscar a su camarógrafo.

. Buena señal

Dicen los ingleses que los casamientos duraderos suceden con lluvia. Y lloviendo, unas horas antes de la boda, Álter, la hormiga y el Gordo Gorrín, emprenden la caminata hasta la gran esquina al borde del arroyo con el planeta de las hormigas: gigantescos nidos confederados de la depredadora local, la cupí. Se ve que Dios los acompaña, porque al llegar, un coro gospel proveniente de una iglesia cercana, pareciera bajar desde el cielo de la negritud, descendiendo sobre los aventureros como una bendición. Que a Álter Ego lo hace entrar en trance, ni más ni menos.

. Yendo al casamiento

Vandersi, la hermana de Vanderly, o sea, tía de Ariane, y Roberto Carlos, su marido, los han pasado a buscar por la casa para llevarlos hasta el country donde se desarrollará la ceremonia y la fiesta. Los dos cineastas y su hormiga, hasta hace muy poco corriendo entre los nidos cupí, todos embarrados, bajo el chaparrón, ahora se encuentran muy de etiqueta arrellanados en el asiento trasero. Y el nombre del tío de la novia, invita: ¡a cantar ‘Yo quiero tener un millón de amigos’, del gran cantante brasilero Roberto Carlos. Afuera todavía clarea, la lluvia pasó como en los trópicos y la noche va a estar fresca.

. La boda

Es la más hermosa a la que concurrí en mi vida, comenta Álter a Gorrín. Un gran parque alberga una capilla de piedra y un salón de fiestas circular. Rodean las sobrias construcciones unos cauces de agua, atravesados por puentes y pasarelas de madera que conectan inesperadamente los recorridos. Luces verdes, amarillas, turquesas, iluminan supinas. Colgadas de los frondosos árboles de la parquización, las guirnaldas con fotos que Ariane y Ramón confeccionaron anoche, ondulan con el viento.
Entonces, después de cuatro años sin verse, aparece Danilo, el otro actor, carioca, amigo desde la ocasión en que todos se conocieron. También está Fernanda, su novia, y Álter no puede evitar enamorarse, como le sucede a diario.

. El rito

El rito está siendo grabado por la mejor unidad de filmación del estado de São Paulo. Por lo tanto, Álter Ego no lo registra, en todo caso pedirá material. No quiere entrometerse, y además, no soporta las iglesias.

. El pitching

No soporta las iglesias y está muerto de hambre. No comen nada, ni él, ni Gorrín, ni la hormiga, desde el desayuno. Entrando al salón circular, sale a recibirlos Luiz, el wedding planner. Álter Ego se presenta y explica su particular condición de invitados con trabajo por hacer. Luiz comprende perfectamente, sirve dos abundantes platos de entre los cuantiosos manjares que allí disponen y pide le cuente un poco más, que le muestre la hormiga Amiga. Entonces sucede lo mismo que viene ocurriendo desde la noche de los tiempos: unas personas comen, otras miran comer; uno habla, el resto espectan. Nuestro cineasta-performer cuenta toda la película frente a un improvisado auditorio compuesto por el servicio de catering del casamiento. Y se lleva un aplauso. Un merecido aplauso.

. La diosa de la fauna

Beatriz es mirmecóloga en serio. En Ciudad Universitaria, el hormiguero posmoderno de la arquitectura porteña, Álter se desasna sobre hormigas. Pregunta todo acerca de ellas y la mirmecóloga contesta más aun. Ese mundo es mágico.

. ¿La excusa un fiasco?

Ir a la boda fue siempre la justificación de hacer esta película. Pero la situación “no rinde”, los novios están muy nerviosos y llenos de obligaciones formales, se ritualiza cada instancia, están en otra… De la familia, mejor ni hablar. Tanta es la rigidez, tanto el hiper-planeamiento, que todas las mujeres parientes, por el lado de Ariane como por el de Ramón, ¡están vestidas con la misma tafeta verde esmeralda! Álter Ego va a dar por terminado su trabajo allí. Discuten con Danilo en la cocina fragorosa. El director quiere irse. ¡Pero si recién empieza!, retruca el actor brasilero. Recién empieza pero para mí ya terminó, contesta Álter, y lo busca a Gorrín y se van. De regreso a São Paulo.

. Secuencia de montaje

São Paulo, infinita. São Paulo, calle y africanidad. São Paulo, conferencias eruditas, Memorial. Las calles, los subtes, el hormiguero central de la estación terminal de Barra Funda. São Paulo y sus artistas, su locura.
Y el techo de la ciudad. Como si fuese vista por un Dios de los creados por la cultura humana, São Paulo emerge pinchuda, arremolinada, increíblemente luminosa. Y por las cornisas, Álter Ego intenta que no se le pierda Amiga.

. El dios del espacio

Un ferro-modelista es un dios del espacio. ¿Por qué…? Porque diseña y construye un paisaje diminuto para tener a sus pies. Lo sobrevuela con su mirada, juega con él. Juan se dedicó a este hobby desde niño, y lo abandonó cuando comenzaron a gustarle las chicas. Una vez casado ya, durante una mudanza, volvió a encontrar todo: los trenes, las montañas para armar, los detalles, las grúas… Y nos lo cuenta todo, a nosotros, a Álter, a la hormiga…

. “A mí una hormiga me salvó la vida…”

El hostel está plagado de hormigas: las hay de chapa, de hierro, de cuero, dibujadas, por todo el lobby, por las galerías… En cada habitación un cuadro alegórico: la evolución de la pupa, un diseño de “Prohibido Hormigas”, ¡hormigas con alas! Veneno para hormigas en las estanterías. ¿A qué tanta hormiga?, casi se diría que increpa Álter Ego al dueño… Es que a mí una hormiga me salvó la vida, responde Tomás, que así se llama. No quiero que me cuentes nada más, ¿sí? Estoy haciendo una película con una hormiga, y mañana venimos a grabarte.

. La devolución

Todo el equipo vuelve al hormiguero central. Es el gran día, hay que devolver a Amiga. Álter Ego dice unas palabras en el mismo sitio donde se erigió dios. Pero es humano, y al devolverla, luego de cantarle una canción de despedida, llora. Cuando se repone se va, dejando a la que fue “su” hormiga sobre el suelo, en la boca de la casa natal. Pero es verano y llovió en Buenos Aires, y claro, Amiga en época de vuelo nupcial, hecha alas.
Alas que le sirven para volar, volar tras Álter Ego, caerle en la mejilla y picarlo. Nuestro director-performer se ve en la obligación de auto-abofetearse la mejilla para llegar tarde a espantarla, pero, sana y salva Amiga asciende, sobrevuela la plaza y la calesita, puede ver, ultravioletas, todos los puntos de contacto entre cine y literatura, entre nuestros creadores y nuestra política, así, ascendiendo a los cielos de la ciudad…


F I N