miércoles, 30 de septiembre de 2009

“Congo”

En el año 1965, Ernesto Che Guevara abandona su vida como funcionario de la revolución, renuncia a la nacionalidad cubana y deja atrás a su familia, para llevar la lucha armada al corazón de África. Así, dará el primer paso del internacionalismo, y, aunque morirá sin verlo, será lo que lleve a la independencia definitiva a cuatro países de ese continente y el principio del fin para el apartheid.
“Congo” narra sus siete meses allí.





DAR ES SALAAM|3 Abre de negro. El rápido desplazarse de la superficie del agua.

(suena “Abertura metropolitana” de Alexandre Travassos)

Títulos iniciales

Sobre el palafito se levanta desvencijada una estación de servicios náuticos. Al frente, debajo del cartel de Mobil corroído, un negro baja una lancha del colgador al río. De pie dentro de la pequeña embarcación, da indicaciones con una mano a alguien que no se ve. Finalmente la quilla llega al agua, dibujando una pesada onda. El moreno amarra a una de las columnas, fija un pie sobre la escalera, y con su otra pierna atrae la lancha hacia el muelle. Luego baja.
A través de las lupas de un binocular lo espían subir por la rampa al puente de la gasolinera. Va riendo y reclamando algo a quien lo ayudó en la operación, que sigue oculto.

DAR ES SALAAM|4 Papito se presenta en el lugar, el moreno gesticula esperar. Aquí reina una atmósfera oscura, sólo surcada por moscas. El hombre regresa y le indica seguirlo. Tamayo baja la cabeza con cortesía y camina detrás, una mano en el bolsillo del saco, la otra sosteniendo unos binoculares. El moreno no le presenta a nadie y vuelve a sentarse a la mesa donde juegan naipes. Una ventana con vista al deck deja entrar sol y fresco, pero a diferencia de la habitación anterior, proveeduría de aceites y piezas mecánicas, esto es parte de la vivienda de quien administra el sitio. Hay otros tres tipos sentados, también negros. Uno de ellos aprovecha la entrada para hacer una evidente fullería, mirando cómplice al recién llegado. El único blanco, entonces, distrae comenzando a hablar.

PAPITO
[Inglés]
Soy amigo del embajador de España y busco
un bote para ir de pesca a Zanzíbar.

Guardando la carta en su juego, el tramposo, ya tranquilo, hace que presta atención.

ADMINISTRADOR
[Inglés]
¿Cuántos días?

PAPITO
[Inglés]
No para alquilar. Para comprar.

ADMINISTRADOR
[Inglés]
¿¡Quiere comprar un bote!?

PAPITO
[Inglés]
Uno grande.

El dueño de casa tira las cartas sobre la mesa, dando por terminada la partida. Se lo reclaman, sobre todo el fullero. Él los manda a callar, toma a Papito del brazo y diligentemente lo lleva hacia afuera. Antes de salir, llama al moreno. También le indica retirar su dinero.
Rivalta está afuera, encontró un banco donde sentarse. Se quitó el saco y se abanica con el sombrero de guano. Salvo por este detalle, él y Papito van vestidos como ricos. Al verles salir, se pone de pie y extiende la mano al administrador.

EL CAMPAMENTO|1 La luna se asoma inmensa detrás del monte. Camina agitado por entre la maleza húmeda, mirando arriba, a los árboles. Adelante, una fila de siluetas también busca algo. Su rostro blanco es el único que refleja luz entre el ramaje. Moja hace un gesto con la mano, sin volverse, de silencio. Señala con entusiasmo una sola vez hacia un árbol treinta metros a la derecha. Tatu avanza sigiloso por entre el resto de las siluetas detenidas y baja la cara hasta casi apoyarla sobre su hombro, escrutando hacia donde indicó. Sonríe con todos los dientes y descuelga el rifle. Apunta mordiéndose la lengua y efectúa un disparo.

(la selva estalla)

Ernesto panea el cañón hacia la izquierda y vuelve a tirar. Luego mira a Moja y sale corriendo, Víctor reacciona y corre tras él. Los demás comienzan a hablar despreocupados. La linterna ilumina un mono mediano caído, en el momento en que seis manos lo levantan.

EL CAMPAMENTO|2 Las siluetas se aproximan a las largas sombras que proyectan las fogatas sobre el pasto kunai. Llegan con el mono muerto atado a un palo. Ernesto se separa de la formación avisándole a Víctor. Trotando despacio, se acerca hasta Freddy, bajo el toldo de la carpa grande. Tiene la radio-mochila apoyada sobre el piso.

TATU
[Francés]
¿Dijo algo, Freddy?

El moreno, cabeza rapada, lentes de concha y barba mota, baja la mirada hacia el transmisor y pita su cigarrillo.

FREDDY
[Swahili]
No dijo nada.

TATU
[Swahili]
...nada.

Ernesto gira sobre sus talones y se queda de espaldas al joven. Mira hacia la fogata, donde las risas de sus compañeros anuncian un asado de mono.

Título principal

CONGO

EL CAMPAMENTO|3 Durante la noche sin dormir se detiene en el ruido de avioneta que hay de madrugada.

TATU
(murmurando para sí)
Debe ser el transporte de periódicos...

Despierta a Papito. Ante la primera pregunta del adormilado lo manda a callar, apoyando un dedo sobre los labios y señalando hacia arriba.

TATU
Esas naves surcan el cielo, legítimamente,
con grillas horarias históricas,
rutas predeterminadas...
Un periodiquero de los cielos...

EL CAMPAMENTO|4 Ernesto pregunta por el ruido a la mañana siguiente.

FREDDY
(en dificultoso castellano)
Periódicos para Dar es Salaam.

TATU
Los periódicos, eh, le journal.

FREDDY
Oui.

Ernesto ingresa a la carpa grande, Freddy sale tras él. En el interior oscuro duermen varios hombres. Mitudidi se incorpora en su camastro, bosteza con fuerza y sonríe.

MITUDIDI
[Francés]
¿Tan temprano, muganda?

TATU
(a Freddy como una orden)
¿Oyeron la avioneta, de madrugada?

El joven traduce para su jefe.

FREDDY
[Swahili]
El avión de los periódicos para Dar es Salaam.

TATU
¿La podemos hacer bajar?

Mitudidi despeja su cama y desnudo como duerme, se pone de pie frente al guerrillero.

MITUDIDI
[Francés]
¿Secuestrar?

TATU
[Francés]
Para ver.

Y señala sus propios ojos y gesticula al piso, para distintos lados.

LAGO TANGANICA|1 El Periodiquero de los Cielos no lo puede creer, está llevando a sobrevolar el lago a cuatro de ellos. Mitudidi le apunta a la cara con un revólver.

(ruido fuerte de motor)

MITUDIDI
[Inglés]
Es un lago lleno de espíritus, muganda.
Aquella es la península de Lubomo.
Muzimu, Kalole...
[Francés]
(gritando al Periodiquero de los Cielos)
¿No va a Albertville? ¿O a Kilima, o a Kunanwa?

PERIODIQUERO DE LOS CIELOS
[Swahili]
¡No! ¡Ni Albertville, ni Kilima, ni Kunanwa!
¡Ni Muzimu, ni Lubomo!
[Francés]
¡Dar es Salaam directo, diecinueve horas!

Ernesto niega, gesticula volver. El Periodiquero de los Cielos, inquieto, mira sus controles.

MITUDIDI
[Francés]
¡Retornemos ahora! ¡No nos sirve!

PERIODIQUERO DE LOS CIELOS
[Francés]
¡¿Retornar?! ¿De vuelta a Kabimba?
¿No vienen a Dar es Salaam?

Mitudidi hace que no con el cañón del arma. El Periodiquero de los Cielos resopla mientras vira. Abajo las aguas se agitan, una manada de hipopótamos corre espantada.

MITUDIDI
[Inglés]
El hipopótamo es el animal que más hombres
mata, ¿sabía? Nos ayudó a contener
al hombre blanco.

TATU
[Francés]
Mitudidi, ¿por qué no hablamos en
francés? ¡Odio el inglés!

Mitudidi estalla en una carcajada y aplaude. Luego abraza a Ernesto.

MITUDIDI
(sonriente)
D’accord, muganda, d’accord!

LA BASE|3 Tatu camina los metros que separan la cabaña de la playa por las tablitas de madera. Se pasa la mano insistentemente por el cabello, olvidó su boina. Sortea la valla caída y cruza un juego de niños. Atrapa la pelota en el aire con ambas manos y la arroja lejos, hacia las plantas. Los chicos, sorprendidos, salen a buscarla, pero uno gira y se queja, gritándole cosas en swahili. Los otros, respetuosos del uniforme, le indican callar; uno le hace una llave al cuello y lo interna en la selva. Pero el pequeño sigue gritando con rabia, señalando hacia donde se perdió el balón.

TATU
(para sí)
Lejos de aquí, tienen que jugar lejos
de aquí, perdonen.

Inspecciona la puerta con las dos manos, está cerrada. Rodea la cabaña por una galería larga sobre palafito. Llega hasta una ventana junto a la puerta de servicio. De un golpe, rompe el mosquitero e introduce la mano. El interior es un almacén. Con la punta de los dedos alcanza la tranca que cierra la puerta. Su rostro transpirado se apoya contra la pared, evita un clavo. La barra cae, Ernesto retira el brazo.
Encuentra una llave rota en el piso arenoso y la levanta. Allí todo convive en fraternal desorden: las cajas de medicamentos y las gasas junto a la grasa de los cañones, un tanque de Texaco lleno de municiones mezcladas. Tatu recorre el depósito haciendo una trompita indignada con la boca. Levanta un nylon que rebalsa agua, debajo hay un carter de cañón 75 milímetros sin neumáticos. Abre una caja con inscripciones chinas, toma un medicamento, lo lleva hasta la luz de una rendija, es un antibiótico. Abre una segunda caja de madera y manijas de soga. El lateral dice Stanleyville-Régiment d’Infanterie 789. En su interior encuentra calaveras humanas, fémures y caderas. Levanta un cráneo y lo gira frente a sí.

LA BASE|4 Tatu les señala el carter de cañón sobre el piso de la galería. Amable, hace gestos de levantarlo.

SOLDADO 1
(quejoso)
Mimi hapana motocari.

SOLDADO 2
(riéndose)
¡Mimi hapana cuban!

TATU
[Francés]
¡Arriba, al campamento!
Primero ustedes, después yo...

Entre remilgos levantan de cada extremo, uno mientras fuma. Tatu cierra la puerta con la llave rota y sale tras ellos. Los dos bajan la escalera del palafito sin coordinación, y cuando finalmente llegan a la senda de tablitas, el niño gritón de la tarde anterior se acerca con un cigarrillo y pide fuego al que carga detrás. Los soldados bajan el carter para que se le convide. Ernesto cierra los ojos. Pero el niño lo mira con desidia mientras da una calada abundante. Provocador, comienza a correr hacia atrás, burlándose de los soldados que ya se reclinan a levantar el bulto.

NIÑO
(a carcajada tendida)
Free-fighter, ¡motocari!
¡Motocari!

Insólito y violento, el que le convidó fuego toma un cascote del piso y se lo arroja con fuerza. El niño, intentando protegerse, tropieza; la pedrada lo alcanza en la oreja y lo deja tirado. No llora.

TATU
¡Eh, eh!
[Francés]
¡Salí! ¡No hagas nada!

Ernesto corre apartando al soldado. Se arrodilla junto al morenito, que gime tocándose el oído. Le toma la mano y la quita con cuidado para ver. Sangra por el pabellón.

TATU
[Francés]
(a los soldados)
¡Vamos, al campamento!

Gesticulando, los echa. Ambos morenos toman el carter de cañón. El golpeador pasa a un lado injuriando, su compañero se ríe. Ernesto vuelve al herido, le habla en voz baja, tranquilizándolo. Luego lo alza y se lo lleva, detrás de la soldadera.

EL CAMPAMENTO|5 Las risas fuertes lo molestan. Leyendo Martí, eleva los ojos lentamente. Los pocos movimientos que hacen los soldados son de un ruido innecesario. Algunos toman alcohol. Trata de contar moscas para distraerse. Primero cree que son seis, pero no, son ocho que zumban siguiendo la pulsión misteriosa con que se entrecruzan.

TATU
(mascullando)
...moscardones.

Se incorpora de la hamaca natural provista por el arbusto gigante.

TATU
Difícil contar moscas...

Mira su reloj. Lo lleva puesto con el cristal hacia adentro para protegerlo. Se acerca al grupo de soldados, hay vidrios desperdigados de una rotura anterior. Uno de ellos les camina por encima triturándolos en pedazos más pequeños. Otros tres están acostados sobre un colchón sin funda. Bajan la voz.

TATU
[Francés]
¡Buen día, compañeros!
¿Van a buscar a los exploradores?
[Swahili]
¿Van a buscarlos?

SOLDADO
No, karinta.

Ernesto le guiña un ojo, insiste.

TATU
[Francés]
Para la bienvenida, a los exploradores...

No pierde la simpatía pero busca ayuda. Lejos, desde el rancho, Moja mira hacia acá. Le señala un círculo que abarca al grupo. Los muchachos se giran a ver. Víctor hace gestos de que vayan nomás.

TATU
[Francés]
¡A buscar a los exploradores!
¡Vayan saliendo, vayan saliendo!
[Swahili]
¡A buscarlos, compagnons!

Y toma la hebilla de una mochila que cuelga de una rama y la hace deslizar, tirándola al piso. Los muchachos se miran y sonríen. Uno se incorpora del colchón y tiende la mano para ayudar a otro. El que hablaba sujeta la cantimplora a su cinto, todos se burlan por los calzones que lleva, con los colores del Ejército de Liberación congolés. Ernesto ríe con ellos. El burlado arranca a caminar.

TATU
[Francés]
El FAL, el FAL...

Le indica llevarse el arma con una sonrisa.

EL CAMPAMENTO|6 Comen puré de yuca y hojas, sentados en el interior de la cabaña. Kumi entra con unos platos y vuelve a salir. Ernesto mastica perfectamente, muchas veces, mientras escucha atento a Aly, que cuenta lo que vieron.

ALY
(siempre apurado con la boca llena)
Primero el viaje larguísimo en piragua,
que casi se va al carajo todo el tiempo.
Los tipos insistían en remar
pegados a la costa, los remos enredados
en los juncos, tardamos como cojones.
Remamos nosotros más que ellos.

Es noche de luna en la costa del lago Tanganica. Remando de pie va un moreno, el resto de la tripulación duerme. Han disimulado la piragua tapándola con una tela negra. Por un movimiento abrupto en el cambio de remeros, un FAL cae al agua. El remero relevado, un congolés, temiendo que se vaya a disparar, se cubre con las manos. Aly, su relevo, toma el fusil por la ventilación y lo sube a bordo, echándole una mirada severa.

(en off)
Después llegamos a Baraka, me lo imaginaba
más grande. Es apenas un caserío,
aunque la única casa propiamente dicha
es la del jefe de la comunidad.
Nos recibieron demasiado bien,
como héroes. Se preparó una bienvenida.

El grupo de cubanos espera la traducción infructuosa de un congolés. Intentan entenderse con el principal de la tribu, un negro retacón al que le sostienen un paraguas. Desestima las preguntas. Hay mucha gente reunida a ver.

(en off)
Nosotros preguntábamos por la escuela.
No entendimos nada de nada, como una hora
estuvimos con la dichosa escuela. Sonreían,
nos decían que sí con la cabeza, pero nada.
Nos tomaban de los brazos y nos invitaban
a celebrar. Y había un castigado en la
plaza central, imagínate
un patio de la aldea, más bien.

Formados en media luna, un corro de músicos toca los birimbaos y las calimbas mientras entona un cántico guerrero. Hay también quienes bailan lentamente.

VOCES
¡Embo!
Kabila, Kabila, oiá Kabila,
oiá Kabila, muchicongo,
oiá Kabila.

(en off)
N’ne contó ochenta habitantes, menos
hombres que mujeres y niños. Nadie armado,
sólo algunos con machetes.
Y el castigado estaba enterrado de la
cintura para abajo, completamente golpeado
en el torso y la cara. Parecía que le habían
pegado con una bolsa de arena
o algo redondo, no latigazos.
Al castigo no lo vimos.

N’ne, alerta, se ocupa de contar gente. Aly no puede quitar los ojos del hombre caído en el centro de la plaza. A una orden ambigua del jefe Lo desentierran entre varios. Sólo cuando el castigado puede valerse por sí mismo, saliendo del pozo, y se pone a festejar, comprenden que el suplicio público ha terminado.

(en off)
Cuando llegamos, soltaron al hombre,
querían tener la fiesta en paz.
El pobre diablo no era más que un ladrón,
nos pareció entender.

Un grupo de cuatro cazadores pigmeos llega al poblado. Caminan en fila estableciendo una trayectoria en zigzag para arribar al jefe. Llevan a una presa tomada por las piernas. Se palmean los hombros y los pechos.

(en off)
También vimos pigmeos, Tatu, llegaron
para cambiar provisiones y se quedaron
a la celebración. No nos miraron nunca a
los ojos. Traían un antílope o
una gacela, sangrante todavía.

El bicho cae al piso ofrecido, con las pupilas vidriosas.
Aly lleva la cuchara llena a su boca.

ALY
La comimos después, eso fue lo mejor.
¡Ah! Y cuando entraron al patio grande,
ese central, ¿sabes que hacían?
Se palmeaban ellos mismos, a sí mismos,
¿comprendes?

Y se pone de pie, dejando el plato de latón sobre el camastro. Dando saltitos imita el gesto, palmeando sus propios hombros y su pecho alternativamente, como quien se felicita calurosamente a sí. Suspende repentino la representación, amargado toma su plato y se vuelve a sentar negando con la cabeza.

ALY
Se daban con hierbas, estuvieron
tomando todo el tiempo.

TATU
Los veo muy mal barajados.

Aly vuelve a comer. Ernesto continúa mirándolo a los ojos, masticando muy despacio.

EL CAMPAMENTO|7 Descansa con los ojos abiertos. Traga saliva, se tironea el extremo de un bigote, pone la boca en trompita. Piensa. Aún va vestido, tiene un frío de condenados. Su brazo derecho está quebrado en el codo y allí, mágicamente, se acurruca Aleida. Está desnuda, plácidamente dormida a su lado. Aunque la abraza, Tatu no repara en ella.

EL CAMPAMENTO|8 Golpean la puerta de la cabaña, así despierta. Ha quedado dormido en la misma posición de anoche, como abrazando a su mujer, vestido. En el pecho tiene apoyada su fotografía. Reflexiona adónde está antes de darse cuenta y ponerse de pie.

TATU
Is! ...ben belé.

MITUDIDI
(a través de la puerta)
Belé ben, muganda. Mitudidi.
[Francés]
Tiene una visita.

Ernesto guarda la foto en el interior de su ajedrez plegable. Se peina con las manos, frunciendo el ceño interrogativo, y levanta la boina caída en el camastro. Se la pone con fastidio pero abre sonriente.

TATU
[Francés]
¡Mitudidi! ¿Una visita?
¿Para mí? ¿Llegó Kabila?

Mitudidi ríe por las fosas nasales. Hace que no con la mano.

MITUDIDI
[Francés]
No, Tatu, ministros cubanos.
Visita oficial, funcionarios.

Pone cara de no creerle. Mitudidi asiente expectante. Ernesto suelta la puerta y corre en dirección a la bajada, saltando raíces. Mitudidi lo mira marcharse con asombro. Luego observa a su alrededor para ver si alguien más lo vio partir así. Algunos metros más allá, Kumi está mirando, en cuclillas, cepillo de dientes y cantimplora en mano.

KUMI
[Francés]
(en voz alta)
¿Qué es lo que pasa, capitán Mitudidi?

Se incorpora y trota todo lo que su físico macizo le permite.

KUMI
[Francés]
¿Qué es lo que pasa?

MITUDIDI
[Francés]
Cubanos, de visita...

KUMI
[Francés]
(murmurando)
¿Cubanos?

Mitudidi larga la carcajada. Kumi corre por donde se fue Tatu. Al pasar por su cabaña, toma el FAL de entre sus cosas y sigue.

KUMI
(gritando)
¡Espérame, Tatu!

EL CAMPAMENTO|9 La selva es densa y fría, las copas de los árboles tan altas y cerradas que se pierde la noción del día. Ideal para el asma, que ya se presenta por la corrida. Una cobra se eleva en lo alto de una rama cuando Ernesto mira el sol para orientarse y le hace recordar las precauciones. Se detiene, y arrodillado, abrocha la pernera de su bombacha de campo y pasa las medias por encima. Luego cierra el cuello de su camisa, baja las mangas y se encasqueta la boina. Protegido, reemprende la marcha.
Kumi viene en caída libre por el pasto kunai y desbarranca por un costado del sendero. Las raíces de los árboles quedan a la altura de su cabeza en un corte abrupto de la tierra negrísima. Es un lugar más oscuro que arriba.

KUMI
(dolorido)
¿Será posible, Rafael?
¡Tan grande y tan comemierda!

En eso está cuando repara en peligro. Dentro de una planta florecida de campanitas blancas, a medio metro de sus borceguíes, se halla un nido de nambas.

(siseo agresivo)

Enervadas, se enroscan girando las cabezas. Muy despacio y horrorizado, Kumi apoya su espalda en la tierra y se incorpora. Descuelga el FAL de sus hombros y lo deja atrás y arriba, sobre el sendero. Luego trepa el terraplén, y aunque resbala, en dos pasos ya ha subido. Aún conteniendo la respiración, se vuelve a calzar la correa de su arma.

KUMI
(en un susurro velocísimo)
Comemierda, comemierda, comemierda.

EL CAMPAMENTO|10 Al salir al camino, Ernesto ve venir una comitiva de a pie. Ya se les acabó el paseo en las caras. Aprovecha para reacomodar sus ropas cuando distingue a uno.

TATU
(para sí)
¡Es Osmany!

Mientras se arrima, cruza los brazos en alto y comienza a saludar.

TATU
(vociferando)
¡Osmany viejo, nomás!
¡Osmany viejo, por los palos, nomás!

Allá lejos las siluetas se detienen y una de ellas levanta la mano. Ernesto trota a su encuentro. Osmany camina rápido adelantándose al grupo. En medio de la selva, se abrazan.

OSMANY
¡Che! Te envían de todo.
Pero especialmente esto, Fidel.

Y de un portafolio de cuero con correas, saca una caja sin envolver. El Che la abre.

TATU
¡Un relojito! ¿Qué tiene,
miedo de que me quede dormido?

Llega Kumi, blanco todavía, lo que en un negro como él es mucho decir. Se cuadra frente a Osmany. Cienfuegos lo toma de la cintura.

OSMANY
Rafael, ¿cómo está, doctor?

KUMI
Ahora bien. Hace un ratico
estaba rodeado de cobras.

OSMANY
¿Hay víboras por acá, no?

TATU
Para regalar... Kumi, ¿vos cagaste
tu reloj, no es cierto?

Kumi asiente, recordando otro mal momento.

TATU
Acá tienes el mío. Ya yo tengo.

KUMI
Bueno, le agradezco mucho, comandante.

Comienzan a bajar por la senda despreocupados, ellos dos ajustándose los relojes nuevos. Ernesto se agarra de los hombros de Osmany. Luego se detiene y se inclina, tomándose las rodillas.

OSMANY
¿Qué pasa, Che? ¿El asma?

TATU
Me parece que tengo fiebre.

Enseguida se incorpora, haciendo que no a la ayuda que se le ofrece. Para esto llega la comitiva, hay como veinte cubanos más. Uno indica que se arrimen, quiere tomar una foto, pero no lo consigue, se están saludando.

EL CAMPAMENTO|11 El rostro de Ernesto suda a mares. Sus ojos están inquietos bajo los párpados cerrados.

(murmura palabras ininteligibles)

Trasladándose sobre los talones, el brujo lo circunda. Apartado, Osmany se muerde una uña.

OSMANY
(a Víctor)
A ver, déjame a mí, Moja...

Y da unos pasos hasta mitad de la cabaña y espera a que Moja le traduzca al joven brujo.

MOJA
[Francés]
¿Podemos hablar?

BRUJO
[Francés]
¿Yo me voy?

MOJA
[Francés]
No hace falta, es un minuto.

Osmany comprende sin necesidad de traducción. Se sienta a un lado del Che.

OSMANY
(habla como sabiendo que no oye)
Ernesto, mi hermano, tú fuiste quien más
me acompañó cuando la muerte de Camilo.
Y eso no se olvida.

Extiende una mano al brujo pidiéndole que le alcance la cataplasma de vegetales. Se la pasa por la frente y el cuello, como lo vio hacer a él.

OSMANY
(sin voltear)
A mí no me conviene enfermarme, Moja...

MOJA
Estate tranquilo, Osmany, se incuba en días.
Eres el enfermero ideal.

Inclinándose hacia el palúdico, susurra.

OSMANY
Che, tu madre está muy mal en Buenos Aires.
Llamaron a La Habana, el mensaje era grave.

Ernesto abre los ojos. Parece como si despertara ofuscado de un largo sueño. Se incorpora apoyándose en los codos, y sin reparar en los demás, le habla entrecerrando la mirada.

TATU
¿Qué decís Osmany, de Celia?
¿Que se muere, varón, me estás diciendo?

Osmany lo reclina, recupera la cataplasma caída y se la vuelve a colocar en la frente, acallándolo.

OSMANY
Tranquilo, todavía no sucede. (pausa)
Tu madre es fuerte, Ernesto,
ten paciencia. Te traje algo.

Le indica a Moja que le pase el portafolio. Lo abre sobre su falda y saca tres estuches de cuero negro. Comienza a armar una ametralladora corta.

(las piezas encastran con ruido metálico)

El Che esboza una sonrisa.

TATU
¿Qué me trajo aparte de malas
noticias, Cienfuegos?

Osmany termina de aprestar el arma.

OSMANY
Te traje tu Beretta.

Confirmando el seguro con la vista, se la apoya sobre el estómago. Le enhebra el índice al gatillo y deja su mano sobre la de él. Kumi entra con una cajita de medicamentos y un cacharro con agua.

KUMI
¡Conseguí antipalúdico! Casi me
entro a piñazos con un congoleño.

En su afán por llegar, recién ahora repara en el brujo, que se pone de pie.

KUMI
(irónico)
¿Cómo es esto, capitán Moja? ¿Académico o animista?
Porque si es así, no sé para que me pasé
seis años estudiando en Santiago.

Sin esperar la respuesta, se acuclilla junto a Ernesto.

KUMI
Permítame, capitán.

Osmany se pone de pie. El brujo aprovecha a salir, caminando para atrás, rumbo a la puerta.

BRUJO
(a Víctor)
Ben belé...

MOJA
Belé ben.

OSMANY
(equivocándose)
Ben belé.

KUMI
(impaciente)
Belén-Belén. Y a Tatu lo cuido yo, eh.

Y levanta la nuca de Ernesto y le hace tomar la pastilla.

EL CAMPAMENTO|12 El atado de diarios cayó en medio del claro. Lo primero que ve Ernesto es la foto de su madre y no necesita epígrafes, sabe que murió. Arranca el primero de la pila y un ataque de asma lo asalta, impidiéndole respirar. Surca el campamento en dirección a la parte alta con el periódico estrujado dentro de la mano.

(ruidos cotidianos del campamento)

Pasados el rancho de cocina y los baños, único humano varios metros a la redonda, rompe a llorar como un niño. Y al hacer de los pigmeos, como le contara Aly que vio, comienza a abrazarse por la espalda solo, a palmearse a sí mismo, apretando sus costillas con las manos, refregando sus hombros como quien tiene frío, hasta caer arrodillado al suelo.
Fantasmagóricas, unas manos de mujer mayor comienzan a acariciar sus cabellos. Su madre, brava de aspecto, lo palpa con los ojos cerrados como si lo tocase en la oscuridad.

FANTASMA DE CELIA
Mi viejo...

TATU
(entonando entre sollozos)
...de las luces que a lo lejos van
marcando mi retorno... hondas horas
de dolor... y aunque no quise el regreso,
siempre se vuelve al primer amor...

Ernesto canturrea solo, caído en el pasto kunai.

LA HABANA|4 Osmany sostiene el cigarrito con la boca mientras conduce, frunce la nariz para acomodarse las gafas de sol. Es uno de ésos atardeceres eternos con el cielo rojizo por horas. Acaban de cruzar una barrera del elegante barrio residencial de El Laguito, ahora militarizado. Del bolsillo de su camisa, saca un envoltorio transparente de fotos carné.

OSMANY
¿Lo conoces?

Se las extiende a Víctor. Los delgados dedos negros de Dreke investigan el rostro de un pelado con lentes, de mediana edad, un poco gordo, retratado de frente y de perfil.

OSMANY
Se llama Ramón, es un compañero con historia.

Y lo mira a los ojos, inquisitivo.

DREKE
No. Ni de los periódicos.

OSMANY
Ahora lo vas a conocer, es el jefe de la columna.

DREKE
Bueno.

Víctor echa otra mirada para luego devolverlas. Osmany guarda las fotos, sonriendo divertido, mientras da varios giros al volante. El GAZ ingresa a una mansión sobre la calle cerrada en la zona del antiguo Country Club.

LA HABANA|5 Víctor espera pateando los borceguíes contra las piedras de la entrada de automóviles. Aún una lonja roja y amarilla tajea el cielo. Más allá hay una piscina vacía. Es una residencia lujosa de dos pisos con un mástil de hierro de obra que sostiene una antena UHF.

(voces lejanas codificadas)

Desde la puerta vidriada, Osmany le indica venir.

LA HABANA|6 En el recibidor de la casa está sentado Papito Tamayo. Al verlo entrar, se pone de pie y hace la venia a Dreke, que responde al unísono. Luego desarman y se abrazan largo. Osmany les gesticula acercarse, dirigiéndose a una habitación contigua. Golpea la puerta y abre el mínimo.

OSMANY
¿Comandante Ramón?

RAMÓN
(agitado)
¡Sí!

Osmany Cienfuegos interpreta un adelante y abre del todo para invitar a pasar a Dreke y a Tamayo. Es un despacho con ventana al exterior y escritorio, donde hay una máquina de escribir y varias cuartillas apiladas. Ramón está en cueros, boca abajo sobre el parquet. Ha corrido la alfombra a un lado y termina de completar una serie de planchas. Abundan los libros y las libretas, en una mesita baja descansan un par de lentes con gruesos cristales y las cosas de fumar. Pese al estilo, el resto de la estancia tiene la impersonalidad militar. El comandante Ramón concluye una cuenta y se incorpora. Hace una venia distendida y rodea la gran mesa y se sienta a descansar invitando a los demás a ponerse cómodos. Aún no puede hablar, se está recuperando. Osmany se apoya sobre el escritorio.

OSMANY
¿Conocen al comandante Ramón?

Dreke y Tamayo niegan con la cabeza. Como Osmany insiste, se ven obligados a responder.

DREKE y PAPITO
No.

RAMÓN
¿Así que no me conoces, panzón?

Tamayo no puede creer lo que oye, se acomoda en su silla con una mueca de duda.

RAMÓN
Acaba de decirles, Cienfuegos...

OSMANY
Este compañero es el Che.

Dreke se pone de pie y se cuadra, el Che y Osmany se ríen a la par. Tamayo lo mira intrigado, se debate en acercarse a abrazarlo pero también se cuadra. Ernesto les hace señas de sentarse.

LA HABANA|7 El Che trae la máquina de escribir de otra parte de la casa. Sigue en cueros, ahora con un puro muy largo entre los dientes. Irreconocible, pelado como está, se sienta en el sillón giratorio, abre el carro y acomoda la hoja, uniendo los bordes parejitos. Luego dispone los marginadores, justificados, pita y arranca a escribir, tecleando rápido pero con pocos dedos.

(un tocadiscos deja oír “Bahía Blanca” de Carlos Di Sarli)

CHE
(en off a veces acompañando con voz mecánica)
Fidel, me recuerdo en esta hora de muchas cosas,
de cuando te conocí en casa de María Antonia, de
cuando me propusiste venir, de toda la tensión de
los preparativos. Un día pasaron preguntando a
quién se debía avisar en caso de muerte y la
posibilidad real del hecho nos golpeó a todos.
Después supimos que era cierto, que en una
revolución se triunfa o se muere, si es
verdadera. Muchos compañeros quedaron
en el camino hacia la victoria.

Ernesto camina descalzo a largo del salón, leyendo la carta en voz alta. Se tapa un oído para escucharse mejor.

(ahora suena “La mariposa” por la orquesta de Pugliese)

CHE
(discursivo pero en voz baja)
Hoy todo tiene un tono menos dramático,
porque somos más maduros, pero el hecho se
repite. Siento que he cumplido la parte de mi
deber que me ataba a la revolución cubana en su
territorio y me despido de ti, de los compañeros,
de tu pueblo, que ya es mío. Hago formal renuncia
a mis cargos en la dirección del partido,
de mi puesto de ministro, de mi grado de
comandante, de mi condición de cubano.
Nada legal me ata a Cuba, sólo los
lazos de otra clase que no se pueden
romper con los nombramientos.

Retorna al escritorio y hace una corrección, aprovechando para pitar lo último de su cigarro, concentrado.

LA HABANA|8 Es noche cerrada, alrededor del farol en la galería se abarrotan libélulas. Fidel lee la carta con cara preocupada. Se alisa la barba, lleva un habano entre los dedos. Tamayo y Dreke están juntos, mirando hacia afuera en actitud alerta, de guardia informal.

CHE
(en off)
Otras tierras del mundo reclaman el concurso
de mis modestos esfuerzos. Yo puedo hacer lo
que te está negado a ti por tu responsabilidad al
frente de Cuba y llegó la hora de separarnos.
Digo una vez más que libero a Cuba de cualquier
responsabilidad, salvo la que emane de su ejemplo.
Que si me llega la hora definitiva bajo
otros cielos, mi último pensamiento
será para este pueblo y especialmente
para ti. Que te doy las gracias por las
enseñazas y tu ejemplo y que trataré de ser fiel
hasta las últimas enseñanzas de mis actos.
Que he estado siempre identificado con la
política exterior de nuestra revolución
y lo sigo estando. Que en donde quiera que me
pare sentiré la responsabilidad de ser
revolucionario cubano y como tal actuaré.
Que no dejo a mis hijos ni a mi mujer nada material
y no me apena; estoy alegre de que así sea. Que no
pido nada para ellos, pues el Estado les dará
lo suficiente para vivir y educarse.
Tendría muchas cosas que decirte a ti y a
nuestro pueblo, pero siento que son innecesarias,
las palabras no pueden expresar lo que yo quisiera,
y no vale la pena emborronar cuartillas.
Hasta la victoria siempre. ¡Patria o muerte!
Te abraza con todo fervor revolucionario, Che.

FIDEL
Compañeros...

Víctor y Papito se giran al llamado.

FIDEL
...vengan, acérquense.

Se cuadran al llegar a su lado. Interponiéndose, Fidel los abraza a ambos y acerca sus cabezas, sin fijarse que está arrugando la carta.

FIDEL
(en voz baja)
Les voy a pedir especialmente que lo cuiden mucho.
Como cuestión principal, como una orden.
Que no lo dejen solo ni le pierdan pisada, que
sepan de su salud y no lo dejen cuidarse sin médico.
¿Puedo saber que lo harán, me lo prometen?

DREKE
(también por lo bajo)
Sí, mi comandante.

PAPITO
Cuente con nosotros, sí.

Fidel les aprieta más fuerte el cuello y los suelta, arrancando a caminar hacia el jeep que lo espera.

FIDEL
¡Sabrán jugar al ajedrez, me imagino!
Si no, no pueden ser parte, eh, ¡no pueden!

Gira a verlos y se ríe. Una vez vuelto de espaldas, Tamayo transmite por gestos a Víctor que no sabe jugar. Por lo que contesta, el capitán tampoco.

MAYARÍ|1 Llueve torrencialmente. Por el camino que separa el invernadero de la casa, Papito Tamayo viene empapado acarreando una canasta llena de flores. Al cruzar los surcos de tierra aún dura, algunas flores van a parar al piso. Papito masculla un insulto y se agacha para juntarlas. Por el sendero llega a la casa chata. Franquea un pórtico y corre por entre una veintena de rosales el último tramo hasta debajo del alero. Guarnecido, apoya su carga. De una caja de herramientas toma un trapo sucio y se seca como puede. Un morenito que no supera la altura del picaporte, abre la puerta.

NIÑO TAMAYO
Te busca un compañero.

PAPITO
¿Ya?

Su hijo asiente. Papito arroja el trapo, lo alza y entra a su casa.

PAPITO
Primero dame un beso, ¿no?

Y le sopla con fuerza el ombligo.

MAYARÍ|2 El gigante Tamayo se acuclilla delante de su hijo. Va de oliva, la boina enrollada en la charretera. El niño lleva uniforme y pañoleta de pionero. En la cocina, su mujer llora en silencio frente a los trastos sin lavar del almuerzo.

PAPITO
Puede ser que tengas que ser padre un día y
aunque falte mucho, en ésos momentos
vas a recordar cómo era ser hijo mío.
¿Comprendes?

El moreno hace que sí.

NIÑO TAMAYO
Te vas a ir, ¿cierto?

Tamayo parece querer hablar, pero sólo traga saliva.

NIÑO TAMAYO
No me llevas contigo, ¿no?

Papito niega, sin dejar de mirarlo a los ojos. De un florero en la mesa baja, quiebra un pimpollo y lo deposita en su mano, apretándosela sobre los pétalos.

PAPITO
Toma, guárdame esto.

Y de la canana de seis tiros junto a su pistola, extrae una bala y la pone delante de su vista.

PAPITO
¿Serás un guajiro de la revolución?

El morenito se cuadra y eleva la mano en algo similar a una venia. Desarma el gesto y toma la bala, guardándola en el bolsillo de su pantalón. Sin que logre quitar la mano de allí, el padre lo estruja entre sus brazos.

LA HABANA|9 Sobre la costa tormentosa y oscura, en la carretera que conduce a La Cabaña, han llevado en jeep a Rafael Zerquera, el médico negro. Tres vehículos militares rusos están dispuestos en extraña maniobra. Dentro del auto oficial con capota y banderitas cubanas de chapa a ambos lados, Osmany fuma un cigarrito negro. Fidel mira al agua, pero cada tanto otea atrás, donde algunos móviles salen de la fortaleza.

FIDEL
El hecho de que estés aquí no significa que
te vayamos a aceptar, ¿comprendes?

RAFAEL
Soy consciente.

El comandante gira hacia el mar nuevamente.

FIDEL
‘tá bien.

RAFAEL
Lo único que no soy del partido.

FIDEL
(como una orden)
No importa.

Osmany gira sobre el asiento del conductor y le tiende a Kumi unos documentos.

OSMANY
¿Estás preocupado por tu mamá?

Rafael, sorprendido, toma lo que le alcanzan, pero Osmany retiene los papeles esperando respuesta. El médico se compone.

RAFAEL
No, ya lo hablé con mi hermano.

FIDEL
(sin volverse)
No es obligación.

Cienfuegos no suelta. Zerquera asiente y se queda finalmente con el sobre.

OSMANY
Nosotros nos vamos a encargar.

LA HABANA|11 Osmany conduce, es muy temprano en la mañana. Por el espejito retrovisor espía al Che, con ese aspecto de contable aburrido y la bocota que se puso, los lentes, el saco y la corbata. Su mirada se posa en las barriadas altas que dejan atrás. Van bajando del Vedado pero no por el centro, las casas duermen tranquilas, algunos animales ya se mueven en los corrales. Entrados en la ruta, recién hablan. Papito se gira para prestar la oreja. Víctor levanta la mirada de la libreta que lee.

CHE
Che, Osmany, dobla acá. Entra por ese
caminito de tierra.

OSMANY
No, pero...

CHE
Dobla, que desde la cocina nos ven llegar.
(a Víctor) Si van a estar colando café, estos...

Víctor asiente. Osmany dobla, lo mira por el espejo nuevamente y niega con la cabeza. Ernesto responde sonriendo.

LA HABANA|12
CHE
¿Listo?

Y como si hubiera estado durmiendo con los ojos abiertos todo este rato, se incorpora frente a Osmany que asiente, lo toma por los brazos, y dice algo de buen augurio. Víctor se acerca arrastrando dos valijas y en un sólo movimiento las apoya sobre el carrito que le alcanza Papito. Guevara y Cienfuegos ya se abrazan. Luego los otros dos le dan la mano y se echan a correr cargados detrás del Che, que trotando por el pasillo azulejado, se dirige hacia donde proviene el ruido del avión.

EL CAMPAMENTO|13 Como buen cubano, friolento, Kumi, acurrucado y castañeando los dientes junto a su fusil, habla para no dormirse.

KUMI
(susurrado siempre)
Está bien, Rafael, no te preocupes...
...todo va a estar bien. Hiciste lo que tenías...
No, ya sé que no es igual... ¡Ya sé que no es
lo que imaginabas! Lo que pasa es que estás
apendejado. Bueno, ‘tá bien entonces,
‘tás entero, como decía mamita.
(pausa) ¿La volveré a ver, pobre hermosa?

En ese soliloquio está, cuando un grito lo sobresalta.

VOCES
[Swahili y Francés]
¡Peligro! ¡Fuego, fuego!

Kumi Zerquera gira en dirección al arma, quita el seguro, la apoya sobre su falda y se asoma. Ve fuego en una choza de las de atrás, las de los congoleños. Se para y corre hacia allí, en posición de guardia alta, como en los entrenamientos.
Algunos compañeros se asoman alarmados.

N’NE
(gritándole)
¡Kumi! ¡¿Belgas?!

Busca su fusil y se arrastra hasta la puerta mirando la hora.

KUMI
¡No, candela! ¡Candela!

VOCES
¡Candela!

Kumi llega y rodea la choza en llamas, deja el arma a un lado.

KUMI
¡Se quema la casa de Freddy! ¡Agua, coño, agua!

Hay corridas, los congoleños se agarran la cabeza y se pasan la voz de incendio, pero no hacen mucho. La llamarada consume toda la casa, se trepa a los árboles y continúa en la de al lado. Por un hueco en la pared salen algunos hombres semidesnudos tosiendo. Kumi corre a auxiliarlos, los aparta de la casa donde quedan como atontados.

KUMI
¡¿Queda alguien adentro?!
[Francés]
¡¿Quién queda adentro?!

Las siluetas contestan vagamente, señalando hacia la cabaña. Kumi toma un mortero de yuca del suelo y lo echa con fuerza a la puerta, que abrasada, cede, rompiéndose en infinitas chispas. El moreno se cubre la cara con el cuello de la camisa y entra con la cabeza gacha, despacio, como haciéndose lugar. En la turba humeante del interior, se baja al piso y tantea con la mano, llamando a través de su boca tapada.

KUMI
Compagnons! ¡Compañeros!
¡Ilu tunana, ilu!

Su mano da con la cabeza de alguien. Se pone en cuclillas para tomarlo del pelo y de la ropa y lo arrastra sin ponerse de pie, dando bocanadas de aire hacia la salida. Finalmente lo saca y lo deja tendido sobre el pasto kunai. El dormido casi muerto parece reponerse. Kumi lo examina y viéndolo sin urgencia, vuelve hacia el grupo que ya se organiza para apagar el fuego con dos baldes de agua. Alguien asegura que están todos afuera. Del interior de la casa ya en ruinas, habiendo algunos intentando rescatar bultos y armas, emergen unos disparos inesperados, cajas de balas recalentadas. Todos se tiran al piso, una bengala estalla y entre los restos incinerados, entonces, titila una fuerte luz fucsia hasta menguar sola.

EL CAMPAMENTO|15 Son ocho y media de la tarde, los ruidos del campamento disminuyeron, mientras que los de la selva crecieron.

(bramidos a distancia incierta)

El predio está desolado, la gente en las cabañas o en las carpas elevadas. Niño Tamayo, inesperadamente, está de pie frente a su padre acuclillado. Lleva una rosa roja de tallo largo entre las manos.

NIÑO TAMAYO
Perdóneme, papá,
porque una vez lo maté.
Mentí y dije que estabas muerto por miedo
a que me golpearan en una pelea.

Papito baja su cabeza mientras acaricia la de su hijo.
Más allá, al costado del primer árbol al final de la cocina, Coello y su novia embarazada reciben la luz tenue de un fuego. La morena mira hacia su panza, donde el muchacho tiene la mano apoyada.

COELLO
(al oído)
Ustedes son mi luz, el motivo de mi lucha,
mis amores nunca olvidados.
No nos equivocamos... hicimos bien. Pronto
me harás padre y seré el soldado más feliz
de las guerras del mundo.
Por injusto que sea, por egoísta, que ya
bastante hice viniendo y dejando el sueño
de mi vida, perdiéndome esta barriga
que me tiene enamorado.

Kumi se tapa la cara con las dos manos, pareciera querer llorar, pero sólo exhala con angustia. Su rostro negro refleja la lumbre donde posa los ojos absortos. Al otro lado de la cabaña oscura, a través de las llamas, parece flotar temblorosa su madre. Va sentada en una silla y, aferrada al apoyabrazos, extiende una mano en dirección a él como si se alejara. Balbucea una frase, pero lo que dice no se oye. Kumi vuelve la vista al fuego con dignidad.
En el interior de la cabaña congolesa, un joven de civil administra en cuclillas una bebida a una ronda de soldados, que sentados en el piso, entonan una canción ritual. Uno lleva la voz, los demás repiten.

VOZ CANTANTE
(y repeticiones)
O-palele, o-palele.
A-meri-miki-toque, a-meri-miki-toque.
Alopa-alopa-alopa, alopa-alopa-alopa.
O-pale-palúa-palué, o-pale-palúa-¡palué!

El brujo va apartando los talones para ir de uno en otro sin levantarse, sirviendo de una totuma el líquido verde brillante. Es la dawa. Entre ellos, sentado en una ubicación cualquiera del círculo, está Mundandi. El brujo le aprieta las fosas nasales y guía su cabeza hacia atrás, mientras que en un sólo gesto, introduce el líquido en lo profundo de su boca. Mundandi la cierra antes de volver a enderezar la cabeza. Abre los ojos y hace una mueca por el gusto fuerte.
En su tapera, Dreke habla solo, la vista fija en la pared. Lleva un bastón corto de caña fina y dura que termina en una empuñadura de bola de nácar. Dibuja con la punta sobre el piso cubierto de cenizas.

MOJA
Le puse varias horas-nalga al plan, jefe.
La subida nos va a matar, es mejor que yo
esté con la tropa. Nunca dividirse, no dormir
en casas, máxima discreción. Armar camastros
todavía de día, bien altos por las víboras.
Montar guardia afuera, pero no los de la
avanzada de la mañana. Yo me levanto con ellos.
Cuidar el parque, comer recién cuando
llegue la retaguardia, rotarlos con los
del frente. Los jóvenes que mejor corran van
de enlace. Los que mejor tiran, en grupo chico
con N’ne y el Tano. Eso es todo lo del día uno, jefe.

Fidel levanta la vista, ha estado siguiendo la enumeración diagramada en el suelo.

FIDEL
‘tá bien.

Y pita su cigarro diciendo que sí varias veces. Moja se pone de pie, llevando el bastón a la espalda.

MOJA
El día dos lo vemos mañana.

Ernesto vuelve de la zona de baños ajustándose el cinturón marinero, lleva un librito. Se sienta sobre la raíz de un arbusto y espera. El fantasma de Camilo Cienfuegos, entonces, se presenta. Lleva los párpados cerrados, sin poder abrirlos, como excesivamente sensible a la luz. Usa un sombrero de guano encasquetado, en una de las alas sujeta hacia el frente tiene una banderita cubana de fieltro cosida. Juguetón, rodea el tronco tomándose de la corteza.

TATU
¿Cómo es estar muerto, Camilo?

El fantasma se acaricia la larga barba pelirroja, mientras adelanta una mano, como un ciego.

FANTASMA DE CAMILO
(sonriente)
Aburridísimo, Che.

Y se acuclilla frente a él, sin soltarse la pelambre.

FANTASMA DE CAMILO
Es decir, las posibilidades son muchas, pero
si te invocan. Aunque con eso no basta: el
que te invoca debe creer que te va a ver,
si no, no te ve. Y tú te quedas ahí, invocado,
y el invocador ahí, invocándote,
y como no cree, no te ve. (se agota)
Te terminas yendo. Además no me invocan tanto
como imaginaba. Sólo tú, y cada vez menos...

TATU
¿Qué va a pasar mañana, Camilo?

FANTASMA DE CAMILO
(larga pausa) Va a ser un fracaso.

Ernesto se acomoda en la raíz.

TATU
¿Ves? Por eso no te invoco...

FANTASMA DE CAMILO
¡Tú me preguntaste, carajo!

El ex argentino asiente.

TATU
¿Y por qué va a ser un fracaso?

FANTASMA DE CAMILO
Por lo de siempre, Ernesto. Los buenos somos
pocos, los malos demasiados.

TATU
¿Morirán de los nuestros?

FANTASMA DE CAMILO
Morirán, Che. Como yo, estarán muertos.

El Che se pone de pie y antes de darle la espalda, pregunta.

TATU
¿Te ves con los otros muertos?

FANTASMA DE CAMILO
No. Nunca más ves a ninguno.

Ernesto, pensativo, emprende el regreso, un paso tras otro en la subida. El aparecido, sin verlo, percibe que se aleja.

FANTASMA DE CAMILO
¡Che, no te vayas, quédate otro ratico!
(y ante la falta de respuesta)
¡Ven, juguemos ajedrez!

TATU
...nunca te gustó, Camilo.

Fastidiado, el fantasma de Cienfuegos se para y vuelve a rodear el tronco, yéndose por donde vino.

DAR ES SALAAM|1 El ventanal abierto da a la galería alta de la casa, cubierta por un toldo rayado. Los cuatro hombres rodean la mesa. El Che matea y lee una libreta. Toma un lapicito gastado y mientras ceba el próximo, anota algo. Tamayo mira por sobre su hombro, el Che le alcanza un mate.

CHE
Nos vamos a bautizar. Como en la Sierra,
¿de acuerdo? Lo vamos a hacer ahora,
tomen un pedazo de papel.

El Che arranca tres hojitas en blanco y las reparte como cartas.

CHE
Ahora les voy pasando lápiz.
Nos vamos a poner números en swahili.
Tú, Dreke, vas a ser el uno.

Dreke asiente mirando hacia abajo.

DREKE
¿Y cómo es que se dice?

CHE
Es fácil, Moja. (y anota) Tú, Papito, difícil...

PAPITO
...pero nunca aburrido, como dicen los yankees...

Y le devuelve el mate. Ernesto sonríe, arrima la calabacita a la pava y ceba. Lee con dificultad.

CHE
M’bili. M’bili, el dos. Yo voy a ser Tatu,
el Tatu, tres, como el tatú carreta,
un bicho de las pampas.

Todos ríen.

CHE
Es un bicho peludo y muy feo,
pero tiene un caparazón duro como el carajo.
Y su carne es riquísima...

Dreke se golpea el muslo en una carcajada. El Che le alcanza un mate.

DREKE
No, no quiero más, comandante Tatu.

Le da entonces el mate a Norberto, que se rasca la oreja, esperando su bautismo.

CHE
Y tú, Norberto, vas a ser Inne.
O N’ne, es lo mismo. El cuatro.

NORBERTO
Mejor N’ne. Inne suena de mujer.

Los cuatro hombres vuelven a reír. Viéndolos de lejos se diría que juegan naipes, Tatu corrige algo entre sus notas.

DAR ES SALAAM|2 El Che lee con fastidio bajo la luz de un velón con los colores panafricanos. Para colmo, un diccionario pequeñito y de swahili-francés-español. Lleva el sombrero echado para atrás, como quien no busca problemas, el nacimiento del pelo en ve a la vista. Repentino, mira hacia el patio; mantiene los dedos en la frente tirante mientras oye con atención. Desestima, son sólo perros. Cuando vuelve a la lectura, la vela se apaga dejándolo a oscuras.

TATU
Puta que los remilparió...

Se adivina que tantea la mesa en busca de un encendedor o fósforos. Enciende uno. Deja el libro sobre la mesa, abierto en la página leída. Vuelca el velón hacia sí, intentando llegar a la mecha se quema.

TATU
...pero qué hija de puta.

Prende otro fósforo. Ahora tiene una cuchilla de caza en la mano. Con la punta afilada, dificultosamente, intenta desenterrar el cabo de entre la cera, en cambio, levanta un insecto. Sorprendido, descubre lo que es.

TATU
...una vaquita de San Antonio...

La observa, es un insecto grande de caparazón rojo y manchas moradas, embebido en cera.

TATU
...inmolada.

Limpia la cuchilla en el borde de la vela y luego la guarda, abajo, en la vaina de la pantorrilla. Vuelve a abrir el diccionario y lo dirige hacia la luz.

DAR ES SALAAM|5 Pablo Rivalta, pensativo, rodea el caserón. Desde lo alto, el personaje que compone el Che de saco y camisa lo espera leyendo de pie. Se ven.

RIVALTA
Buenas y malas, Che.

TATU
Tatu, ahora me llamo Tatu, embajador.

Rivalta sonríe, se dan la mano y se ponen a la sombra del toldo rayado.

RIVALTA
Yo no te dije che por Che, te dije che
como dicen los argentinos.

TATU
Buena respuesta. Las malas primero.

Se sienta a escuchar, recogiendo las perneras de sus pantalones como un señor mayor, e invita a Rivalta a acompañarlo. Papito, que viene desde el garaje caminando por la senda de piedras chatas, levanta la mano con las llaves, saludando.

M’BILI
¿Qué hubo?

TATU
Buenas, M’bili.

Llega a la galería, de la mesa de jardín toma un atado de cigarritos y enciende uno.

M’BILI
(a Rivalta)
¿Ya hablaron?

RIVALTA
Le iba a contar: la buena noticia es que
conseguimos embarcación. Es una lancha pequeña y
también nos venden el trailer. Todo muy caro,
pero resuelve. La mala noticia es que
es con motor fuera de borda y arriba de eso
hay que arreglarlo. Tiene algo trabado.

Papito pita y mira hacia Ernesto, esperando reacción.

TATU
Bué, ‘tá bien. (pausa) ¿Para cuándo estaría?

Rivalta tuerce hacia Papito, que echando humo contesta.

M’BILI
Dicen que va a estar mañana. Por lo
que entendí, Tatu, porque no le
entendíamos una mierda.

El Che se pone de pie. Se sube los pantalones agarrándose del cinto.

TATU
Bueno, entonces hay que prepararse.

Rivalta también se para.

RIVALTA
¿A mí me necesitan para algo más?
(y en voz baja actuando una justificación)
Soy embajador, además de guerrillero.

TATU
¿No se queda a cenar, señor embajador?
¡Cocina M’bili!

Y tomándolo por los hombros lo ingresa a la casa. Papito aplaude al aire, implorando.

DAR ES SALAAM|6 Frente al ventanal que da a la galería, Tatu tiene la vista clavada en algún lugar del patio. Llueve mucho en Dar es Salaam. Su nariz respingona empaña el vidrio, de tan cerca. Suspira largo y retira la mirada, impaciente, para girarse hacia la mesa. Observa los materiales allí dispuestos: la vela tricolor bastante más derretida, el lapicito, dos fibras, colores negra y roja. El teléfono sobre el mapa todo abierto. Un cenicero lleno de colillas de cigarro y algún resto de puro. El diccionario Snoxall con varios señaladores entre sus hojas, una pilita de pasaportes diplomáticos agarrados con banditas elásticas, una revista Bohemia, un Granma viejo. Levanta el mentón hacia el techo como hacen los ciegos y cierra los ojos. Lentamente se acerca a la mesa con los brazos extendidos y se inclina hasta poder tocar los elementos. Palpa cada cosa, reconociéndolas sin ver, yendo de un extremo a otro, deteniéndose en alguna. Y como un torbellino, convirtiendo ese gesto en furia, arrastra todo a su paso, tirándolo con fuerza al piso, abriendo ya los ojos.

(alarido contenido y prolongado)

Cuando Papito entra al comedor lo ve agachado, las palmas aún sobre la tabla de la mesa. Tamayo rodea el desorden y se inclina a verlo.

M’BILI
¡Tatu! ¿Qué pasa?

TATU
El asma, M’bili. Tráeme el aparatito, por favor.

Papito sale corriendo. Ernesto abre los ojos y mira hacia el piso. Luego golpea con fuerza la madera por encima de su cabeza.

TATU
¿Hasta cuándo vamos a seguir en esta, compañeros?
¿Hasta cuándo?

DAR ES SALAAM|7 Delante del espejo triple del baño, con una pinza de depilar, retira la prótesis color piel. Le duele, se arranca pelitos. Después quita con el dedo una gomita de la boca, atrás contra la encía. Repite el procedimiento del otro lado, resoplando. Escupe en el lavabo y con las manos recoge agua y hace unas gárgaras. Por último se quita los lentes. Parecen de aumento pero son livianísimos. Luego se desviste en cuatro movimientos, cuelga todo, traje, camisa y corbata, de la perchita detrás de la puerta. Completamente desnudo como queda, baja de un estante alto una cajita marrón. Es mediana, de cigarros Popular, ésas de cortesía. En su interior forrado y sin cigarro alguno, guarda las prótesis bucales, los anteojos, la goma para la frente, todo a medio secar.

(cierra con ruido a caja hermética)

La deja donde estaba. Luego se vuelve y apoyando ambas manos sobre el lavatorio, se acerca al espejo para inspeccionarse a ambos lados. Se estira los cachetes afeitados, levanta el mentón, revisa un granito, se toca la cabeza rapada.

TATU
(murmurando)
No te reconozco, muchacho.

Inclinándose, se da una buena lavada de cara.

DAR ES SALAAM|8 Revisa ansioso los bultos en la caja de la camioneta, mirando por entre los pliegues del nylon que cubre todo.

TATU
El ajedrez, ¿dónde carajo puse el ajedrez?

Dreke no puede creer cómo pierde la paciencia y se tapa la risa con una mano. Ya van todos uniformados, verde oliva. Tatu con boina pero sin estrella. Se baja de un salto. Enganchada a la caja, sobre un trailer de dos ruedas, va una lancha pequeña. Está cubierta con una lona, guardando las valijas personales. El Che se sube al canto del trailer. Con ambas manos, sin agarrarse, descorre el nudo y levanta una oreja. Al costado de la embarcación se lee “Proverbio”. Ubica su mochila y abre el cierre.

TATU
No está, la puta que los...

Reprime el insulto girando hacia Dreke, que revisa unos mapas sobre el asiento del conductor.

TATU
Perdón.

VOZ
(en off)
¡Tatu! ¿Este ajedrez es tuyo?

El Che terminó de cubrir la lancha y ya se arroja al piso.

TATU
¡Sí!

VOZ
(en off)
Se te quedó en el baño.

Todos ríen. Ernesto deja caer el torso sobre sus muslos, desinflándose de vergüenza.

DAR ES SALAAM-KIGOMA El Che conduce con ambas manos, un habano terminándose en los labios. Pita por última vez y lo apaga insistentemente en el cenicero. Aprovecha para hablarle a su acompañante.

(la radio pasa bajito un noticiero en francés)

TATU
¿Qué pasa, Dreke?

MOJA
Nada, comandante.

TATU
‘tás apendejado, Moja, estás con un
cagazo que no ves.

Dreke se mata de risa. Niega con la cabeza.

TATU
¿Vienen los muchachos?

El moreno tuerce la vista hacia el espejito retrovisor de su puerta en la camioneta. Terminando de subir la loma anterior, detrás de la lancha embalada y entre el polvo, aparece la Mercedes Benz.

MOJA
Acaban de pasar la loma.

TATU
Ahora salimos a carretera de nuevo, ¿no?

Dreke toma el mapa de la luneta, lo tiene doblado con la cara actual a la vista.

MOJA
Allí, a la derecha.

TATU
Ahí vamos a parar.

Dreke abre las manos, dejándolo a su criterio, y espera la explicación de la orden.

TATU
Tengo que parar para mear.

EL CAMPAMENTO|16 Sentado en el camastro, Ernesto se inclina frente a la libretita, escribe sobre el tablero de ajedrez cerrado en su falda. Un enlace espera por la carta con un bolso junto a sus borceguíes. Tatu levanta la vista y le ofrece sentarse, más por no redactar con alguien parado que por cortesía. Pero el soldado se niega, parece apurado por irse. El Che relee por vez última y arranca la hoja. Del interior de su tablero obtiene un sobre pequeño. Lo cierra con la lengua y extiende al mensajero. El joven lo recibe, y guardándolo en el bolsillo superior de su camisa, toma sus petates, se cuadra y sale. El Che se recuesta en la cama, reflexivo.

TATU
[Francés]
(en off)
Querido camarada, gracias por su carta.

El joven mensajero cruza el campamento ajustándose la gorra. En el claro central, Dreke vigila los movimientos de la tropa con su bastón sobre la espalda. Lo ve salir.

(en off)
Puedo asegurarle que mi impaciencia
es la de un hombre de acción;
no significa ninguna crítica.

Por la bajada selvática, el joven se mueve con habilidad. Corriendo al ritmo que le impone la pendiente, atraviesa la maleza.

(en off)
Soy capaz de comprender porque he vivido
personalmente en condiciones parecidas.

El muchacho come sentado al borde del Tanganica con la vista en el agua. Está atento. Una barcaza hace señas de luces a la playa, él guarda su vianda en el bolso y se arrima a la orilla.

(en off)
Espero también su llegada con impaciencia porque
lo considero un viejo amigo y le debo una
explicación. Al mismo tiempo debo ponerme
a sus órdenes de manera incondicional.

Mojado y descalzo, a bordo de la embarcación, el joven aprovecha para terminar su cena. Es noche cerrada y el lago está tranquilo. Cuando se dirigen a él, contesta remiso.

(en off)
Según sus órdenes, los cubanos salen mañana
hacia Fort Bendera, desgraciadamente hay muchos
enfermos y el número será un poco
más bajo, cuarenta.

A Kigoma llega caminando. Allá abajo se ven las luces del puerto reflejadas en el agua. Clarea. Golpea una puerta de madera y desde el interior, una mujer abre con cara de sueño. Él se abalanza sobre ella, que sin mucho entusiasmo, lo reconoce.

(en off)
En Kabimba hay cuatro camaradas. A medida
que lleguen los otros los enviaremos.

La camisa que guarda la carta cuelga del respaldar de una silla desvencijada. Detrás en la cama, el mensajero hace el amor a la puta dormida.

(en off)
Le pido un favor: déme permiso para ir a
Fort Bendera, sin otro título que el de comisario
político de mis camaradas...

Es pleno día y en el asiento del ómnibus, entre pasajeros parados, niños, mujeres, animales y religiosas blancas, duerme el enviado.

(en off)
...completamente a las
órdenes del camarada Mundandi.

El soldado se ducha en el baño de una casa, debajo de un calefón eléctrico que despide una lluvia exigua.

(en off)
Acabo de hablar con él y está de acuerdo.
Pienso que esto podría ser útil.

Llega al lobby de un lujoso hotel del centro de Dar es Salaam. Entra en una habitación espaciosa, con recibidor. Allí reina el desorden, al parecer una fiesta de alcohólicos la noche anterior.

(en off)
Estaría de regreso tres o cuatro días después
de haber recibido su llamada.

Por la puerta de hoja doble que da a la recámara, entra Kabila. Es un negro fornido, absolutamente pelado, que lleva un apósito supurante en la quijada. Se toca con molestia la herida, mientras le exige impaciente la carta al recién llegado. La abre y sin relevarlo, vuelve a ingresar a su habitación leyendo.

(en off)
Con mis saludos, Tatu.

En la enorme cama king size, duermen dos jóvenes abrazadas. Está oscuro, sólo hay un velador prendido. Bajo su luz, Kabila termina de leer el mensaje de Guevara. Abolla la hoja y juguetea malhumorado con un arito dorado que lleva en su oreja izquierda. Corre groseramente a una de las chicas de su lado y se dispone a contestar.

EL CAMPAMENTO|17 Angustiado como se lo ve, abatido en su camastro a la luz de la lumbre, rodeado de libros apilados de los que debe haber más de cuarenta, el Che levanta la mirada y fabrica una sonrisa.

TATU
Fórmense, camaradas.

Los siete hombres comienzan a ubicarse para tal fin. N’ne bromea.

N’NE
¿Numéricamente?

Tatu sonríe mudo, aún no se incorpora.


TATU
Y en swahili.
(y recitando sin entusiasmo)
Moja, M’bili, N’ne, Tano, Saba, Sita;
Tatu no va. No me lo permiten. Parece
mentira haber venido hasta aquí
y quedarme haciendo de médico, del que soy
bastante choto, entre paréntesis. (pausa)
Ya le repetí a Kabila mi cantinela
de querer ir al frente hasta
el cansancio, pero no hay caso.

Ernesto se pone de pie inspirando profundo.

TATU
Ahora que estamos solos, les voy a dar
mi venia como si estuviésemos en cuartel.

La ejecuta con la derecha y de manera que la palma es invisible para la otra persona. Parece que el Che se alegra de que alguien, al fin, parta hacia la batalla. Sita y su hermano gemelo Saba, idénticos, miran por encima. La respiración acompaña con fuerza el saludo militar, pero nadie habla. El Tano, tembloroso de tan tenso, tampoco lo mira a los ojos. N’ne sí, sus ojos resplandecen mientras mantiene firme la sonrisa. M’bili y Moja también lo miran.

TATU
Dos cosas. Uno: háganse a un lado de las
diferencias entre congoleños y ruandeses.
No se metan, manténganse al margen.
Y dos, la máxima de Danton sobre los movimientos
revolucionarios: audacia, audacia y más audacia.

N’ne asiente, decidido.

TATU
Enlácenme en cuanto les sea posible.
Quiero saberlo todo.

Por último, se abraza con Dreke y le habla al oído.

TATU
Usted es lo mismo que yo. Hágalo bien.

La superioridad cubana se retira. El Che se queda cabizbajo, afuera comienzan los movimientos. Les da la espalda y patea con bronca la tierra, luego se vuelve, se asoma a la puerta y los ve partir. El fantasma de Camilo se presenta a sus espaldas, siempre los ojos cerrados, como un sonámbulo. El Che le habla sin girarse.

TATU
Yo no te llamé.

FANTASMA DE CAMILO
Si no, no estaría aquí.

TATU
Me dejaron de plantón.

FANTASMA DE CAMILO
...cuidan al más valioso.

Tatu
Hoy quisiera ser el último
raso analfabeto.

LA BASE|5 La primera vez que se saludan, están ambos parapetados contra un tronco, donde Ernesto ha estado esperándolo de espaldas al bombardeo. Videaux se llega tomando la visera de su casco, agachado mientras corre, la cabeza ladeada apartando el oído de las explosiones. Al reportarse, cae en la cuenta de a quién tiene frente suyo.

(ruidos aéreos y algunos estallidos)

VIDEAUX
Che, ¡compañero!

TATU
Videaux, compadre, ¿cómo dice que le va?
¿Siempre en quilombos, nosotros?

VIDEAUX
Como buenos revolucionarios. (y señalándolo)
¡Fidel dijo que me iba a encontrar
con alguien que iba a sorprenderme,
pero no me dijo que eras tú!

TATU
(cabeceando hacia atrás)
¿Qué pasó?

VIDEAUX
Se hizo de día, nos vieron llegar.

TATU
Ahora nos vamos a tener que aguantar.
Cuestión de minutos, nomás, bombardean por
cumplir. Mercenarios, trabajan un ratico,
a la mañana.

Videaux ríe. Por sobre sus cabezas, pero muy alto, pasa una tatagua tirando napalm. El polvo violeta revienta en el aire y baja como una cortina varios metros fuera del objetivo. Aprovechan para dejar la posición, Tatu adelante, Videaux comprobando que la columna lo sigue; son treinta y nueve cubanos los recién llegados, cargando mochilas. Mal recibimiento. Las ramas incendiadas se quiebran y caen al piso. Bandadas enteras abandonan sus nidos para el lado contrario al lago y pueden verse monos acarreando a sus crías entre chillidos de alarma. Más abajo todavía llueve violeta.

LA BASE|6 En un alto, el Che los recibe sonriente. Los palmea y les da la mano, indicándoles prender sus cuellos y cubrir las pantorrillas con las medias a los que tienen calzado bajo. Revisa uno por uno, señala no arremangarse los uniformes.

TATU
Que el antiofídico lo dejé arriba, eh...

Caras de preocupados los combatientes. El Che intercambia con Videaux datos orientativos, señalando a su alrededor. Continúan el ascenso.

VIDEAUX
Traje el diccionario que me dejó en
Dar es Salaam. Les puse a todos nombres con a,
no sé si sea buena idea.
Ya los tenemos memorizados.

TATU
Luego me los pasas. ¿El tuyo cuál es?

VIDEAUX
Rimbombante y sin a.
Kisua-Kitambo, cabeza pensante.

TATU
¡Uh!, como los indios de las películas.
Nosotros nos pusimos números, cuando
pasamos el diez eran imposibles de pronunciar
y arrancamos con las decenas.
(pausa) ¿Cómo fue ese viaje?

VIDEAUX
Salvo el último pedazo,
muy divertido.

TATU
¿Les abrieron los aeropuertos
sin problema?

VIDEAUX
Cuando nos sentemos le cuento.

Y señala su pecho indicando falta de aire, el Che asiente y dice que sí con los ojos. Ambos sonríen, tienen ganas de hablar.

EL CAMPAMENTO|18 Un chivo clavado al asador se cocina ante la ávida expectativa de la soldadera. Es la bienvenida. Ernesto atraviesa el rancho en dirección a una de las pequeñas mesas de campaña, donde Kisua-Kitambo conversa con Kumi.

TATU
¿Se conocían?

Kumi niega.

KISUA-KITAMBO
No. Pero los dos somos de Trinidad.

TATU
(a la tropa en general)
Aprovechen hoy, porque carne, es
lo más raro de todo.
(y a Videaux mientras se sienta) Bueno,
contame, che, que escucharte hablar a
ti es más lindo que ir al cine.

Videaux echa una carcajada llevando la cabeza hacia atrás.

KISUA-KITAMBO
Yo no tenía idea de lo que era
capaz la revolución fuera de Cuba.
Imagínate, detuvieron un vuelo a Moscú
dos minutos antes de despegar.

Un escuadrón de cubanos cruza la pista del aeropuerto Rancho Boyero, las vestimentas flameando al viento, rumbo al avión con las hélices rotando. Se apuran unos a otros, llevan equipaje de mano y algunos bultos en cajas alargadas. Una aeromoza les indica subir con celeridad mientras sostiene su birrete.

(en off)
Los pasajeros nos miraban azorados,
pensando que llegábamos tarde. Deben haber creído
que éramos un equipo de pelota o una orquesta,
un grupo de negros todos trajeados.

Dentro de la nave, todo el mundo aplaude para evidenciar la llegada tardía y algún pasajero baja el periódico con mala cara. Los muchachos se acomodan como pueden en los asientos vacíos, hay un altercado por golpes en el intento de guardar las cosas en las bodegas ya ocupadas o bajo los asientos, solicitando a alguna señora levantar los pies. Se miran entre ellos, avergonzados.

(en off)
En Moscú teníamos la orden
de no salir del hotel. Desde la ventana se veía
la Plaza Roja y me daba pena no poder conocerla,
ver la tumba de Lenin, sacarle una foto.
Pero estábamos con mucha tensión.

Videaux mira emocionado por la ventana mientras toma agua. Luego repara en los raros caracteres del vaso donde se adivina Hotel Oktubre. En una cama grande duermen dos, vestidos todavía. Un negro alto trata de hacerse entender por teléfono.

(en off)
De ahí a París, sin trámite aduanero;
no sé para qué nos dieron pasaporte si no
tengo un solo cuño puesto.
Cuando cuente en Cuba adónde estuve,
no me lo van a creer.

En un aeropuerto nocturno y vacío, por una puerta técnica, emerge el grupo en fila. Las tiendas iluminadas del free-shop, ya cerradas, lucen sus carteles rezando liquidation! Las siluetas oscuras pasan acarreando el bagaje.

(en off)
Cuando salíamos de París perdimos
el vuelo porque el contacto no se presentaba.
¡Y después nos enteramos
que ese avión se estrelló!

Videaux sale de la cabina telefónica al lobby del hotel donde el resto de los hombres descansa en los sillones; algunos conversan, otro lee el periódico, hay uno que duerme. Les dice lo que acaba de saber y regresa a la recepción, donde explica al conserje que deben volver a tomar a las habitaciones. Los demás comienzan a llegar con sus maletas, intercambiando la información incrédulos. El botones se acerca sorprendido.

(en off)
Así que el embajador opinó que teníamos
que salir a brindar por salvar la vida y
nosotros no lo dudamos, fuimos a la torre
Eiffel. Nos tomamos varias fotos, es muy
hermosa, altísima. Al día siguiente, para
Argelia. Ahí tuvimos incidente, porque era
escala técnica y la tripulación ordenó
bajar a todo el mundo.

Con el saco del uniforme en la mano y una valija pequeña a sus pies, el comandante de a bordo dialoga con el grupo en el pasillo central del avión vacío. Dos aeromozas cuchichean más allá con impaciencia. Otra tripulante ultima un detalle en la cocina mientras observa.

(en off)
Pero nosotros que no, que no bajamos nada,
y viene el piloto y nos dice que no es capricho,
que el baño está tupido y lo van a arreglar
y que el aire acondicionado no sé cuántos.
Y el tipo que sí y nosotros que no.
Que no nos bajábamos.

En el interior del avión sólo quedan los cubanos, algunos echados con el asiento reclinado, otros bebiendo gaseosas de pie. Un negro uniformado de ordenanza aeroportuario entra cargando una mochila con un tubo aspirador. Les hace un comentario breve cuando pide permiso para pasar, pero no se entienden. Luego continúa hacia el fondo riendo solo. Antes de entrar al baño, se coloca una mascarilla con elásticos sobre las orejas y negando con la cabeza, ingresa.
Videaux recibe con un gesto cortés el plato que le alcanzan a él primero. El resto del grupo se arrima a cenar, todos escuchan al narrador.

KISUA-KITAMBO
Arriba de mi asiento venían balas como para
una guerra civil y Azi y Anzali (y señala
a cada uno) tenían armamento en piezas. Nos
dijeron que nos jodiéramos y apagaron el
aire acondicionado. Después empezaron a
trabajar en el baño y había tremendo olor
a mierda, comandante,
¡para qué le voy a contar!

Algunos se agarran la cabeza. Jaraneando, recuerdan.

(en off)
Cuando volvieron a subir, las aeromozas
se nos reían en la cara. Estábamos sudados
y descompuestos, una calamidad de grupo.

En el ingreso a aduanas hay unos musulmanes arrodillados y descalzos, rezando en público contra la pared del corredor. Las dos cajas de madera, precintadas con fajas de embajada, corren por la cinta autotransportante.

(en off)
Y de ahí al Cairo y luego Tanzania.
En la aduana, un oficial se puso pesado,
y por más que enseñábamos los pasaportes
diplomáticos, no había caso.

El oficial aduanero pregunta de quién es eso, pide que lo abran. Es blanco y con cara de cabrón. Videaux sonríe un poco y hace que no con el dedito.
Sentados sobre las cajas y las valijas, los cubanos muertos de sueño. El aeropuerto está desierto, pero el oficial de aduana y sus subalternos aún toman café muy serios en el mostrador. Los pasaportes abiertos descansan ahí. En vez de un sello, el oficial estampa sobre uno la base de la taza, dejando una marca marrón.

(en off)
Los paquetes iban sellados y pesaban con cojones.
El aduanero sospechó y para colmo yo sin poder
hablarle, todo por señas. Hasta que se presentó
Rivalta, y, con un diplomático local, nos sacó.

En el comedor diario de la casa de Dar es Salaam, los cubanos miran un partido de béisbol norteamericano por televisión. Entre ellos, Rivalta, de camisa, con la corbata desajustada. Coello entra en cueros avisando que está la comida. Pide que vayan para la cocina, pero los demás le responden que traiga todo para acá. El cocinero se les queja. Enseguida se arma votación levantando las manos y gana la mayoría.

(en off)
Después estuvimos en la misma casa
que ustedes. Está cómoda, pero éramos muchos.

Videaux entra al baño con el diccionario de swahili abierto en sus manos. En la tina, uno de los muchachos se da un baño de inmersión, otro termina de secarse. El capitán bautiza con un gesto cómico a ambos, dándoles un nombre. Ellos sonríen al saberlo, lo corroboran. Al que se baña le causa gracia el del otro y es ahogado por sus burlas.

(en off)
Ahí nos bautizamos.
Cuando llegó el otro grupo, rueda y
rueda hasta Kigoma.

Un colectivo color amarillo con la leyenda écoliers surca las calles de Kigoma por el mercado central. Cientos de personas bajan al puerto en la mañana.
Dentro del vehículo, los uniformados son todos negros. A través de las cortinillas corridas, espían hacia afuera. Sus caras son de asombro.

FORT BENDERA|1
(suena “Timini” de Fatala)

Mundandi, Moja, N’ne y M’bili se quitan los relojes pulsera de las muñecas. Con la mecánica práctica de los militares, relajados aun en la tensión, sincronizan horas. Cada una de las columnas que comandan se disponen abiertas en medio del claro.

(el vibrante sonido de los mangaré flotando en la selva)

Mundandi abre sus dedos en un cinco evidente, al fin un mensaje que comprenden todos. El ruandés, los tres cubanos y el español que alguna vez juró ser cubano hasta morir, se dan la mano; primero la plana internacional, luego entre coterráneos, que no pueden evitar tomarse de los brazos. Se desean suerte por gestos y sonríen momentáneamente. Luego se separan dándose la espalda, estableciendo una equis en su alejamiento hacia las columnas, al trote, con ganas de ir a la guerra.

(suena un silbato y luego otro y hay gritos indicativos)

En respuesta, los combatientes giran, presentan armas, y comienzan a caminar en silencio.

FORT BENDERA|2 N’ne corre salvaje delante de su tropa. No gira a verlos, sabe que el Tano no va a dejar que se pierda nadie. Le brillan los ojos de su rostro negro y lleva una sonrisa, enamorado del momento. Con la suavidad de un músico para con su instrumento, sostiene con dos dedos la culata del FAL belga para que no golpee su cadera. El grupo que lo sigue, compuesto por ruandeses y cubanos, camina agitado un poco más lento; los iniciales en la formación atentos a no perderle pisada. Se ven rostros preocupados, algunos muy juveniles. El Tano aprovecha el recodo alto, primero observando el árbol a sus espaldas y luego la senda detrás, para apurar a los rezagados con un gesto cíclico de mano y muñeca, invitador.

FORT BENDERA|3 Amanece tibio y azul sobre el camino, Papito ya fuma, nervioso. Se asegura la ausencia de circulación y voltea, indicando con un tajante gesto de su cabeza avanzar. El primero de su fila, un ruandés, parece dudar, pero M’bili no repite la indicación. El muchacho muerde sus labios insistentemente y arranca, luego la cuadrilla lo sigue. Tamayo espera a que pasen todos, son catorce, los cuenta de oficio. El último, Aly, llega hasta él con cara de estar abriendo un regalo. Papito le hace gestos de no ser incorregible, pero se alegra de encontrarlo simpático en horas como ésta. Muy breve, gira una mano sobre la otra y termina la indicación extendiendo una de ellas en dirección a la izquierda. Aly interpreta rápidamente, saliendo ya al cruce. Papito se pliega a su corrida y los dos hombres emergen de entre las palmeras, atraviesan el camino de tierra y se hunden de inmediato en el pasto kunai del otro margen. Llegados, M’bili descabeza el cigarro contra un árbol y lo guarda en el bolsillo de su camisa. Se despide de su camarada con una palmada y recupera la cabecera en la columna, pasando junto a los combatientes diciendo susurros de aliento en cualquier idioma.

FORT BENDERA|4 N’ne tiene contractura, mira a su alrededor mientras se refriega la nuca. Ya llegó al punto que no conoce. Se fija la hora. Respira hondo y se incorpora, los nueve hombres que lo acompañan descansan en semicírculo. Se para al centro, gira una mano hacia el cielo y con claridad, señala la mitad de su palma y establece una diagonal hacia la izquierda, mirando siempre a los ojos de los demás. Asiente con la cabeza demandando comprensión, los demás hacen que sí. N’ne aplaude sin ruido, indicando arrancar. Todos se ponen de pie. Les señala su reloj y hace un diez con ambas manos. Dos soldados levantan el cañón 75 milímetros y un tercero acarrea la base carter que encontró el Che, ahora con neumáticos. Otro carga un mortero al hombro, el resto se calza los fusiles. N’ne comienza a caminar en la dirección señalada.

FORT BENDERA|5 La carpa está improvisada con redes de las que se usan para cubrir armas antiaéreas. Para los bancos se clavaron cuatro tronquitos cruzados y dos travesaños. Hay una mesa de camping color naranja y allí, un mapa sujeto para que no se vuele con unos binoculares y algunas piedras. Moja las eligió duras y claras, como la batalla que piensa dar. También unos rulitos de nogal para la buena suerte que usa para demarcar los tres frentes del ataque y la emboscada. Mundandi está parado fuera del toldo y con un catalejo dorado avista los avances y el movimiento enemigo en Fort Bendera. Dos enlaces mantienen distancia prudencial, uno de ellos elongando las piernas, un poco calentando músculos, otro poco descargando nervios. Acuclillados donde comienza la escarpada de la montaña, cinco combatientes más montan guardia. Varios pasos abajo del puesto de mando, otros dos soldados miran hacia el frente de batalla. El paisaje que se domina es imponente: la selva cae en picada hasta el camino, doscientos metros debajo. A partir de allí, hay parcelas con sembradíos dispuestos en terraza y más allá la parte vieja del pueblo. Sigue la parte nueva, un centenar de casas de bloque, y detrás, el fuerte belga. A la derecha, una pequeña pista de aterrizaje asfaltada. Paralelo a ella, el edificio chato, escuela de oficiales de la guarnición. Bien a la izquierda, arriba, la hidroeléctrica. El río Kimbi viene serpenteando desde lo alto del valle hasta caer enérgico en las fauces del embalse. Al fondo, envuelta en una bruma baja y azulina, la gran cuenca del río Congo.

FORT BENDERA|6 Sentados a la mesa, en el charriot que monitorea la hidroeléctrica, a un lado de la toma de agua y enfrentados a la pendiente montañosa cubierta por un banco de niebla, el capitán mercenario y un subordinado dejan descansar dos largos chopps de cerveza rojiza. Hay también servidos platitos con queso y maní, que atraen a un pequeño mono que los acompaña. Los rostros de los belgas están impávidos y sin expresión, se ve que hace un buen rato que guardan silencio. El más viejo de los dos, calvo, con su poco pelo cortado al ras, tiene cosida a su chaqueta camuflada un águila de garras abiertas y trazo gótico. Luce cansado y escéptico, la frialdad de su mirada es excepcional. El joven a su lado lleva un chaleco con el distintivo de un cuerpo de paracaidistas bordado en la espalda, un helicóptero. Repentino y violento, el viejo patea al mono cuando intenta acercarse a los comestibles. El animal se aparta sólo un poco. Ni él ni el joven comentan nada, persiste el sopor de la guardia.

(sonido como de hoja rasgada en el aire)

El viejo queda apoyado en el respaldar con un tiro en la frente. El otro lo mira tan despacio, que no llega a girar del todo su cabeza. Un disparo le perfora el oído.
Una balacera feroz se desata sobre el fuerte.

FORT BENDERA|7 Papito y Aly hablan sin quitar la vista de sus miras telescópicas.

ALY
Gracias por dejarme matar al más viejo, M’bili.

M’BILI
De nada, Aly.

EL CAMPAMENTO|19 Amanece y el sol ya pega fuerte. Ernesto está sentado en la puerta de su casa, sobre el mortero de yuca, posición incómoda si las hay. No durmió en toda la noche y se pone de pie y vuelve a sentarse sin sentido aparente. El resto descansa todavía. A sus pies dejó tirado un libro y apoyados encima de la tapa, pipa y tabaco. Se quita la boina y pasa su mano por el cabello pegoteado, está de evidente malhumor. Otra vez se para, duda en ingresar a la cabaña y luego camina despacio hacia el sendero. Kumi lo espía sin salirse del camastro, entreabriendo la puerta, tampoco durmió bien. Lo ve lejos, las manos en la cintura, la mirada en el piso, deambulando. Tatu se acuclilla y arranca una brizna de kunai y la desmenuza lentamente, levantando la vista hacia el oeste, inquisitivo. Luego gira la muñeca para mirar la hora.

FORT BENDERA|8 Aly está tirado boca abajo con las manos sujetas al manillar de la ametralladora. Espera al momento en que pasen los hombres del fuerte a las trincheras en la margen defensiva del río para emboscar.

ALY
(contando lentamente en voz baja)
...m’bili, tatu, n’ne, tano, saba, ¡sita!

E inicia un fuego mortífero sobre la vanguardia. Ráfaga corta, le da a dos.

ALY
(para sí)
Y todavía les pagan...

Desde abajo le contestan con bastante certeza, en un tiroteo más prolongado. Se gira para cubrirse. Sorpresivamente, un ruandés con los ojos abiertos queda suspendido a su lado y cae de bruces muy lentamente sobre su pierna. Aly no cambia de posición, pero extiende su brazo para tocarlo. Está muerto. Mira hacia M’bili, que también, acostado en el suelo, voltea en dirección al caído. Aly niega con la cabeza, quita la pierna de debajo del cuerpo y retorna a su posición en el arma. Toma el manillar y yergue la cabeza. La cuadrilla ya cruzó. Entonces se pone en cuclillas y revisa el cuerpo del soldado, retira unos documentos de su camisa. Gira sobre los talones buscando ayuda.

ALY
(grito contenido)
Compagnons! ¡Ziwa!

Un grupo de ruandeses emerge despacio de entre los árboles. Miran curiosos al compañero derribado. Uno echa a correr en dirección al ascenso; rajado, tira el fusil por el camino. M’bili percibe que algo raro está pasando y da vuelta boca arriba, levantando la nuca para ver.

(el enemigo reabre la balacera)

El que huye cae con la cintura quebrada. El resto de los soldados llega a verlo y desesperan, encerrados como están entre muertos a cada lado.

(cuchichean preocupados en bantú)

Desde el suelo, Aly les señala abrirse y hacia delante con energía, pero el grupo no hace caso. M’bili Tamayo se incorpora y corre agazapado hacia ellos, cargando su fusil. Aly se vuelve hacia el enemigo y efectúa un disparo contenedor. Los negros se ponen de pie, se agarran entre ellos, uno se toma las tetillas, asustado. M’bili llega y se cubre tras un tronco.

M’BILI
¡Abajo, coño!
[Francés]
¡El FAL, soldados! ¡Al avance!

Tres cubanos más allá efectúan disparos aislados mientras observan qué ocurre.

RUANDÉS
No! ¡Kufa-cabeza, kufa-cabeza!

Y gesticula cortarse el cogote con una mano. Los negros se alejan unos cuantos pasos hacia atrás y luego comienzan a correr, abandonando también las armas. Uno solo obedece y vuelve al frente. M’bili sigue a los desertores con la mirada, parece querer hablar. Gira exhalando fuerte y se asoma por detrás del árbol. Aly ya lo está viendo, le adivina la intención y vuelve a disparar una ráfaga corta. Tamayo regresa al combate.

EL CAMPAMENTO|20 Tatu está sentado en el rancho de cocina, toma mate mientras lee un libro con el daguerrotipo de Karl Marx en la tapa. Intuitivo, levanta la vista para ver venir corriendo a un enlace. Es el niño que recibió la pedrada en el oído, va descalzo y en shorts, todavía llevando el apósito. Llega agitado y se detiene frente a él, que ya lo espera de pie, cuando le extiende el sobre lacrado. El Che lo recibe agradeciendo corto, después le gira la cabeza para ver la herida. El jovencito aún recupera el aliento; su primera reacción es apartarle la cara, pero luego mete las manos en los bolsillos y lo deja hacer. Ernesto ve que va bien, entonces abre el parte, mientras le señala.

TATU
[Francés]
Las manos en los bolsillos...

El morenito alza los hombros, huidizo. Tatu suspende la lectura y se inclina para ponerse a su altura. Lo toma de una muñeca y quita suavemente su mano del bolsillo. El niño mira tenso.

TATU
[Francés]
Las manos en los bolsillos, no.
No, free-fighter, en combate, manos afuera.

Y levantando su propia mano, la cierra en un puño, con la mirada astuta. El negrito se ríe por vez primera desde que lo conoció.

NIÑO
[Francés]
¡En combate, manos afuera!

Comienza a jugar con los puños en alto mientras imita aviones y ametralladoras. Tatu deja de prestarle atención, el mensaje tiene urgencia, llega del frente.

MOJA
(en off)
Tatu o Kumi, a las cinco horas del día de hoy,
29 de junio de 1965, empezó el ataque.

Cuerpo a tierra, N’ne mira por binoculares al camino, los baja impaciente y se vuelve hacia el Tano, acuclillado a su lado, esforzándose por oírlo en el fragor de la batalla. N’ne niega haciendo una mueca con la boca. Sin ponerse de pie, pasa los prismáticos a su compañero. Luego gira boca arriba y extrayendo una libretita de su bolsillo, revisa un croquis con el ceño fruncido.

(en off)
Vamos bien, parece que Katenga está
siendo atacada, para allá hay cinco compañeros
nuestros y dos compañeros ruandeses.

Moja está sentado en la mesita plegable de camping escribiendo, mira su reloj. Atardece en las montañas de Ugoma y el sol las amarillea. Abajo hay tiroteo espaciado, cada tanto escucha un morterazo y nubes de tierra explotan a lo lejos. Con un encendedor quema una barra de lacre, toma una piedrita de la fortuna y la apoya con fuerza para cerrar el sobre.

(en off)
Son las siete y treinta, muy contenta
la gente y portándose bien. Todo comenzó
a la hora fijada, abrimos fuego con un cañonazo
y un morterazo. Después le envío más datos.

Ernesto levanta la vista del papel pensativo. Luego relee rápido y guarda el parte en la camisa.

EL CAMPAMENTO|21 Freddy y Tatu están sentados sobre sendos cajones de Pepsi, inclinados frente al inmemorial juego de guerra. El Che está ofuscado, parece justificarse solo, levantando las cejas y hocicando la boca.

TATU
(impaciente)
No, a ver, Freddy, espera. El caballo: swami,
la torre (y agarra cada pieza con bronca
y la apoya), kú... ¿el peón cómo era?

FREDDY
Turi.

TATU
Turi... (para sí) lindo turi.

El niño anda por el rancho buscando algo para comer, desde allá le chifla con dos dedos. Ernesto levanta la vista de las piezas resignándose a ser imperfecto en los idiomas. El morenito señala hacia el recodo alto. Tatu levanta el brazo en respuesta. Kumi viene desbaratado ya de correr.

TATU
(en voz alta)
Siéntate, Kumi, que te voy a
ganar de espaldas...

KUMI
(agitado y excitado)
...tembos, Tatu, los vi. Son hermosos,
hay tres o cuatro, por favor venga.

Apoyándose en las rodillas, doblado bajo el peso de su panza, le gesticula ir con la cabeza. Freddy se rasca la mejilla, estaban comenzando a entenderse.

KUMI
Vamos...

Ernesto mira a Freddy excusándose, recoge las fichas y las guarda en el interior del tablero.

TATU
Vamos, sí... ¿es lejos?

Kumi niega, se endereza, respira hondo y sale hacia su casa.

KUMI
¡Tráigase una pistola o algo, vamos a
intentar cazarlos! Voy a buscar la mía...

El ex argentino pone las manos en bocina para gritarle al niño.

TATU
¡Asid!

Le toca el hombro a Freddy para llamar su atención y le extiende la mano.

TATU
[Francés]
Seguimos después, eh. Perdón la lengua, soy duro.

Y golpea los nudillos de una mano contra la palma de la otra y se para. Freddy hace gestos de que no importa, se levanta y se lleva su cajón. El niño corre esmerándose por llegar, lleva un mendrugo en la mano. Ernesto gesticula venir rápido mientras enfila para su cabaña.

TATU
[Swahili]
¡Elefantes! ¿Vamos a buscarlos?

ASID
[Swahili]
(agitado)
¿Elefantes? ¿A buscarlos?

El Che deja la puerta abierta, arroja el ajedrez sobre la cama y descuelga la cartuchera con la Luger del respaldar. Toma la pistola, descorre la recámara, verifica el cargador y lo calza nuevamente.

TATU
[Swahili]
Elefantes, a buscarlos, oui.

Levanta las cejas, tentándolo. Oprime el seguro del arma y la guarda detrás en su cintura. El niño observa atento. El Che sabe, pero sale extendiéndole la mano, para que la agarre.

LAGO TANGANICA|2 Viento en la cara de Mitudidi, noche sin luna. El Johnson asierra el agua intermitentemente, impulsándolos sin mucho dominio. El joven comandante del Estado Mayor del Movimiento de Liberación congolés tiene las piernas abiertas para hacer equilibrio y con sus manos se agarra del parabrisas.
La lancha se clava de frente a la ola en su peor altura. Mitudidi vuela sobre la cabeza del piloto, ve los ojos sorprendidos de sus compañeros por el espejito retrovisor y de inmediato, la proa roja y blanca en un ángulo absurdo.
El lago profundo es mudo. Emerge y la lancha cruza por encima suyo, la hélice repleta de algas rotando peligrosa.

(grito unísono de los tripulantes)

Cuando cae, ve que otro hombre va al agua. Se quita las botas, agotadoras. Le duele perder ese par, pero quizás llegue hasta el camarada. Alguien se tira al agua de cabeza, otro apaga el motor. Hay tres perdidos y sin luz.

OSCAR
¡Una linterna!

VOZ
¡Busco, busco!

En la popa, un congolés empapado reza apretándose las piernas.

(gritos cercanos)

Mitudidi nada mal, el agua lo emborracha, las burbujas le nublan la vista. Oscar ya le encontró la vuelta a prender el motor y acelerar en círculos para no perder control, pero quedó lejos.

(voces desgarradoras a unos veinte metros)

El agua se sigue elevando a sus costados como si jugara con ellos. La noche no indica nada.

(uno de los gritos cesa)

El congolés asustado, niega frenético.

SOLDADO
[Swahili]
Se lo comió el Tanganica, se lo comió el Tanganica.

La luz de la linterna le ilumina la cara, el negro se cubre sin dejar de hablar. Oscar le chista, el viento arrecia de nuevo. El cubano vuelve a apagar el motor, la embarcación gira loca.

(ya nadie grita)

EL CAMPAMENTO|22 Agazapados y en silencio, pero sonrientes, el Che y Asid corren tras Kumi. El niño lleva una mano alzada casi tocando la cintura del guerrillero. Kumi los llama desde lo alto del recodo. El Che no volvió a ese sitio desde la muerte de Celia.

KUMI
Allá están, Tatu...

Ernesto levanta los binoculares. A través de ellos, ve los trastes flácidos de cuatro elefantes y una cría.

TATU
Ah, no lo puedo creer, ¡como en “Las mil
y una noches”! Nunca pensé que iba a ver elefantes
sueltos en mi vida, qué lindos son.

(abajo suenan unos disparos)

Panea los prismáticos hacia la derecha. Hay cuatro hombres en cuadrilla, dirige Kisua-Kitambo señalando y corriendo en dirección a los tembos.

TATU
(mientras mira)
Kisua-Kitambo tiene hambre. Quiere carne.

Le tiende los binoculares a Asid, que los toma orgulloso. Mientras se acuclilla a su lado y le pasa la correa por la cabeza, el niño ya observa. El Che lo ayuda a sostenerlos.

TATU
Yo no voy a correr tanto, Kumi. Si quieres, ve.

Kumi duda con la cabeza.

KUMI
(mirando hacia allá)
‘tán lejos, ¿verdad?

TATU
...cruzaron el río.

FORT BENDERA|9 N’ne cruza el río Kimbi con dificultad, lleva el arma atravesada sobre los hombros y mira arriba, al camino que conduce a la hidroeléctrica.

N’NE
(en voz alta al Tano que va detrás)
Espero que sea la carretera.

(tiros a la distancia)

RUANDÉS
¡Karinta!

N’ne voltea al grito de alarma. Deslizándose ligera en el agua, una anaconda abre la boca desdentada, dirigiéndose a él. Cae una lluvia de balas. La víbora queda panza arriba mostrando un blanco que nunca vio luz. Algunos se sumergen, otros corren con el agua a las axilas. N’ne es acribillado con cuatro tiros. El Tano recibe un rasguño en el cuello. Nada con una sola mano, cabeceando fuera del agua. Los otros ruandeses bracean en dirección contraria, huyendo. La ráfaga cae sobre ellos.

EL CAMPAMENTO|23 La negra esbelta pedalea su bicicleta por el sendero de tierra. Lleva dos chivos al trote atados al asiento con una cuerda de colores. Asid se la señala a Tatu mientras grita.

ASID
¡Mo!

MADRE DE ASID
[Swahili]
(imperante)
¡Asid, ven aquí!

El Che le suelta la mano. El niño baja hasta el camino y se queda acariciando al chivo más pequeño. La mujer tiene los frenos de varilla apretados y un pie en el pedal. Va con los hombros descubiertos, un corset rojo y blanco acebrado y el pelo largo enroscado sobre la cabeza en forma de antenas de hormiga. La falda turquesa y marrón tirante, por la posición.

MADRE DE ASID
[Swahili]
¡Sube!

El morenito se monta en el asiento trasero. El Che llega con Kumi y le extiende la mano al niño.

TATU
[Francés]
Gracias, soldado, por todo.

La negra le habla cabeceando hacia los bichos.

MADRE DE ASID
[Francés]
(dificultosamente)
Los chivos son suyos, los dos.

TATU
[Francés]
¿Para nosotros?

MADRE DE ASID
[Francés]
Sí, muganda Tatu.
Gracias por tratar a mi hijo.
(y se toca la oreja para puntualizar)

TATU
[Francés]
Gracias a él, a usted.

El Che los desata. Le pasa un cordón a Kumi y se queda con otro él. Un chivito se espanta, enredándose en la cintura del médico negro. La mamá de Asid pedalea, luego gira en u y vuelve a pasar a un lado. Asid saluda con la mano.

MADRE DE ASID
Ben belé...

TATU y KUMI
¡Belé ben!

Mirando adonde partió la bicicleta, Kumi, Tatu y los dos chivos se quedan parados.

EL CAMPAMENTO|24 Ernesto y Rafael llegan transpirados. Metiendo el labio para adentro, Kumi le chifla a Coello, que corta troncos en mitades. El joven tira los maderos a la pila y arroja el hacha para dejarla clavada al tronco y dirigirse a su encuentro, secándose las manos en el delantal.

COELLO
¡Chivitos!
¡Qué chilindrón me voy a mandar!

El Che hace que no con el dedo.

TATU
Son para criar.

COELLO
Ah, ganadería.

TATU
(alcanzándole los chivos que balan)
Toma, reformador agrario.

COELLO
(sorprendido)
¿Qué quiere que haga?

Se inclina a verles el sexo.

COELLO
¡Pero si son machos los dos!

Los otros ya se alejan.

KUMI
(riéndose)
¡En este campamento no hay mujeres!

TATU
Ármales un corral, ¿qué te parece detrás de la cocina?

Coello asiente, resignado.

COELLO
¿Y la hembra, para cuándo?

TATU
La hembra para cuando aparezca.

Se lleva el índice al ojo.

TATU
¡Cuidadito, eh! ¡Para criar!

EL CAMPAMENTO|25 En la oscuridad de la cabaña hay cuatro acostados.

TATU
Qué mal huele, Kumi. Abro un poco, che.

Pombo levanta el antebrazo para cubrirse de la claridad. Está pálido, el rostro negro perlado. Los párpados le tiemblan. Sentado en una estera raída, Bahaza levanta la cabeza hacia Kumi.

BAHAZA
¿Cuánto estuve?

KUMI
(suavemente)
Dos días...

Kumi se acuclilla junto a él y le pone la mano sobre la frente.

KUMI
(mirando al Che)
‘tá mejor.

TATU
Le faltan tomar tres comprimidos más, fíjate Anzali.

En una sola cama duermen Azi y Anzali, pies con cabeza. Kumi se extiende para palpar la temperatura de uno y de otro.

KUMI
‘tán iguales, volados de fiebre.

El Che corrobora a Pombo.

TATU
Pombo también.

KUMI
(arrimando el oído a Anzali)
¿Qué me dice, teniente?

Anzali murmura.

KUMI
¿Qué cosa dice?

Anzali repite como si entendiera.

ANZALI
(con un hilo de voz)
...que suerte volver a África...
¡Congo!
...a liberar la tierra de los ancestros...

Kumi rompe a llorar en silencio. Sin advertirlo, Tatu sale.

TATU
¡Traigo el termómetro y algo para anotar!

El doctor Zerquera contiene las lágrimas. Respira hondo.

KUMI
(apenas pronunciando)
Sí, comandante... aquí lo espero.

Y se queda acariciándole la cabeza a Anzali, que sonríe durmiendo el sueño de la fiebre.

EL CAMPAMENTO|26 Tatu entra en su cabaña y toma el ajedrez. Lo abre parado en medio de la estancia. Sus dedos pasan una hoja con jugadas magistrales de Capablanca, luego unos sobres. Se tientan a detenerse en la foto de Aleida pero no lo hacen. A un lado de las pequeñas piezas encuentra el termómetro. Cuando levanta la vista ve al fantasma de Camilo. Está contento, con los párpados bajos, y lleva entre sus brazos a un cachorro maltés.

FANTASMA DE CAMILO
Hola, Che.

TATU
Ahora sí que no te invoqué.

FANTASMA DE CAMILO
Me parece que contigo puedo venir cuando quiera.

El Che deja el tablero donde lo encontró, sobre una pila de libros. Guarda el termómetro en el bolsillo de su camisa.

TATU
Lo que me faltaba, ¡estar volviéndome loco!
Y ese perrito, ¿es un fantasma, también?
(desata una risa loca echando carcajadas)

El fantasma de Camilo espera pacientemente a que se le pase, con el rostro un poco ladeado.

FANTASMA DE CAMILO
De ninguna manera. Con los animales
me relaciono normalmente.

TATU
(con lágrimas en los ojos todavía jocoso)
Ten cuidado con los leones, compadre...

FANTASMA DE CAMILO
No, no, este perrito es bien real. Y es para ti.

Se lo da, asegurándose, palpando, de que lo toma.

TATU
¿Para mí? ¿Y yo qué hago con un perro, Camilo?
Si apenas hay comida para nosotros. (lo acaricia)
‘tá bonito. Y calentito para la noche.

FANTASMA DE CAMILO
Quédatelo.

TATU
¿Y cómo le pongo?

FANTASMA DE CAMILO
Ponle Simba.

TATU
Simba, ‘tá bien, león.

Ernesto deja a Simba en el piso y se aparta llamándolo.

TATU
¡Simba, Simba!

El pequeño maltés sale tras él.

FORT BENDERA|10 Es de noche, todavía hay tiroteo. El Tano está boca abajo en el fango, esperando a que oscurezca del todo. El cuerpo sin vida de N’ne descansa a su lado con el semblante calmo y los ojos abiertos. Atrás, en la superficie del Kimbi, hay dos cadáveres negros flotando. Una bandada de palometas da cuenta de ellos.

(se escuchan como mordidas de caracol amplificadas)

TANO
(al cadáver de N’ne)
Estos hijos de puta no nos van
a dejar salir, capitán.

Mira la hora, doce menos cuarto, luego al cielo. Le tira la herida, se lleva la mano al cuello.

TANO
¡Me cago en mi madre!
(terminando de impacientarse)
¡Bueno, vamos!

Se incorpora en cuclillas y se calza el FAL. Luego toma el brazo de N’ne y tira para levantarlo. Está pesadísimo y para colmo, mojado.

TANO
Ay, capitán, no voy a poder.

Mira hacia atrás. Se muerde el labio, pensativo.

TANO
Perdón, Norberto.

Rodándolo hasta el río, lo mete al agua y lo empuja con un pie a la corriente. Entonces, el conjunto de burbujas subacuáticas se traslada voraz de los cuerpos ruandeses al del cubano, más fresco. El Tano no se queda a ver, sube en dirección al camino, la mano sobre el balazo.

FORT BENDERA|11 En la emboscada sobre la trinchera, en plena noche, el fantasma del ruandés rajado abandona el cuerpo que lo contuvo. Sale de él con los ojos cerrados y se aleja lamentándose rumbo a la oscuridad. El espectro del otro muerto de esta tarde, boca abajo contra el piso, también se incorpora. Llora desconsolado, los párpados apretados mientras camina despacio el alma en pena.

FORT BENDERA|12 De la orilla del río Kimbi, dos fantasmas negros y mojados emergen, no pueden verse ni reconocerse entre sí. Atrás quedan los cuerpos mutilados por los peces carnívoros. En la otra margen, el aparecido de N’ne sale del agua tembloroso y palpando en el barro, se sienta. Ciego, toca sus heridas de bala. Luego se para y se marcha abatido.

LA HABANA|10 Ramón espera a que le abran la puerta, ya golpeó. Llegó puntual, pero está nervioso. Calcula el tiempo de Aleida, la imagina recorriendo la estancia y con lo justo, gira y levanta la mano, relevando al GAZ que lo trajo. Ella abre la puerta, Ramón se abalanza, no se ven hace seis días. Aleida, sin embargo, retrocede mientras lo detiene suavemente con una mano en el pecho, sobre la corbata del traje.

ALEIDA
(hacia el interior)
¡Aleida, no! Quédate ahí.

Ernesto escucha una vocecita replicona, ha quedado rígido en el intento de ingresar, un hombre de acción como él. Es que ese disfraz sólo acentúa al gordo torpe. Está frustrado e impaciente cuando su mujer se vuelve.

ALEIDA
Hola, Ernesto. Un solo beso dame.

Duda un instante, recordando el mal aliento que le producen las prótesis. Luego sonríe, ella lo desarma. Le gana de mano, incluso, y se estira a besarlo, lo abraza, gira su cabeza en un breve torbellino alrededor de los labios del guerrillero y actúa un personaje social inmediatamente.

ALEIDA
Pase, Ramón, lo estábamos esperando,
gracias por venir.

Le indica pasar a su propia casa, con una mano extendida. Ramón da unos pasos sonsos hasta el medio del comedor y clava su vista en Aleidita, de cinco años, vestida para la ocasión. Aleida lo supera y en un sólo movimiento se agacha para alzar a la pequeña.

ALEIDA
Pensaba que venía su papá...

Ernesto se saca el sombrero con desgano, como ensayó, y lo tira sobre un sillón.

RAMÓN
Ernestito está lejos...

Luego se arrima a ambas e inclinando su torso a la altura de la cadera, al hacer de los hombres maduros, se dirige a la pequeña.

RAMÓN
Me dejó un saludo para usted, rubiecita.

La nena esconde el cogote y se cubre con una mano, tímida. Ramón la observa, luego suelta una risa tardía y se endereza.

RAMÓN
Traje un vino...

Y voltea hacia donde tiró el sombrero.

RAMÓN
Ah, no, no traje. Me lo olvidé.

Aleidita se ríe burlona. Su mamá da dos pasos, toma al viejo Ramón de un brazo, y lo encamina hacia la mesa del comedor.

ALEIDA
Venga, siéntese, Ramón, que usted viene
por un ratico nada más, y yo lo esperé
con la cena preparada. Hay congrí y picadillo
a la habanera. Y no se preocupe,
vino también tenemos.

RAMÓN
(saboreando hacia la niña)
¡Congrí!

El Che se sienta en un sitio inusual.

ALEIDA
Ernesto siempre dijo que le encantaba...

RAMÓN
Mire usted, nunca hubiera dicho que
sabe que me gusta. Yo ni sé lo que a
él le gusta comer.

ALEIDA
Me sale riquísimo.
¿Te quedas aquí con el señor
Ramón, m’ijita? Pórtate bien.

La niña no contesta, pero cuando la sienta en la silla alta de mimbre, se acomoda molesta.

ALEIDA
Me hace falta un minutico...

La mujer de rulos, nariz respingona y cintura cadenciosa, por primera vez, sabiendo que da enteramente la espalda a su hijita, le echa al viejo Ramón una mirada seductora. Ernesto se vuelve confundido. La mesa está puesta como siempre, la tele prendida con el volumen bajo.

ALEIDITA
No pareces español. Hablas como argentino.

RAMÓN
(haciendo tiempo mecánicamente)
¿Yo? No, Aleidita, es de tanto estar
con tu papá. Yo soy de Cádiz, es un
puerto, ¿sabes?, y existe hace
novecientos años...

La niña ya no presta atención. Se cansó y piensa en algo, mirando un conejito bordado en la servilleta.

ALEIDITA
En la escuela los niños me preguntan
todo el tiempo por mi papá...

RAMÓN
¿Y tú qué les dices, preciosa?

Ella lo mira sonrojada, asombrada por el piropo.

ALEIDITA
Que está en oriente (señalando hacia la
cocina), mi mamá me lo dijo, pero yo sé
que no es la provincia de Oriente.
Yo les explico: oriente de la China
(fantaseando), de la China de China,
de la gente que tiene la piel amarilla
y los ojos así (y se estira los párpados),
que dicen ching-chang-chung...

Y se ríe sola y hace reír a quien ignora su padre, sentado a menos de un metro.

LAGO TANGANICA|3 En una mañana espléndida, el Che permanece de pie aquietando la respiración. Observa a la comitiva arribar navegando perpendicular a la playa, llegan tarde.
Coronando la fanfarria, los motores de la lancha principal se apagan sobre la tenue rompiente del lago, quedando de estribor a la playa, cómoda. No obstante, tardan en dar muestras de bajar. Un gomón emerge por detrás y se aparca a un lado, maniobra complicada, el oleaje dificulta. El primero en salir a cubierta es un subordinado que tiende una escalerilla, lo que motiva discusiones con la tripulación del práctico. En la playa, el Che suspira. Baja la mirada a los borceguíes y se rasca un pómulo. Kumi aprovecha para intervenir.

KUMI
¿No tardarán mucho, no? Si no,
mejor nos vamos pa’ los bambúes...

TATU
Ahora nos ven, Kumi, ya nos jodimos;
hazte el diplomático...

Igualmente, Tatu gira para ver a la tropa cubana. Varios tienen mirada de palúdicos. De Coello no puede creer que esté sentado en la arena, el brazo apoyado sobre el cargador del fusil. Se vuelve fastidiado, y al hacerlo, es sorprendido: el gomón transporta un séquito exhibiendo la bandera del Congo.
En la playa oblicua, ocurre el ansiado encuentro. Tatu camina con la mano extendida, saliéndole al saludo. Pero Kabila le da el culo en respuesta, dejándolo con el gesto en suspenso, mientras desciende cuidadosamente y alarga a su vez el brazo para ayudar a bajar a una señorita que ya mira fastidiosa a su alrededor. Luego espera por otra.

KABILA
(de espaldas)
¡Ben belé, Guevara! ¡Amistad!
[Francés]
¡Ya lo saludo!

La mujer observa brevemente al Che congelado en la intención, para luego girar hacia su amiga que acaba de descender. Le murmura algo. Kabila toma entonces la mano de Tatu exageradamente, y subiéndola y bajándola sin saberse hasta cuándo, espeta.

KABILA
[Francés]
¡El educador de guerrillas!

FORT BENDERA|13 Papito Tamayo masca un cigarrito, está sumamente aburrido. Cada tanto otea hacia atrás y hace gestos de callar a los demás. Luego regresa al camino, irritado. Para ciertas órdenes antipáticas, no tener idioma común es mejor. Aly se espanta las moscas, medio dormido. Tiene la bazuca entre los brazos, como si fuera su novia. M’bili mira la hora, son cinco y media, ya pronto habrá que completar el parte. Lo saca del bolsillo superior de su camisa, es un diagrama horario de doble entrada donde se lee: dos y cuarto, dos campesinos; tres y veinte, una madre con su niño, y así. Repentinamente, frunce la nariz y tuerce la oreja hacia un lado. Aly despierta y hace una mueca extraña con la boca. Los dos creen, finalmente, escuchar algo. M’bili, tocándose el labio, lo confirma. De inmediato se incorpora, levanta el antebrazo en ángulo recto y luego lo baja con energía. A la seña, un congolés corre entre el pasto kunai y susurra una indicación en dirección a Anzali, que afirma con la cabeza.
Un camión belga Z-1 dobla la curva, va lento y en segunda.
El alertado alza la mano y de sus cinco dedos comienza a bajar uno a uno hasta llegar a puño cerrado. Entonces tira de una tanza. El hilo jalado se retrae ante el cimbronazo, sacudiéndose a lo largo de varias estacas clavadas en el suelo, para acabar tironeando de una espoleta que activa la granada, dañando el puente detrás del vehículo.
Los soldados enemigos, algunos rubicundos y otros negros, se ponen de pie como si hubiera estallado un neumático, curiosos, cuando son ametrallados. Varios caen sobre la caja, los demás descienden como pueden y se parapetan detrás del transporte, mirando desorientados a su alrededor.
Aly termina de agacharse frente al móvil y dispara su bazuca contra el parabrisas. El camión estalla; las esquirlas se le vienen encima, lo derriban, le lastiman la cara. Dejando caer el lanzagranadas, se retira arrastrándose, pero con una pierna recupera el arma antes de retroceder.
Varios congoleños y ruandeses ya gritan victoriosos de pie. Anzali baja a uno por los faldones del uniforme para cubrirlo, pero el moreno se enoja y le muerde fortísimo la mano.

EL CAMPAMENTO|27 Kabila apoya el whisky sobre el piso de la cabaña. Freddy está sentado de piernas cruzadas, entre él y el Che. Mira al vaso con deseo.

KABILA
[Francés]
(a Freddy en tono de orden)
Tú no le dirás a nadie quién es.
Si le dices a cualquiera, yo te ejecuto.

Freddy se encoge de hombros disgustado. Luego mira al Che y vuelve la vista al alcohol.

TATU
No voy a dejar que te maten, Freddy.
(alzando una taza del piso)
Me quedaría sin mi contrincante
favorito de ajedrez.

Freddy sonríe amargado. Toma a su vez un vasito de latón y lo mueve oscilante hacia Kabila, que despectivamente alza la botella de Jack Daniel’s y le sirve un trago. Se sirve él también.

KABILA
[Francés]
(al Che)
La muerte de Mitudidi me dejó muy triste,
como puede ver. Yo le voy a demandar que
quede completamente a las órdenes de Mundandi,
por el momento. Y que no le diga a nadie
que es el Che Guevara. Luego podrá ir a
la guerra, pero ahora deberá esperar a que
encontremos dónde emplazar el nuevo campamento.
Yo voy a Kigoma mañana, cuando retorne
decidiremos que frente atacará
y analizaremos sus proposiciones.

El líder negro paladea la bebida mirando a los ojos de Tatu. Este lo evita hablándole a Freddy.

TATU
Dile que la gente está desconforme
por la ausencia de líderes en el frente.
Que si vuelve a irse no creerán que regrese
y esto nos va a traer más problemas entre congoleños y
ruandeses, que nos son necesarios para seguir.

Freddy se gira hacia el jefe del Estado Mayor, que aguarda impaciente.

FREDDY
[Swahili]
Dice que Kabila no debería irse.
Que los free-fighters y los ruandeses pueden
creer que no volverá.
Habrá más problemas por eso y los necesitamos.
Hay descontento...

KABILA
[Swahili]
(altanero)
Yo sé lo que hago, soy el que hace política.
Voy a hablar con Soumialot y volver...

Por más que hablen swahili, Ernesto escucha atentamente. Abre los ojos grandes, no quiere que le gane el sueño.

FREDDY
Dice que no importa, que él sabe lo que hace.
Que alguien tiene que hacer política
y que va a volver.

TATU
[Francés]
(interrumpiendo veloz con sorna)
¿Pero no dijo que Soumialot estaba en
Dar es Salaam?

Salvadora, una de las acompañantes de Kabila entra y se pone su lado. El negro gira admirándola exageradamente y lleva la mano pierna arriba de la muchacha, que apenas pasa los veinte.

KABILA
[Francés]
(distrayendo del traspié sin mirarlo)
Bueno, si puedo ir y venir, mejor. Si tengo que
ir a Dar es Salaam, tardaré cinco días.
Es igual, así es la política.

El Che ladea la cabeza desconfiando y bebe su té, pero sus ojos registran indignados las caricias de Kabila a la mujer. Este murmura unas palabras pícaras y le extiende su whisky. La muchacha pega las piernas al torso del líder y él introduce su mano en la falda, tocándola delante de todos. Se vuelve mostrando los dientes.

KABILA
[Swahili]
Vamos hasta aquí, seguimos mañana.

Poniéndose de pie, da por terminada la reunión. El joven traductor mira a la muchacha introducir su lengua en el oído de Kabila. Tatu deja la taza y le toca el hombro para hacerlo reaccionar. Freddy, despabilado, se vuelve.

TATU
¿Qué dice?

FREDDY
(irónico)
Que tiene asuntos que atender,
que seguimos mañana.

Tatu también se para, haciendo a Kabila gesto de si se va.

TATU
[Francés]
¿Ya nos deja?

KABILA
[Francés]
Sí, Tatu, hasta mañana.

Y levanta una ceja señalando a su compañera, como si fuese menester partir. La muchacha baja la cabeza avergonzada, aunque puede que esté mirando la entrepierna del Che. Kabila ofrece la mano con que no la abraza, la izquierda, para que el guerrillero la tome en forma de saludo. Ernesto duda, visiblemente contrariado, y alarga su derecha, pero de inmediato se arrepiente y le da la izquierda él también.

EL CAMPAMENTO|28
(cánticos festivos en el exterior)

El Che ingresa a su cabaña enojadísimo, da un portazo que no suena. Resoplando, lleva sus manos a la cintura y se queda paralizado. Luego gira sobre los talones con la mirada reconcentrada en el piso. Encima del cajón azul de Pepsi ve una partida de ajedrez a medio terminar. Con un grito feroz, patea tablero y cajón, haciendo volar las piezas por los aires. El tablerito queda vacío frente a él en el suelo. Entonces retrae su pantorrilla y descarga un talonazo que parte el juego en dos. Luego rompe a llorar de inmediato y se sienta en el camastro, dando la espalda a lo que ha hecho. Cubre su cara con ambas manos y así se queda, compungido.

FORT BENDERA|14 Los bambúes se ondulan al viento, susurrando. El pastor, un abisinio, viene dando zancadas en la vegetación, ayudándose con su cayado de madera. Busca un cabrito perdido. Es moreno y muy alto, va vestido de una única pieza de algodón teñida de muchos colores, calza sandalias. Lleva el pelo atado y anillos de bronce estirando su cuello.

PASTOR
[Swahili]
¡Yanún, ven aquí! ¡Yanún!

Entre los matorrales descubre al Tano con la camisa ensopada en sangre, los ojos cerrados, el rostro perlado. Lo cree muerto. Se asusta mucho y murmurando palabras, toma la parte posterior de su propio cuello y se agacha en reverencia frente al cuerpo, con los ojos cerrados. El Tano ya lo está apuntando con su FAL.

TANO
¡Aguanta ahí, maricón! ¡‘tate quieto!

El abisinio salta hacia atrás como un resorte, dejando caer su bastón.

PASTOR
[Swahili]
¡Tranquilo! ¡Tranquilo, free-fighter!

TANO
No tengo ganas de hablar en africano, señor.

Y sentándose dificultosamente, sin dejar de apuntarlo con el arma, se toca el cogote herido.

TANO
Gracias por encontrarme, igual.

El negro, lentamente, apartando el bambú, intenta abandonarlo.

TANO
¡Quédate ahí, carajo! ¡Será posible!

Entiende perfectamente. El Tano retira su palma llena de sangre y la muestra al hombre.

TANO
¿No ves?, estoy herido. ¡Free-fighter herido, coño!

PASTOR
Undú.

TANO
Sí, undú. (para sí) Hay que echar pa’lante, Aldo.

Poniéndose de pie, el Tano le hace un gesto despectivo de caminar.

TANO
¡Ba temele!

Repite la indicación. El pastor recoge el cayado y se incorpora mirándolo a los ojos muy seriamente. El Tano lo apura levantando el mentón y ambos enfilan hacia los bambúes. Cada tanto el negro voltea a mirar qué hace, pero tiene que apartar la maleza delante, también.

FORT BENDERA|15 Mundandi juega con su catalejo mientras escucha. Autómata, lo extiende y lo retrae. Es un juicio sumarísimo al borde de la ruta en la noche. M’bili trata de aclarar los tantos. Para ello levanta la mano de Anzali, mostrándosela a un ruandés receloso.

M’BILI
[Swahili]
(haciendo gestos de no interrumpir)
¡Oye! ¡Mira aquí!

SOLDADO RUANDÉS
¡Ah!

Despectivo, gira. M’bili se ofende, a él nadie le da vuelta la cara, menos en un caso de indisciplina y frente a un par. Le toca el hombro con un dedo.

M’BILI
¡Eh, soldat!

Y transforma el índice en gesto de acercarse, señalándole la mordedura en la mano de su soldado.

M’BILI
Soldat!

Como ve que se está poniendo feo, Mundandi se aproxima guardando su catalejo en un costado del pantalón. Toma a M’bili por el hombro, lo aparta y enfrenta a su hombre.

MUNDANDI
Free-fighter!

Lo está encarando cuando un soldado borracho toma al acusado del cuello intentando llevárselo a juerguear. No entiende que los demás están en medio de un litigio. Tarde, repara en la presencia de Mundandi. Hace que no excusándose con la mano y se retira a las carcajadas hacia el camino, donde hay fuegos del incendio al camión y otros soldados completamente alcoholizados a los gritos. M’bili observa adonde parte el borracho. Suelta la mano del mordido y llama a Mundandi, tocándole el antebrazo. Señala hacia el camino y le indica que venga con él. El capitán ruandés suspende su reprimenda y mira también. De inmediato, corre en dirección al Z-1 en llamas. M’bili sale tras él, dejando a los soldados, agredido y agresor, solos.

M’BILI
(yéndose)
¡Cuidadito, Anzali, recuerda lo que dijo Tatu!

Anzali se vuelve al mordedor que aún mira a Papito y le da un empujón que lo hace trastabillar.

ANZALI
¡Cojones!

Mundandi camina hacia las fogaratas. Ahora lleva en su mano una fusta de cuero, la sacó para darse escalafón o aporrear algún reo. Papito lo alcanza y una vez a su lado, hace que sí con la cabeza, que hay que intervenir. Junto al camión en llamas, congoleses y ruandeses bailan, toman alcohol y profanan cuerpos caídos. Hay quien recorta con una cuchilla la insignia del uniforme de un cadáver para llevársela. Otros bajan cajones de cerveza, motín del convoy, para tomar, igual caliente. Todos festejan. Un corro de congoleses blandiendo fusiles, tararea un cántico golpeando los pies contra el suelo.

VOCES CONGOLEÑAS
...oiá Kabila,
oiá Kabila, muchicongo,
oiá Kabila...

Los profanadores, cada cual sobre un cuerpo, revisan minuciosamente los bolsillos de los restos mientras canturrean. Uno mira con curiosidad un carné militar, compara la foto con el rostro del muerto, se ríe y lo tira a un lado. A continuación, le abre la bragueta a los tirones y baja sus pantalones y calzones hasta dejarlo con el miembro al aire. Luego toma un sorbo de cerveza y se dispone a mutilarlo. M’bili lo ve hacer mientras viene llegando y corre, dejando a Mundandi atrás.

M’BILI
(gritándole)
¡Eh, eh!

Pero ya es tarde. Por su lado, los ruandeses, igual de borrachos, gesticulan despectivamente hacia el grupo que canta. Uno de ellos comienza a recitar algo en respuesta y sus compatriotas, atentos a lo que dice, repiten con él.

VOCES RUANDESAS
(un poco fuera de métrica)
...oiá Che Guevara,
oiá Che Guevara, muchicongo,
oiá Che Guevara.

M’bili gira lentamente su cabeza del mutilado al coro, concentrado en oír mejor lo que escucha. Ambos grupos de soldados compiten por tapar los cánticos contrarios. El mutilador levanta los testículos del belga, la silueta negra de la sangre chorrea delante del fuego. Un combatiente imitando a un mono en celo se tira cerveza sobre la cabeza.

(caos sonoro y musical)

De ambas nacionalidades desperdician parque disparando al aire. Algunos cuerpos enemigos son empujados a patadas por el barranco. Mitudidi se ríe como si viera distintas escenas de una película cómica a la vez. En la oscuridad, siete cubanos sentados observan indignados. M’bili vuelve la vista del pandemónium, sobresaltado por la carcajada del Estado Mayor ruandés. Sabiendo que va a ser visto, levanta sus ojos amenazador. Y sí, Mitudidi lo ve y también se ríe de él.

EL CAMPAMENTO|29 Por la subida al campamento viene el pastor abisinio con el Tano desfalleciente en una camilla improvisada. También ató sus dos cabras y tres cabritos a las cañas pasantes. Vienen balando, enredados. Kumi suspende la clase frente al pizarrón de campaña. Pide disculpas al auditorio, casi todo compuesto por soldados y algunos niños, para salirles al encuentro. El pastor detiene su dificultosa marcha y deposita al Tano en el suelo cuando Kumi llega a ellos. Un grupo de free-fighters también se aproxima. Uno que casualmente acarrea una palangana con agua es detenido por el cubano. Acuclillado junto a su compatriota, hace señas de dejarla a un lado.

KUMI
Aldo, mi amigo, ¿estás vivo?
Todos te daban por muerto.

TANO
(murmurando)
Casi estoy...

Kumi sonríe, joder es de buen síntoma; moja sus manos en la palangana y le enjuaga el rostro y los labios resquebrajados. Luego apoya bien su espalda sobre el pasto kunai y le abre la camisa. El pastor balbucea y gesticula, señalando su propio cuello con dos largos dedos de ébano.

PASTOR
[Swahili]
En el cogote.

Kumi le revisa el cuello. El Tano aúlla. La herida está oscura y escarada, supura. Un grupo de curiosos forma un corro molesto alrededor del herido. Entre ellos, Asid, que espía a través de la cintura de los mayores. Kumi despeja a todo el mundo palmeando ruidoso.

KUMI
[Swahili]
¡Fuera! ¡Ayuden a levantar!

Les hace el gesto de asir la camilla. Algunos se hacen los sotas y se retiran cuchicheando. Asid empuja a un soldado para que haga lo que pidieron.

KUMI
[Swahili]
¡Ayúdenme! Médicaments!

Gesticula traer una caja cuadrada. Vuelven a quedar solos, el pastor, Kumi, el niño y el Tano, vuelto a nacer. Abriendo los ojos con dificultad, toca las sandalias del abisinio para llamarle la atención. Lagrimeando sobre su cara mugrienta, habla.

TANO
(dificultosamente)
Gracias, hermano...
Muchas gracias.

Y se desvanece.

EL CAMPAMENTO|30 Es el atardecer. Bajo el barranco de raíces salientes, Ernesto se baña solo en el río. Una mancha de espuma delata que aprovechó para higienizarse. Un último chapuzón, este por juego, peinada para atrás y sale dando zancadas firmes, mirando a su alrededor que no lo vean desnudo. A un lado del baobab dejó la ropa hecha un bollo y un neceser donde guarda el jabón. Luego toma una toalla y comienza a secarse. Primero la cara, luego el pelo, después se cubre la espalda y mira el paisaje. Así se queda, contemplando, para nada maravillado. El fantasma de Camilo quiebra una rama. Tatu gira, las rodillas semiflexionadas.

TATU
Ah, sos vos.

El fantasma sonríe al oírse reconocido. Viene como siempre, con los ojos cerrados. Encorvado, dando pasos cautelosos, exagerando su sonrisa como los que no pueden ver.

FANTASMA DE CAMILO
¿Estaba buena?

TATU
(atándose el toallón a la cintura)
Hermosa, y acá no hay bichos ni yacarés,
me lo dijo el niño.

FANTASMA DE CAMILO
Cocodrilos, Che, son cocodrilos.

TATU
Yo les digo yacarés, como en Misiones.

FANTASMA DE CAMILO
(burlándose)
¿Qué misiones, las evangelistas
que hay regadas por aquí?

TATU
Muy gracioso.
(se inclina a tomar la pipa y el encendedor)
Me dicen rosarino, pero yo ahí no viví nunca.
Mi tierra natal fue Misiones,
(y se gira) una selva, como ésta.

Tatu enciende la pipa, nostálgico de la infancia.

FANTASMA DE CAMILO
Vine a decirte que tienes que irte
al frente, Ernesto. Aquí no hay nada que hacer.
Nunca te van a dejar salir, y cuando menos
te lo pienses, viene alguien y te mata.

TATU
(pita la pipa sopesándolo)
Puede ser...

FANTASMA DE CAMILO
Soy un fantasma. No me puedo equivocar.

TATU
Yo tampoco me equivoco mucho. (pausa)
Estaba tratando de ser prudente.
Me lo pidió Fidel.

FANTASMA DE CAMILO
Fidel no sabe que Kabila hace la revolución
del whisky y de las putas. De haberlo sabido,
le pega un tiro cuando bajó de la lancha.

TATU
¿Qué, tú estabas ahí?

FANTASMA DE CAMILO
Yo puedo estar en todos lados. Y no me
he movido de aquí. A veces voy a Cuba,
pero poco. Me hace mal, después ando noches
enteras vagando por océanos helados
como el sitio donde fallecí, aullando de dolor.
Prefiero estar aquí, donde hay acción.
Contigo me divierto.

TATU
Tú dices que me vaya, que lo haga pronto.

FANTASMA DE CAMILO
Que lo hagas ya, Guevara. Ahora mismo.

Ernesto se agacha, toma sus ropas, se calza unas sandalias y se va así, decidido, sólo cubierto con la toalla, selva arriba.

FANTASMA DE CAMILO
(gritando)
¿Cómo está Simba?

TATU
(ya lejos)
¡Muy bien!

Cienfuegos se vuelve y dejando los brazos encogidos como si supiera que va a tener frío, comienza a caminar, introduciéndose en el río, vestido, hasta desaparecer.

EL CAMPAMENTO|31 El abisinio fuma un cigarro largo de hoja cubano, exhalando el humo hacia la lumbre que los calienta a él y a Kumi. El médico lo mira expectante. El pastor hace que sí con la cabeza y apoyándose en su cayado, extensión de su brazo, cruza las piernas primero y desciende a sentarse después, comenzando a contar inmediatamente.

PASTOR
[Swahili]
Lo encontré en los bambúes.
Y de un susto casi me mata.

Sosteniendo el cigarro entre los dientes, imita al Tano, usando el bastón como si fuese un FAL, haciendo gestos de avanzar con la cabeza. Kumi entiende y se mata de risa. Gira para a ver a su camarada, inerte en el camastro con el cuello vendado, como si pudieran compartir el cuento. El abisinio deja el cayado en el suelo y se toma la frente con la mano huesuda, recordando.

(en off)
Luego nos siguieron los monos. La sangre
les da hambre. Esperaban a que se muera.

El pastor viene con el Tano colgado del hombro afirmando sólo una pierna. El negro gira a mirar atrás, una caterva de monos los siguen. Apoya al Tano con cuidado sobre la hierba. Es una ondulación alta, junto a la que corre un río. Acuclillado, ata las cabras a la mano del herido, invierte el cayado de lado y sale corriendo en dirección a los simios, espantándolos a grito pelado. Unos se le escurren y van hacia el cuerpo a golpearlo, de a tres le pegan en la cabeza al Tano. Como los caprinos quieren escapar, tironean del brazo al cubano.

(en off)
Maté a uno y me lo comí.

El abisinio vuelve corriendo al cuerpo de su rescatado. Descarga un golpe feroz sobre un mono hambriento y lo derriba, luego otro golpe de costado en la coronilla que lo mata. Los otros huyen chillando.
Kumi lo mira sorprendido, jamás oyó de monos que se quieran comer a un hombre. El pastor indica el tamaño del animal que mató extendiendo las manos.

PASTOR
[Swahili]
Era un mono grande, lo hice asado.

Es de noche, la pata de mono se asa sobre la brasa anaranjada. A un lado, los restos sangrantes. El abisinio ordeña una cabra quejosa en un vaso pequeño de cuero. Gira hacia el Tano y levantándole la nuca, vierte leche en su boca.

(en off)
Le di al Tano leche, por eso vive.

El pastor come la carne mientras mira fijo al herido. Desde el suelo, el Tano gira la cabeza muy lentamente, entreabre los ojos, dilucida la figura del negro a través de las llamas y tras murmurar algo, sigue durmiendo.
El Che entra en la cabaña.

TATU
¡Kumi!

KUMI
(poniéndose de pie)
Comandante, venga, lo estuvimos buscando,
le tengo que presentar a este señor.

El abisinio no mira al recién llegado, saborea el cigarro que le han obsequiado. Kumi toma a Tatu del brazo. Lo acerca al camastro.

KUMI
Trajo al Tano, está vivo.

El Che se arrima frunciendo el ceño.

TATU
(para sí)
¿Será un fantasma?

KUMI
¿Qué dice, Tatu? Es el Tano y está
vivito y coleando.

TATU
¿Cómo fue?

KUMI
(señalándole al sentado)
Lo encontró este pastor.

El abisinio baja la cabeza y hace una pincelada elegante con el cigarro, presentándose.

TATU
¿Lo trajo desde Bendera?

El Che se acuclilla frente al pastor extendiéndole la mano. Él le toma la muñeca, Ernesto corresponde y así se saludan.

KUMI
Me lo acaba de contar todo. Casi se
lo comen los monos, está herido.

TATU
Qué suerte, la puta carajo. Qué bueno.

KUMI
Sí, Tatu, yo tampoco me lo podía creer.
Le dije que lo dábamos por muerto, que ya
estaba anotado en las bajas.
¿Quiere un tabaco?

Ernesto duda pero se sienta.

TATU
Bueno, me fumo este y me voy. Me voy, Kumi,
me voy al frente, me voy al carajo de acá.
Ahora mismo.

Kumi, desenroscando la lata, se detiene.

KUMI
Se va, me deja solo.

TATU
Tú te quedas con todos.

Kumi asiente reservado, le alcanza el puro. Espera a que lo decapite y se lo ponga en la boca para extenderle la llama de un fósforo.

KUMI
¿Se va a cuidar, comandante, no?

Ernesto pita, y todavía en medio de la bocanada, contesta.

TATU
¿De qué querés que me cuide?
Si acá no pasa nada.

Y se atraganta y queda tosiendo. Kumi le palmea la espalda. El pastor se larga a reír y finalmente todos ríen de lo que le pasó a Ernesto.

EL CAMPAMENTO|32 Asid viene pedaleando en bici de su madre. Llega por detrás de la cocina, donde Coello y unos congoleños se matan de risa viendo como un chivo y una cabra se aparean en el corral. El abisinio no sólo devolvió al Tano con vida, también canjeó una hembra de su rebaño. El chico frena apoyando una pierna y pregunta por Tatu.

ASID
[Francés]
¿Y muganda Tatu?

COELLO
(gesticulándole)
Muganda no está, se fue esta mañana.

ASID
Parti?

COELLO
Parti, se fue pa’l frente.

Un congoleño agarra a otro por detrás y hace como si lo copulara, mientras el otro simula gozar. Coello y los negros festejan el chiste. Asid los mira con desprecio, y ofuscado, reemprende la marcha.
Sale al camino, por sus mejillas redondas caen lágrimas de furor, no pudieron despedirse. Comienza a llamarlo. Al llegar al recodo alto del camino, interrumpe la búsqueda. Respira agitado por la boca, detenido con las piernas a ambos lados del cuadro. Por última vez, desesperadamente, grita hacia el valle debajo, donde el camino se pierde junto al lago brillante de la mañana.

ASID
¡Tatu!

KATANGA|1
(coro de niños de Fortín M’bororé)

Secuencia de montaje. Los caprinos sueltos aparecen tras la cuesta arrastrando sus cordeles. Detrás, la flaca figura del pastor abisinio parece brotar del piso. Simba, con su tranco divertido, intenta darle alcance. Finalmente, robusto, empecinado, sólido, aparece el Che, su Beretta al hombro, tomada por la correa a un lado del pecho. La mirada vivaz, la cara alegre, va al frente.
El pastor levanta a Simba por los aires, jugándole para despedirse. Es un cruce de caminos. Luego lo deja en el suelo y flanqueando al Che, le señala la geografía próxima, explicando el terreno mientras apoya el antebrazo sobre su hombro. Ernesto asiente a cada frase, registrando lo que oye. Como remate de su exposición, el abisinio lleva su largo índice hasta el ojo, haciendo el gesto universal de cuidado.
Bajo el techo de los árboles, con la ametralladora a un lado, Ernesto come gelatina de un pote con la pequeña cuchara de una navaja suiza. Lee su libretita encima de la rodilla; corrige, incluso. Sin dejar de repasar, vuelca el tarrito hacia su boca. Luego se incorpora, guarda el recipiente en la pequeña mochila y sus escritos en una bolsita con cierre zip y en el bolsillo de su campera, y friega la cuchara sobre su pantalón antes de envainarla al cinto. Se limpia la boca con el antebrazo mientras examina el lugar adonde estuvo sentado. Recoge a Simba, carga la Beretta y se interna en la maleza con el perro alzado.
El desfiladero corre a un lado de la escarpada, el brazo que no sostiene el arma lo mantiene en equilibrio, afirmándolo al piso. Simba lo espera moviendo la cola en lo alto de una roca. El lago ha quedado pequeño, atrás y abajo. Atardece. Al llegar a su lado, Ernesto se sienta en la piedra y mira el paisaje. Gira la muñeca para ver la hora. Luego saca su pipa y la enciende dando un par de pitadas. El perrito viene bien para acariciar algo.
Es de noche en el campamento de Katanga. M’bili come junto al fuego rodeado por sus cubanos. Están Aly y Anzali, que lleva la mano vendada. Nadie habla, hay hambre y caras largas. El Che surge de entre las sombras y se queda de pie, mirándolos. Papito levanta la vista del plato de latón sin mucho entusiasmo. No lo puede creer. Ernesto extiende ambos brazos, esperando un abrazo. M’bili se levanta y todos se van poniendo de pie, haciendo fila para saludarlo. Anzali se entiende con Simba, que lame un plato de los que quedaron en el suelo. El ex español y el ex argentino se dan un apretón interminable. Luego se separan y hablan, pero sin soltarse los brazos, revolviéndose el pelo, desacomodándose las boinas. Desde el fogón ruandés, aparte, Mundandi detiene la cuchara rumbo a su boca con cara de pocos amigos. Cierra a negro.

KATANGA|2 Papito abre la puerta, le muestra la habitación. El Che entra como si nunca hubiera detenido su marcha. Es una cabaña espaciosa, recién construida, donde hay una estantería metálica, completamente impropia, un catre abierto y un camastro de cemento con una goma espuma finita embutida. Tiene luz eléctrica.

M’BILI
La suite nupcial, Tatu.

El Che deja la Beretta en un rincón, junto a la cama.

TATU
¿En el catre quién duerme?

M’BILI
El birulo. Prepárese.

TATU
(quitándose la mochila de la espalda)
No será para tanto...

M’BILI
Fumigamos hasta con tabacos, mire lo que le digo.
No hay con qué darle.

Anzali lleva a Simba aupado. Escucha desde la puerta mientras lo acaricia con la mano lastimada. El Che, luego de un día entero de caminata, finalmente se sienta.

M’BILI
¿Y qué me dice de Kabila, comandante?

TATU
Un canchanchán, M’bili, un auténtico campanudo.
Pedante, hueco, sabelotodo. Llegó una tarde,
se quedó esa noche y a la mañana siguiente
se las tomó. Gastó más en combustible,
whisky y putas, que todo el Movimiento
de Liberación en comida. Después de que
se fue, el campamento se transformó en un
pandemónium. También se rajó
el traductor. Demasiado. (suspira)
Bueno, ¡voy a gozar de mi cansancio
demoledor, buenas noches! ¿Se quedan?

Discreto, Anzali baja a Simba y se retira, cuadrándose. El Che se para, Simba sube al catre.

TATU
(refiriéndose a la venia)
No hace falta, Anzali...
(y a M’bili) A que esta no te la sabes,
cierra la puerta.

M’BILI
(mientras obedece)
¿Qué cosa?

TATU
Mira: veintiuno.

Y comienza a quitarse la ropa, contando prenda por prenda. Primero la campera, una chaqueta con corte de aljuba, segundo la camisa, tercero la camiseta.

TATU
(se quita una cadenita trenzada de plata)
Cuatro.

La deja sobre un estante y se vuelve a sentar sobre el camastro.

TATU
¡Huy, cómo voy a dormir! (desabrocha un borceguí
y se lo quita) ...cinco, (el otro) seis.

Y así. Siete el pantalón, lo que causa risas a Papito, pues queda en unos slip adolescentes que le van flojo sobre las piernas blancuzcas. Y ocho, se saca el reloj.

TATU
¿Le mostré el reloj que me mandó Fidel?
(se lo extiende)

Mientras Papito observa el Rolex, Tatu continúa. Se pone de pie y se quita las medias, nueve y diez. Simba le ladra. Las guarda dentro de los borceguíes, que retira hasta debajo de la estantería. Allí, de su campera colgada en un ángulo alto, vacía el bolsillo mostrándole a M’bili los objetos que guarda.

TATU
Bolsita impermeabilizante, once. Libreta
dentro, doce; lapicera, trece.
Mapa, catorce. (vuelve a dejar todo en su lugar)

Del otro bolsillo.

TATU
(amontonando las cosas)
Pipa, quince. Fosforera, dieciséis.
Picadura, diecisiete. El aparato, dieciocho.
(y eleva el inhalador)

Del bolsillo de su pantalón.

TATU
Documentación, diecinueve... (creando suspenso)
...dinero, veinte... (dudando busca lo último
que falta) ¡La Beretta cargada (y toca el extremo
del cañón con dos dedos), veintiuno!
¿Vio? Lo hago todos lo días, lo aprendí
de mi padre. De abuelito Ernesto, como
lo llama Aleidita. Es muy útil, ¿no?

Papito lo mira incrédulo y luego se mata de risa. Le devuelve el reloj.

M’BILI
‘tá bonito.

Al recibirlo, Ernesto se contraría. Pestañea hacia un costado, pensando. Murmura algo.

M’BILI
¿Qué hubo, Tatu?

TATU
No, la piedrita. La piedra.

M’BILI
(tentado pero prudente)
¿Perdió algo ahora?

TATU
(volviéndose a poner el reloj)
¿Serían veintidós? (reflexivo) Estaba seguro
de haber contado veintiuno...
¿Conté mal anoche, entonces?
Puta que los parió... (a M’bili)
Una piedra que me regaló Celia.

Cuando está por volverse a su pantalón, golpean la puerta. El Che gira los ojos en esa dirección. Levanta una mano indicando esperar a M’bili. Se aparta tras la estantería para que no lo vean semidesnudo. M’bili suelta el pasador de la pistola en su cintura.

M’BILI
¡Is!

MUNDANDI
[Francés]
(desde afuera)
El coronel Mundandi, vengo a hablar
con el muganda.

Es Mundandi que quiere dar la bienvenida. Justo ahora, con el sueño que tiene.

KATANGA|3 Ambos cubanos por adopción apoyan el pizarrón sobre un caballete, debajo del árbol. El Che clava con chinches su mapa mínimo. El maltés corre por ahí.

TATU
(se rasca)
Che, anoche los birulos me acribillaron.

M’BILI
Ah, le avisé. Dormir ahí es bien tremendo porque
esa cabaña está recién hecha. La madera nueva
también los atrae... son políglotas.

El Che se mata de risa.

TATU
Dame algo que voy a hacer un mapa más grande.

De una caja abierta en el suelo, Papito le arroja una bolsa. Tatu la desenvuelve, elige una tiza.

TATU
En rojo lo voy a hacer, bien trotskista. ¿Las mojas?

M’BILI
¿Qué quiere decir con si las mojo?

TATU
Para que se vea mejor.

M’BILI
Ah, no. Escribo con blanco.

El Che busca algo para hacerlo. Hay un charco más allá.

M’BILI
...y hablando de mojar, ¿hubo noticias de Moja?

TATU
Voy para allá. Bajaron una tanqueta, mataron
algunos soldados. Dice que bien, que los instructores
están haciendo el trabajo y los congoleses más firmes.
Igual los cañones y los morteros los siguen manejando
compañeros nuestros. (poniéndose a dibujar)
Bueno, a ver. Norkatanga, más o menos así. Esta es
la línea del Ecuador, ¿viste, M’bili? Fizi acá.
El Tanganica así y así y vuelta para acá.
(mirándolo) Acá marco Kigoma con un punto, pero
no lo escribo, a ver si se lo recuerdo a alguien
y quieren rajarse todavía.

Se golpea como matando un bicho y se vuelve a rascar.

TATU
¡Che, la puta, todavía me pica y
el bicho ya no está!
(volviendo a la tarea)
Acá, Kasengo. (termina) Bueno, ahí está.
Quedó bien.

Se aleja para confirmarlo hasta la distancia de la futura audiencia. Papito ya puso de pie los bancos de madera y de debajo de uno, extrae un puntero de maestro.

M’BILI
Tome.

Tatu se gira para recibirlo.

TATU
Ah, gracias. (y al vacío) ¿Viene la clase
o hay ausentismo general?

KATANGA|4 Sopla viento, obligando a hablar más fuerte. Debe haber unos veinte guerrilleros asistiendo a la clase de Guevara. Tremendo Punto, a su lado, traduce al kibembe.

(suena “Invierno porteño” de Astor Piazzolla)

TATU
Los hombres armados no son soldados.
Son simplemente eso, hombres armados;
el soldado revolucionario debe
hacerse en combate...

Tatu dejó el puntero sobre la saliente del pizarrón donde descansan las tizas y el borrador y golpea un punto cerca del lago en el mapa que dibujó.

TATU
...y aquí no se pelea.

Mundandi escucha la traducción escandalizado. Discute en voz baja con sus laderos. No se saca los anteojos para sol aunque en cualquier momento se larga a llover. Tatu baja la mirada del cielo cubierto y continúa su discurso.

TATU
Bajemos, cubanos (y se señala el pecho),
ruandeses y congoleses en iguales condiciones.

En la cama durmiendo tortuosamente, el Che se rasca y golpea buscando al birulo.

TATU
Nosotros vinimos a pasar juntos
(y extiende las manos abarcando a todos)
los sufrimientos de la lucha.

Lento, como la velocidad del recuerdo, Kumi se pone de pie y corre gritando hacia la choza en llamas.

TATU
Va a ser dura, no hay que esperar la paz
pronto. No se puede esperar ninguna victoria
sin grandes esfuerzos.

El grupo de siluetas cubanas acarrea un mono muerto atado a un palo. El Che escucha atentamente a Aly mientras come un plato de puré de yuca. Anzali es mordido en una mano. M’bili corre a Mundandi hasta darle alcance, desesperado, en el camino.

TATU
(cambiando el tema pausadamente)
Otro asunto es que frente a las armas
modernas la dawa no siempre resulta eficaz.

La ceremonia en el campamento, Mundandi recibiendo la poción.

TATU
La muerte va a convertirse en un
acompañante habitual.

Tremendo Punto lo mira, Tatu le hace que sí, que lo diga.
El ruandés rajado en Bendera cae herido de muerte, de espaldas.
Mundandi replica algo que lleva a un intercambio de palabras vía traductor. El Che contesta bajando las manos para aquietar los ánimos. Le indica dejar la discusión para después. Mundandi acepta con un gesto de suficiencia, al mismo tiempo que informa a sus lugartenientes. A Ernesto le cuesta retomar el hilo, entonces aplaude.

KATANGA|5 Tremendo Punto fuma un cigarrillo placenteramente. Es joven, de la clase con preparación y ambiciones. A su lado, la tensa figura de Mundandi contrasta. Los Ray-Ban ocultan toda la muerte que vieron sus ojos, y los pómulos, la bajada de la mandíbula, los parietales apretados, todo indica que puede asesinarte en menos de lo que te imaginarías. Repentinamente, ríe.

MUNDANDI
[Francés]
...de acuerdo, muganda Tatu, estoy totalmente
de acuerdo. Nos ensamblaremos para bajar, todos,
congoleses, cubanos y compatriotas míos. Pero para
pasar al ataque necesitamos
órdenes superiores.

TREMENDO PUNTO
Acepta lo que dijo.

Ernesto, con Simba alzado, lo mira de reojo. Entendió, pero no sabe de quién espera órdenes.

MUNDANDI
[Francés]
...no podemos atacar sin orden superior.

Tremendo Punto quiere anotarse otra intervención, el Che lo corta levantando una mano.

TATU
[Francés]
¿Pero de quién?

MUNDANDI
[Francés]
¡De Lambert! ¡De Lambert en Lulimba!

TATU
[Francés]
Bueno, entonces bajo a buscarlo.
Voy a buscarlo yo.

Mundandi hace un ademán horizontal, no se hable más. Saluda primero al Che, dándole la mano e inclinando el torso hacia delante, y luego a Tremendo Punto. Después gira sobre los talones y tocando un silbatazo largo y dos cortos, llama a su tropa. Tremendo Punto exhala el humo mirando al Che. Ernesto prefiere evitarlo, baja la cabeza y se va.

LULIMBA|1 Amanece en el camino, los soldados rumbo al frente. Son diez y un perrito. Negro el grupo, menos el Che. Tres cubanos, siete congoleños, todos con FAL, salvo Tatu, con su Beretta. Va adelante, comiendo un tienzú de yuca. Escucha a Anzali terminar de contar algo; se mata de risa y se detiene.

TATU
¿En serio me dices?

Anzali se escandaliza, pero no dice nada.

TATU
Si no lo veo, no lo creo, ¡antropofagia!

Se avergüenza de su chiste y gira para ver si lo escucharon. Al fondo, el imaginaria mira alrededor mascando una ramita. Los otros vienen en corro, nunca en fila. Conversan más que cubanos.
La escarpada está alta. Por allá, levanta un brazo Oscarcito. Camina con el FAL cruzado adelante, las manos sobre el cañón. A unos metros del encuentro saca un cigarro de la camisa, busca mechero y lo enciende. Simba corre a ladrarle.

TATU
¡Buen día, Oscar!

OSCAR
¿Cómo está, comandante Tatu? ¡Ben belé!

Choca la mano con Anzali, que protesta.

OSCAR
Huy, perdona, camarada, se me olvidó...

Los congoleños se quedan atrás, uno enciende un cigarrillo, lo comparten.

OSCAR
(al resto de la tropa)
¡Ben belé!

CONGOLEÑOS
¡Belé ben!

TATU
¿Dónde están?

Oscar pita y gira a señalar.

OSCAR
...venían ahí mismito, detrás mío.

Ahora se distinguen los rostros ruandeses asomando entre el pasto kunai, como suricatas.

LULIMBA|2 El campamento está junto a la ruta, inadmisible. Son casas alargadas como aulas de escuela con techo de zinc. Un soldado lava utensilios de cocina con tierra y agua, no se para pero los saluda. La cuadrilla sigue a la avanzada de recepción. Les indican unos cuartos, bajan las mochilas.

TATU
Dile que avise al teniente coronel
Lambert que llegamos.

Su compañero traduce.

OSCAR
[Swahili y Francés]
Dígale al teniente coronel Lambert que Tatu está aquí.

SOLDADO
[Swahili]
Lambert se fue a Fizi.

OSCAR
¿Se fue a Fizi?

Tatu
¿Qué tú dices?

OSCAR
[Swahili]
¿Está seguro, karinta?

SOLDADO
[Francés]
Su hijita está mala.

OSCAR
(decepcionado al Che)
Su hija está enferma.

TATU
¡Vamos pa’ Fizi!

ANZALI
(flexionando las rodillas)
Pero, comandante, acabamos de llegar...

TATU
Acabamos de llegar y ya nos vamos, Anzali.
¿Quieres quedarte a ver cómo llega un camión
lleno de mercenarios?
¿O cómo llega la aviación?
Estamos al lado de la carretera.

ANZALI
...pero todavía no comimos.

TATU
Comeremos por el camino. Aquí nos vamos a
comer una balacera o un embole.

Y se va, saludando al encargado del campamento desierto, sin volverse. Simba lo sigue.

ANZALI
(arrancando tras él)
¿Embole?

TATU
Aburrimiento, Anzali. En argentino.

LUBONJA|1 Abajo se divisa el poblado, son casas dispuestas en tríos y comunicadas por senderos zigzagueantes. Al fondo, frontal a la entrada, una de techo más alto. Adelante, a un lado de una especie de mangrullo enano, una comitiva los aguarda. La cuadrilla baja del camino a la entrada del poblado, donde hay un pequeño puente hecho de árboles truncados. Las mujeres lavan a un costado en la orilla, pero no miran.
Ernesto derrapa por el terraplén polvoriento. Llega con la respiración muy agitada, inhala discretamente.

ANZALI
¿Tienes asma, Tatu?

TATU
(mientras contiene el aire)
¡Is!

Mira hacia arriba, los congoleños están dando la vuelta, es más fácil por ahí.

TATU
(extendiéndole el inhalador)
¿Quieres?

Anzali se ríe, hace que no con la mano. Tatu se la toma al vuelo, mientras guarda el dosificador. El cubano baja el brazo. El Che despega el apósito.

TATU
Déjame ver.
Te van a quedar los dientes marcados.

ANZALI
Bué, por ahí me sirve para ligar alguna jeva.

TATU
¡Vas a decir que fue un león, cabrón!

Los congoleños se acercan, Anzali esconde la sonrisa. Palmea a uno de los que llega, dándole ya la orden. El otro asiente y zancada tras zancada, entra al puente. Saluda a las mujeres.

SOLDADO
¡Ben belé!

MUJERES
(todas juntas)
¡Belé ben!

(Chico César canta “Benazir”)

Secuencia de montaje. Las siluetas guerrilleras, equilibrándose como pueden, cruzan el pontón, el Che con su perrito aupado.
En la aldea los reciben contentos. Los niños revolotean sobre los soldados, algunos regalan cositas a cambio de que les dejen tocar sus armas o al pequeño maltés. Las madres caminan detrás, cuchicheando, unas cargan las cosas de lavar, otras salen de sus chozas para ver. Levantando ambos antebrazos en ángulo recto, el jefe aparece desde la casa de techo alto. Su mujer le alcanza una capa, pero él la rechaza, apurado en darles la bienvenida a los free-fighters. Un viejo trae una garrafa con vino de palma. Los hombres se dan las manos mientras los pobladores se reúnen.
Bajo un alero de la cabaña, Tatu apoya la ametralladora y se acuclilla junto a un niño cubierto de viruela. Se arremanga sonriente y le dice unas palabras. Pide un trapo mojado haciendo un rectangulito con sus dedos. Oscar traduce a la mujer del jefe y ella a su vez a otra de las esposas, que sale. De su mochila, Ernesto saca una caja de medicamentos, explica por gestos a la madre dárselos con cada comida. Se incorpora. Otra señora lo toma de un brazo, pidiéndole que lo acompañe. Oscar, Anzali y Ernesto siguen a la mujer, que sin soltarlo, los conduce por el sendero hacia una choza.
En el interior oscuro, hay un joven tendido en un catre y tapado con una manta. Muganda Tatu entra tras la señora, que lo señala, indicando su brazo. Debajo de una cataplasma de yuyo y barro, Ernesto descubre una herida de bala.
El venado cae derribado por un mazazo junto a dos grandes piedras apiladas. El jefe baja el arma y eleva unos cánticos al cielo. Las mujeres en fila, danzando, se van agachando a lavar la piedra. El viejo retira al bicho tomándolo de la cornamenta. Lo lleva hasta un larguero hecho de cañas y extrae un cuchillo de un pliegue de sus ropas.
Anzali clava un trozo de carne asada, nunca más contento. Antes de comer, la tribu recita un canto que al cubano le parece largo. Tatu lo percibe, pero su mirada es de aguardar a que terminen. Luego todos arrancan a comer. Todavía no oscurece.
El niño con viruela mira a su costado, donde el muganda duerme el sueño de los justos. Cierra a negro.

LA HABANA|3 Fidel se alisa la barba, ríe para sus adentros y se tapa la vista. Fisín le hace gestos de tomárselo en serio, pero el comandante en jefe no puede evitarlo, se gira entonces y revisa unos papeles.

FIDEL
Desconexión total. Un salto al vacío, Che.

CHE
Al vacío estético...

Ernesto, que acaba de sacar la cara de una palangana de latón, se seca los restos de espuma de afeitar.

CHE
Tú sabes que a mí Me decían la Chancha...

Fidel gira y lo mira. Al ver cómo quedó, suelta la carcajada. Ernesto se pone de pie, tira la toalla y va hacia un espejo, metiendo los faldones de su camisa dentro del pantalón.

CHE
...lo que más me jodía no era el apodo en sí,
sino el femenino, “la” Chancha, en vez
de “el” Chancho. Era cruel, porque la chancha,
como se preña, siempre es más gorda.

Frente al espejo, se mata de risa él también.

CHE
¡Mire los bigotitos que me hizo, Fisín,
déjese de joder! Parezco un poligrillo
tanguero de arrabal.

Fisín está apoyado sobre la mesa, lo observa como a una obra recién acabada. Tiene una navaja de barbero abierta en la mano y una pequeña toalla colgando del antebrazo. Detrás su arsenal: la valija de viajante abierta, pinzas, bisturí, pequeñas espátulas torneadas de madera, varias cajitas metálicas apiladas y un recipiente donde chorrea una cera seca.

FISÍN
Déjeme ver, qué tanguero ni ocho cuartos...

Y arrimándose al espejo apoyado sobre el respaldar de una silla, le toma el mentón, levanta la navaja y le rebana un borde de patilla con precisión. Es un despacho gubernamental, hay un escritorio contra el ventanal de persianas bajas y dos veladores y la luz central encendidas, aunque es de día. La mesa con el instrumental la han traído hasta ahí, no corresponde al mobiliario. En el otro sector de la gran sala hay un pequeño estar con silloncitos y una mesa más baja. Fidel se sienta en uno de ellos.

FIDEL
¿Cómo es eso de porigrillo... peligrillo
tanguero, me lo explicas?

CHE
Espérate, Fidel. Fisín, sáqueme el
bigote, por favor.

Al pedir un favor, su rostro se aniña. Fisín toma su cráneo por la nuca y la pera y lo estudia, achicando sus ojos miopes.

FISÍN
¿Y qué tu quieres, que te deje lampiño?

FIDEL
No.

CHE
(sin poder moverse)
Sí, coño, Fidel. Cualquier rasgo anterior
puede ser deducido rápidamente. (y a Fisín)
Nada que tenga que ver con la barba,
en serio, además me hizo un bigotín de cafiolo.

FISÍN
(soltándolo y yendo hacia la mesa del instrumental)
Ahora, Che, ¿por qué siempre que te enfadas
usas el lunfardo argentino?
No me lo explico.

CHE
(dándole alcance)
Callate, chabón. Y dame esa faca.

Le quita la navaja de la mano y vuelve al espejo para emprendérsela con el bigote.

FISÍN
(yendo hacia él)
Déjeme, déjeme a mí, comandante, ¿qué va a hacer?

(risas de Fidel divertido)

LUBONJA-FIZI
ANZALI
Una sopa de plátano es riquísima,
le da a usted fuerzas...

OSCAR
(a Tatu)
¿Y ustedes, a qué le dicen plátano?

TATU
A la fruta, la banana...

Anzali
Yo digo el plátano de freír, plátano vianda,
en sopa es sabrosísimo...

El Che se detiene en medio del camino, hace gesto de callar; sus compañeros levantan las armas. Un congoleño hace que sí con la cabeza.

TATU
¡Un camión, carajo!
¡Ziwa, compagnons!

Y hace un barrido con el brazo hacia el pasto kunai, donde todos se ocultan. Recoge a Simba y los sigue. Los congoleños con miedo, los cubanos conservando la calma.
Anzali baja el entrecejo hacia el camino. Tatu descorre el seguro de su Beretta silenciosamente. Oscarcito levanta el fusil y lo apoya al hombro.

OSCAR
Usted me dice, Guevara.

TATU
(sujetándole el hocico a Simba)
...hace mucho que no me llamaban así.
Pero está prohibido, así que no lo repitas.
Calma.

El Mercedes Benz dobla pesado. Un congoleño lo conduce con el brazo afuera, fumando un cigarrillo. Pasa desapercibido de que lo espían. Detrás en la caja, un grupo de soldados viaja apilado.

SOLDADO
Free-fighters, Tatu...

TATU
Sûr?

SOLDADO
¡Is!

Tatu sale del escondite y chifla con los dedos en la boca. El resto de la cuadrilla emerge de los pastizales.
Desde el camión se enteran. Los soldados golpean la cabina y el Mercedes Benz frena.
La patrulla, entonces, corre hacia allí. Tatu va último, respira agitado y tiene que detenerse. El asma no lo deja seguir. Baja a Simba. Encorvado, saca el inhalador del bolsillo superior de su chaqueta y se lo incrusta en la boca. Dispara.
Una bandada de cuervos abandona un árbol.
Un mosquito se le pega a la cara. Lo aplasta de un manazo y se dirige caminando al camión. Ya no levanta a su perro.

OSCAR
[Swahili]
¿Van a Fizi, compagnon?

El conductor asiente. Les hace gestos de subir con la cabeza. La patrulla gira alrededor del camión, Tatu se reúne con ellos.

ANZALI
¿Se siente bien, comandante?

Ernesto asiente.

TATU
¿Podemos?

OSCAR
Sí, suba, vamos.

TATU
Qué suerte...

Anzali sube primero, le extiende la mano sana. El Che agarra a Simba y trepa a la caja ayudado por su camarada. Los congoleños y Oscarcito siguen. Algunos conocen a los recién llegados, saludan y hacen lugar. Tatu deja al pequeño maltés en el piso y ve que hay un ebrio tremendamente descompuesto, todo vomitado, un civil. En sus manos descansa una botella, por el color es pombe. Tatu no se sienta, tomado del toldo del Mercedes Benz, se queda mirando al camino que deja atrás. Oscar revisa sus bolsillos.

OSCAR
Me olvidaba, Tatu...

TATU
¿Qué cosa?

OSCAR
¿No se le perdió nada?

TATU
Nada.

La mirada parece relatar su opinión del paisaje. Oscar le muestra la piedrita.

TATU
Ah, carajo, ¿dónde estaba?

La toma contento y baja la cabeza, un poco agradecido, otro poco avergonzado.

OSCAR
Kumi me la hizo llegar para que se la diera.
Se la vio en un llavero cuando lo conoció.

TATU
Sí, era un llaverito barato. Se despegó y
guardé la piedra. Gracias, Oscar. Es un regalo de
mi madre, no la encontraba.

Un jinete pasa en dirección contraria. Todos en la caja lo ven, los negros hablan. Metros más adelante se detiene y regresa al galope.

TATU
(guardando el recuerdo en el bolsillo de su campera)
Ese tipo viene para acá. Avisa al conductor.

OSCAR
¡Es Lambert!

TATU
Lambert, puta qué bien...

Frenan. El jinete se aproxima. A unos metros, tira de las riendas y saluda.

LAMBERT
¡Ben belé!

TODOS
¡Belé ben!

El hombre se quita el sombrero de cowboy que lleva puesto. Tatu sonríe, le parece pintoresco. Se quedan así, enfrentados, montado y camión.

LAMBERT
(afrancesado)
¿Che Guevara?

TATU
[Francés]
Soy yo, ¿el teniente coronel Lambert?

LAMBERT
[Francés]
¡Sí! Encantado, buen día, ¿cómo está?

TATU
[Francés]
Íbamos a Fizi a buscarlo. Venimos de su campamento.

LAMBERT
[Francés]
Sigan. Vuelvo allí esta noche y me
encuentro con ustedes.

TATU
[Francés]
Pero debemos hablar. Vengo con novedades
de Mundandi, intentamos hacer un frente común
en toda la zona de Katenga...

Y mira a su alrededor, desconfiando.

TATU
[Francés]
...deberíamos hablar en privado.

LAMBERT
[Francés]
¡Ya sé! Esta noche en Fizi. (y a un subalterno)
Estén hasta esta noche con el Che.

SOLDADO
[Francés]
Nosotros vamos de vacaciones, teniente coronel...

LAMBERT
[Francés]
En primer lugar el deber.

SOLDADO
(cabizbajo)
¡Is!

LAMBERT
¡Adiós, Che Guevara!

Jalando de las riendas, gira a su caballo y reemprende el viaje.
Tatu se rasca detrás del cuello.

TATU
Enérgico, ¿no?

Oscar levanta las cejas y tuerce la cara.

TATU
Lo único que descubrió mi identidad
de lo lindo, ¿verdad que sí?

OSCAR
...le acabó la vida.

TATU
Para eso la tenemos, Oscar, para acabarla. Fíjate
si entendieron bien estos pescados.

FIZI|1
(suena lejana “We shall overcame” por María Elena Walsh)

Pequeñito, surcando el ingreso a Fizi, el Mercedes Benz va despidiendo una nube de polvo. Es la ciudad más grande del oriente congolés. Las casitas de este lado pobre, primero desperdigadas, luego apiñadas hasta la fatalidad, mal terminadas o a medio caer, exhiben pintadas políticas. Puños rojos cerrados, banderas con las siglas del Movimiento de Liberación, retratos de negritos famélicos de panzas hinchadas y ojos enormes haciendo fila frente a una olla. Algunos niños salen al encuentro, corriendo por las calles. Dentro del camión los soldados se asoman a saludar, el Che les sonríe.
Junto al estacionamiento techado, el camión ingresa por el sendero pegado a la iglesia. Es angosto, de un lado bloque apilado, del otro la imaginería católica. Al llegar al patio donde flamea una bandera del Congo, la tropa está haciendo movimientos. Dando saltitos en el centro, con casco de motociclista y envuelto en una piel de leopardo, Mulele. Al ver el camión, suelta dos pitidos de su silbato y dispara varios tiros al aire. El pequeño batallón allí reunido imita a su jefe profiriendo gritos. Suficiente para sulfurar al Che. Los soldados bajan, Tatu señala al ebrio dentro de la caja, pero no le hacen caso.

FIZI|2 Mulele deja el casco sobre el gran escritorio de madera. Afuera cae un aguacero y todos están empapados. Es una construcción de doble altura y paredes revestidas con corteza de árbol. Oficia a la vez de despacho y depósito del cuartelito. Hay insignias colgadas y una piel de antílope con su cabeza. También una alfombra raída y dos mesas de rancho. Tatu está sentado sobre un tronco flanqueado por Oscarcito y Anzali. Mulele se tira en el sillón de burócrata y sube los pies a la mesa. Enciende un cigarro. El Che saca su pipa, la muestra como diciendo yo también quiero. Mulele invita a hablar.

SUBALTERNO
[Francés]
Mi jefe es todo orejas.

TATU
[Francés]
(agradeciendo)
Estuvimos tres meses en el campamento de
Lualaburg haciendo instrucción y mejorando
las instalaciones. Luego sucedió el accidente de
Mitudidi y nos quedamos sin Estado Mayor.
Más tarde, una vanguardia al mando de Mundandi
atacó Fort Bendera siguiendo las órdenes de Kabila
desde Dar es Salaam. Tuvimos algunas bajas y
comprobamos que no se intimida al enemigo tanto
como parecía. Hay cubanos en dos frentes: Moja
(y apoya un dedo sobre el pulgar), capitán, en
la zona de Bendera, y M’bili (y cambia enumerando
al dedo índice), también capitán, en Katanga con
Mundandi. Yo bajé desde el campamento para crear
un único frente que nos permita cortar los
suministros de las filas mercenarias
y atacarlos más organizadamente.

Luego desciende la cabeza afirmativamente, pidiendo al subalterno que corrobore entendimiento. Mientras el oficial obedece, Ernesto mira a su alrededor. Sobre una de las paredes, detrás de Mulele que parece escuchar atentamente, hay una bandera del Congo Belga, un mosquete del siglo pasado y una placa de la Compagnie du Congo pour le Commerce et l’Industrie. Una lagartija cruza por encima. Al verlo mirar allí, Mulele voltea su sillón giratorio y echa una ojeada a los elementos. Levanta ambos índices pidiendo permiso para cortar la explicación y se pone de pie, para lo cual se ve obligado a acomodar su capa de felino.

MULELE
[Francés]
(inesperadamente)
Esos son los trofeos de diferentes ataques.

Tatu se sorprende gratamente primero y luego asiente. Haciendo aparecer un dedo, Mulele señala la bandera.

MULELE
[Francés]
Esta insignia la arrancamos al enemigo
de una de sus misiones evangelistas,
en un asalto sorpresa.

Y encara a la audiencia gesticulando un gran esfuerzo para subrayar las vicisitudes del combate.

MULELE
[Francés]
El cura belga tenía este arma y la colgamos
aquí pues es una reliquia.

Luego hace un paso largo hasta la chapa pintada y la toca insistentemente.

MULELE
[Francés]
Esta es la compañía culpable de más
muertes en el Congo desde 1886.

Vuelve a levantar ambos índices enfatizando el dato.

MULELE
[Francés]
En esa ocasión tomamos prisioneros. Dos.

Lleva las manos a la espalda haciendo un silencio solemne y vuelve a su sillón, que traquetea cuando se sienta.

MULELE
[Francés]
Pero usted sabe cómo es aquí con los problemas
de disciplina, y murieron antes de llegar.
Esa fue nuestra última gran acción.

Ernesto parece que fuera a decir algo pero sólo asiente. Luego le pide a Oscar que continúe.

TATU
Dile que vinimos a buscar a Lambert para
pedir su ayuda y que también queremos saber si
él estaría dispuesto a crear una acción común.

Mulele, al escuchar el nombre, lleva la mandíbula hacia delante. Entonces la puerta de entrada se abre, golpeando contra un costado. El viento y la lluvia irrumpen. Simba ladra a la silueta, que recortada bajo el marco, chorrea agua por las alas del sombrero. Es Lambert que se lo quita y lo arroja sobre una de las mesas alargadas.

LAMBERT
(borracho)
¡Ben belé!

Da unos pasos ebrios hasta el centro de la sala y se cuadra magistralmente. Los cubanos se ponen de pie. Mulele se adelanta en el sillón y apoya ambos codos sobre la mesa.

LAMBERT
[Francés]
Mulele, pedazo de estúpido de Burundi, me voy a llevar
a estos cubanos conmigo antes de que caiga la policía
askari a tu pequeño cuartel de boy scouts.

Mulele se pone de pie como un resorte y apoyando las dos manos firmes sobre el escritorio, prorrumpe en una serie encadenada de insultos.

MULELE
[Francés]
Borracho, beodo, ebrio: ¡fuera de aquí!
¡Intento mantener una conversación seria
con estos camaradas!

Lambert corre a golpearlo, saca un garrote de su cintura y lo parte encima de la mesa. Los cubanos se abren, luego vuelven sobre él y lo toman por los brazos.

LAMBERT
[Francés]
¡Tonto sin cabeza, esclavo flojo!

Ambos quedan con los perfiles enfrentados, Mulele mirándolo con ojos envenenados. Los cubanos forcejean para retirar a Lambert, el subalterno intenta calmar a su jefe. Ernesto parece que va a bostezar, pero no, se ha quedado sin aire y se retira molesto hasta unos cubiles laterales. De espaldas a la discusión, inserta el vaporizador dentro de su boca y aprieta la ampolla. La lagartija lo mira hacer desde la pared de madera.

FIZI-M’BOLO Ernesto va más que malhumorado, apretado entre sus subordinados, protegiéndose de la lluvia como puede. Es noche profunda y una luna exigua cuelga sobre el monte. En lo alto de una loma el jeep se encaja y hay que bajarse a empujar. Una vez salidos del fango, todos vuelven a subir. Lambert se aproxima cabalgando hasta ellos, chifla avisando su presencia.

ANZALI
...Lambert.

TATU
...este me tiene podrido.

El jeep se detiene y el motor se apaga. El conductor, un congolés, intenta darle encendido cuando el teniente coronel llega como si disfrutara cabalgar bajo la lluvia. Señalando hacia delante en el camino, grita.

LAMBERT
[Francés]
¡Vamos a pernoctar aquí, en lo de un amigo mío!
Es adelante, a un kilómetro, (señala repetidas
veces) sobre este lado.

Guevara asiente, no del todo amable. Luego mira al conductor, que se inclina sobre el tambor de arranque, pateando el acelerador. Lambert ladea la cabeza y levanta una ceja, van a tener que caminar.

TATU
Bueno, andando, compañeros, ya llegamos, vamos.

Tomándose de la barra antivuelco del vehículo, se pone de pie, gira para levantar su mochila y salta al piso, cayendo sobre un charco.

TATU
La putísima madre que los remilparió, lluvia puta.

Lambert se ríe como un niño. Negando con la cabeza le indica al comandante que le pase al perrito. Lo alza, gira espoleando su caballo y sale al trote.

LAMBERT
[Francés]
¡Nos vemos allá!

Los soldados cubanos y el conductor congoleño terminan de acondicionarse y emprenden la caminata.

M’BOLO|1 Descienden por una escalerita de madera. Lambert va tropezando y apoyándose en las paredes de barro, lleva a Simba aupado. Intenta abrir la puerta y no puede, parece trancada. Le pega un patadón. Un gato aparece crispado y Simba se arroja al suelo. El felino se cuela entre las piernas, el teniente coronel llega tarde a bolearle el rabo. Luego sonríe a los hombres detrás de él. Tatu va último, todavía no entró al pasillito. Sin mirar al animal que huye, mantiene los ojos fijos en el congoleño.

LAMBERT
[Francés]
Por aquí...

La patrulla lo sigue. A sus espaldas hacen caras por lo mal que huele adentro.
Es una destilería de pombe. Hay unas piletas rectangulares de material, mohientas, llenas de líquido y está todo muy sombrío y húmedo. Se ven trepar algunos ciempiés.

LAMBERT
[Francés]
Permanezcan aquí. No habrá problema,
es de un amigo que destila
para Fizi. Yo salgo para Lulimba,
regresaré en la mañana.

Indica despejar una plataforma de material donde reposan varias garrafas con la bebida amarillenta para dormir secos. Tatu investiga el sitio caminando por entre los piletones. Aparta unos filtros de tela que cuelgan del techo para pasar. Se para sobre un cajón de Stella Artois y mira hacia afuera por el único ventanuco que hay. Da al patio de la casa aledaña, parece cerrada.

TATU
[Francés]
(sin volverse)
Bien. Gracias, teniente coronel.

Se baja del cajón. Los soldados ya quitan los botellones del rincón para amucharse a dormir. Una hilera de hormigas tigre se pierde en una grieta. Tatu gira su muñeca para mirar la hora.

TATU
Seis horas, dos guardias. ¿Quién va primero?

ANZALI
Yo.

TATU
(señalando por sobre su cabeza y a un costado)
Allá afuera, arriba.

El congoleño y Oscar se quitan los borceguíes y se recuestan. Ernesto, sin quitarse nada, se acurruca acomodando su mochila de almohada. Cierra los ojos.

TATU
(abriéndolos confundido)
¿Y Simba?

El pequeño maltés lo mira, se diría que angustiado.

TATU
Simba, ven aquí.

El cachorro se recuesta a un lado. Tatu extiende una mano sobre su grupa y se va al país de los sueños.
El fantasma de Camilo merodea los piletones, mirando a los hombres dormir sobre el piso. Hunde un dedo en el brebaje y se lo chupa. Hace una mueca de disgusto.

M’BOLO-KANYANJA Bajo el cielo tormentoso, la patrulla viene a un costado del camino en silencio. Simba adelante, ligerito. Es temprano aunque ya clareó, la vegetación diáfana alberga pájaros madrugadores.

(media docena de especies distintas se superponen)

Anzali vigila los alrededores. Oscar, el congoleño que anoche conducía, y los seis restantes que acompañan desde Katanga, vuelven a conformar la pequeña tropa del Che.
A un costado, aparecen entre el pasto kunai los bultos inmensos sobre las cabezas de unas porteadoras. Pocos metros antes de cruzarse con los soldados guardan silencio. Van con bebés sujetos a las caderas. Ernesto las saluda, pero no contestan. Una vez que pasan, retoman la conversación. El Che bosteza, estirando sus mandíbulas.

TATU
...bué, ‘tá bien.

Anzali se ríe. Contagiado, también bosteza.

TATU
Anoche tuve un sueño muy extraño. Sucedía
en lo profundo de la selva de Lualaburg: una
asamblea de animales se reunía a contarme la
historia del Congo en tono enciclopédico...
Me hablaban mirándome fijo, y aunque no
les escuchaba la voz...

(ruido de aviones lejanos)

TATU
(cruzándose en diagonal con la mano en alto)
¡Achalay! Métanse pa’dentro.

Ernesto toma a Simba entre las patas. En el apuro, los soldados quedan divididos a ambas márgenes del sendero. Se acomodan en cuclillas, con los ojos hacia el cielo.

TATU
(retomando)
...y hablaban una vez cada uno, lo más curioso es que
hablaban swahili y los entendía perfectamente.

Los compañeros lo miran confundidos, Tatu quiere terminar de contar su sueño.

TATU
Primero una pantera negra, brillante, hermosa...

(el ruido de los aviones se acrecienta)

TATU
...después la serpiente que me miraba fijo,
una cobra verde.

OSCAR
(que ya ha comprendido)
‘tá feo eso, Tatu...

TATU
Luego un monito. Me contaban como paulatinamente
cada linaje del Congo había sido avasallado,
como sus riquezas y sus hombres habían sido
explotados. ¡Ah! Y había una hiena, sentada sobre
sus patas, que me decía que el hombre blanco había
diezmado a los animales y se había llevado los
minerales, torturando a los pobladores del país.

Señala para arriba. La panza de la tatagua, a menos de mil pies de altura, se ve pasar clarita, las inscripciones de Fort Bendera en el tren de aterrizaje. Ernesto se pone de pie y suelta a Simba, que sale al camino.

TATU
¡Vayamos!

En medio del sendero de tierra se lleva las manos a la cintura.

TATU
(señalando)
Son dos. ¡Mirá, miren! Tiran papelitos,
¡‘tán tirando papelitos!
¡Como Batista, los hijos de puta!
¡Vamos, sigamos, muchachos!

Emergiendo cautelosos de los pastos, le dan alcance a la corrida. Anzali llega agitado.

TATU
(sonriéndole)
¡Como a Batista les va a ir!

ANZALI
¿Y? ¿Cómo terminaba?

TATU
Ah, ¿el sueño?

ANZALI
Ajá.

TATU
La pantera rugía y me pegaba un zarpazo. (risas)
Cuando me desperté, lo tenía a Simbita dándome
lengüetazos. (pausa) Salió jodedor el perrito.

ANZALI
Mal agüero, comandante, terminaba muerto...

TATU
(compasivo)
Uno muere donde puede, Anzali.
Ni dónde quiere, ni cuándo quiere. Donde puede.

Anzali mira a Oscar arrepentido. Su camarada lo observa como diciéndole jódete. Guevara sabe, pero sin prestarles atención aplaude hacia los congoleños, que vienen retrasados.

TATU
[Francés]
¡Vamos, vamos!

Anzali recoge un volante del piso. Tiene una mala foto, vieja, de Kabila. Por su aspecto desaliñado, seguro fue tomada en ocasión de ser detenido. Se lo alcanza a Guevara.

TATU
Típico: (leyendo en voz alta) que no colaboren con
la guerrilla que asesina, (salteando párrafos
despectivo) ...que no habrá paz... Que aquel
que denuncie será recompensado... (irritado niega
y señala con el mentón) ¿Y allá qué hay, Oscar?

Oscar corre en esa dirección, los papeles han quedado esparcidos, algunos enganchados al kunai. El cubano se agacha y, dudando, corrobora.

OSCAR
¡Arroz!

TATU
¿Sacos de arroz, tiran? ¡Pero si serán san puta!
¡Bueno, al menos vamos a almorzar otra cosa!
¡Recojan, Anzali! Dos o tres libras nada más...

El Che termina de leer el panfleto.

TATU
(reflexivo)
...esto sí que no deja de ser cierto...

De repente, unas explosiones lo obligan a levantar la vista. Más allá, en Kanyanja, adonde se dirigen, comenzaron a bombardear.

TATU
¡Son disléxicos para colmo, los hijos de puta!
¡Vamos, sigamos!

Todos reemprenden la caminata. Algún congoleño se inclina para agarrar un volante.

TATU
¡Carajo!

LA HABANA|1 El comandante Che Guevara garabatea con su lapicera plateada sobre la parte de atrás de un documento, ahorra papel. Hace unos gráficos de barras ilustrando lo que dice a los periodistas, ahora que puede dárselas de economista. Su uniforme oliva, brillantón, le va un poco grande. Le pica en el cuello.

CHE
[Inglés]
(mientras se rasca)
...de todo lo que tiene que ver con el trabajo
voluntario. Un sistema de horas, típicamente leninista.
Lo cual nos afecta a todos; yo, por ejemplo, voy los
fines de semana, me computan...

BERGQUIST
[Inglés]
¿Es cierto que tiene un récord?

Ernesto sonríe y toma el habano junto al cafecito. Lo sostiene en la zurda y enciende el fósforo con la derecha, haciéndose esperar. Luego, pitando, se reclina sobre el respaldar y miente.

CHE
[Inglés]
No lo es.

Se abre la puerta. Sin retirar el puro de su boca y aún con el rostro hacia la interlocutora yankee, gira nada más que los ojos. Burri le saca la foto famosa. Es Beatriz.

CHE
¡Beatriz!

Se pone de pie y sale a recibirla. Beatriz se queda tras la puerta.

BEATRIZ
Son once y media, comandante.

CHE
Bueno, pase, pase. Ya vamos a estar...
[Inglés]
(a los periodistas) ¿Deberíamos...?

BERGQUIST
[Inglés]
(hacia su fotógrafo)
Sí. Creo que será suficiente...

Burri rebobina el rollo sin mirarla. Con mucha destreza descarga y vuelve a cargar en un santiamén. Levanta la cabeza y se encoge de hombros. Parece no soportar al Che. Beatriz se decidió a entrar y baja la cabeza, saludando. Lleva carpetas y unos libros pequeños.

BEATRIZ
No se apure, yo lo espero en el aula...

Ernesto se dirige al escritorio, indicándole que aguarde. Habla por el intercomunicador.

CHE
Terminamos, Osvaldito...

OSVALDO
(por el parlante) Ya los acompaño.

CHE
[Inglés]
(y a los periodistas)
Hasta luego, entonces. Adiós, mejor dicho.
Muchas gracias.

Laura Bergquist se pone de pie. René Burri va hasta la puerta y se acuclilla en un rincón.

BERGQUIST
[Inglés]
Bueno, okey, entonces...

Ernesto va hasta atrás del escritorio y baja las luces.

CHE
[Inglés]
¿Sabe usted cómo se origina el término
okey, señora Bergquist?

A la pasada, recoge del escritorio sus cuadernos de africano, como los llama.

BERGQUIST
[Inglés]
No, no lo sé.

CHE
[Inglés]
Zero kills, en las comunicaciones
telegráficas de su guerra civil.

Gesticula amable para dejarla pasar.
Afuera, se reúnen con Beatriz, Osvaldo acaba de llegar y le conversa bajito. El Che se gira para cerrar la puerta cuando René vuelve a disparar su cámara desde adentro.

CHE
Usted es tremendo.

BURRI
(con acento)
Ya lo sé.

Se dan la mano. Laura lo saluda muy cortés, seguramente aliviada, y así se despiden. Osvaldo los acompaña. Beatriz y Ernesto encaran por otro pasillo.

BEATRIZ
¿Cómo le va con la fama, comandante?

CHE
Mal, pero hay que aprovechar para hablar.
Las fotos son lo de menos...

Pasan por una sala con un gran mapa de Cuba todo a lo largo.

(en un escritorio suena el teléfono)

Ernesto se detiene a atenderlo, le hace a Beatriz gestos de seguir.

CHE
Sí, soy yo. Ajá. (pausa) Ajá. De acuerdo.

Las novedades parecen no gustarle y se va a clase masticando un lapicito, con sus cuadernos en la mano.

(una cámara se dispara)

Ernesto gira, sorprendido.

CHE
¿Todavía por acá?

BURRI
(acento extranjero)
...tremendo.

El Che larga una carcajada. Osvaldo aparece intentando recapturar al fotógrafo suizo.

LA HABANA|2 En un salón pequeño, Beatriz dicta la clase. Hay unos pupitres de colegio dispuestos, pero la sala tiene la pomposidad de los despachos gubernamentales. Contra la pared con molduras, sobre un atril, hay un pizarrón con un mapa de África garabateado, diagramas de lenguas y nombres de autores.

BEATRIZ
...que sustituye el sistema de trata por el de
las compañías concesionarias, pasando de ser
la periferia de la periferia, como la llama Samir Amin,
a ser una zona de completa dependencia, origen de
productos baratos, con el correspondiente fin de
las tradiciones, hacia 1807. Es decir, el jefe negrero
que proveía de esclavos a cambio de aprovechar los
beneficios de la tierra de su comunidad,
y que aún conservaba las costumbres, se convierte
en sujeto colonizado, que adquiere las normas
del blanco, jerarquizando así una cultura ajena,
a la que quiere pertenecer, para salir de su
condición de oprimido. Esto produce lo que los
autores modernos llaman ambivalencia e hibridez...

Resulta curioso ver a Ernesto convertido en estudiante, tomando apuntes a medida que Beatriz habla o volviendo atrás las páginas de su cuaderno para preguntar.

BEATRIZ
...que al mimetizarse, representa, igualmente, una amenaza.

CHE
¿Por estar camuflado?

BEATRIZ
(se pierde y vuelve a sus apuntes)
Exactamente.

CHE
Me gusta eso de camuflado.

Se ríen.

BEATRIZ
Ya sé por qué. (retomando) Finalmente, hasta
llegar a nuestros días, en que podemos hablar
de una tercer África, la de las reservas:
los hombres son llevados fuera de sus poblados,
a las minas o a la selva, como mano de obra
para obtener la materia prima que abastece
a los países del primer mundo. El uranio de la bomba
de Hiroshima provino del Congo. Así la opresión
es económica, erigida, por supuesto, en siglos
de opresiones de esa y otra índole que han
ido variando...

CHE
No se van a ir más.

BEATRIZ
(inclinándose enfática)
No.

CHE
(pausa)
...a no ser que los boten.

BEATRIZ
Sí.

LA MISIÓN|1 En la cima de la loma, se erige, sagrada, la misión evangelista. Domina el paisaje a su alrededor delante de las estribaciones montañosas. Las lomas peladas a sus pies, una mañana soleada como esta, permiten ver el lago lejano y su bruma dorada.
Tatu se encuentra agazapado entre los matorrales, con Simba en brazos. Anzali vuelve a reunirse con ellos.

ANZALI
Ninguno quiere venir.

TATU
¿Qué hacen?

ANZALI
No sé, no pude entrar.

TATU
Vayamos.

OSCAR
¿No irán a tirar, no?

Ernesto no le contesta, sale primero. Simbita detrás, inocente.

(pájaros del entorno trinan alegres)

Ernesto le pega una chupada al vaporizador, la patrulla lo sigue sigilosa.
La iglesia tiene el pórtico cerrado, manotea el picaporte. Oscarcito lo detiene y le pide que se aparte, que abre él.

(el bullicio prorrumpe)

En la nave central todo recuerda a una festividad pagana. Han hecho un fuego quemando las bancas que se apilan en una enorme pira. A lo largo de ambos pasillos hay esteras con hombres tendidos. Nadie sale a recibirlos ni hace demasiado caso a su llegada. Unos muchachos juegan cartas sobre las escalinatas, otros se dedican a lavar ropa en una tina compartida y muchos no hacen nada. Subido a una de las columnas hay uno ocupado en desguazar imágenes religiosas, juntó a un lado varios santos y algún Jesús. Ernesto y sus camaradas miran azorados, los congoleños que los acompañaban se han dispersado entre la concurrencia, que debe rondar las cincuenta personas. Un enfermo gime en el confesionario. Delante del claustro trasero, un joven en cueros hace malabares colgado de una soga atada a una viga del techo. Hay varios hombres reunidos a verlo bajo la arcada que da al patio.
Allí se desarrolla un week-end. Todo el mundo se asolea semidesnudo, las armas abandonadas en tríos sobre sus cañones. Hay reposeras, gente fumando; un grupo discute por la posesión de una totuma de pombe y un borracho quiere trompearse con alguien que le hace burla y huye.

(una radio pasa un rock a todo lo que da)

Hay un monito que corre de aquí para allá, mientras un negro de barba larga manipula una serpiente. Simba le ladra enloquecido.

LA MISIÓN|2 Bajo la enramada, Tatu y Anzali comen bukali en platos de latón. Los soldados se han puesto a tocar congas y un doum-doum. También bailan, golpeando el piso con los pies. Anzali los mira maravillado, pero a Tatu no le gusta un carajo. Se pone de pie y sale hacia los árboles del fondo.

ANZALI
¿Adónde va, comandante Tatu?

TATU
(alejándose)
¡Me estoy cagando! ¡Y no me llames comandante!

Desatando su cinturón marinero, Ernesto se pierde tras los arbustos.
Tomándose de una rama baja, se acuclilla. En eso está cuando ve venir a Lambert, que entra cabalgando desde el interior de la iglesia. Anzali dejó de comer y se dirige a su encuentro. Intercambian unas palabras, el cubano señala hacia ahí.
Guevara regresa con paso ligero.

TATU
Ben belé, Lambert...

LAMBERT
(extendiéndole la mano)
¡Belé ben, muganda Tatu!

Ernesto se excusa de no dársela con gestos, se la refriega contra el pantalón.

ANZALI
[Francés]
Mató a un soldado enemigo.

TATU
[Francés]
(a Lambert)
¿Dónde?

Lambert señala vagamente.

LAMBERT
[Swahili y Francés]
Más allá, en los cultivos.

TATU
(asombrado)
[Francés]
¿Tan cerca?

El teniente coronel habla sin bajar del caballo.

LAMBERT
[Francés]
Estaba cazando y me lo crucé.

TATU
[Francés]
¿Cazando usted?

LAMBERT
[Francés]
No, él. Le disparé entre los ojos.

TATU
[Francés]
¿Lo enterró?

LAMBERT
[Francés]
(riendo)
¡No! Yo no toco a los muertos.

Ernesto lleva sus manos a la cintura, se ofusca pero no quiere hacer una escena.

TATU
[Francés]
Es necesario enterrarlo, teniente coronel.
Es necesario. Puede ser visto por sus camaradas.
Sabrán que nosotros estamos por aquí, vendrán a
buscarnos (señalando a su alrededor) y no
tendremos cómo responder.

LAMBERT
[Francés]
Voy a traer más soldados en la tarde, ya lo arreglé.

TATU
[Francés]
Me parece bien. ¿Cuántos?

LAMBERT
[Francés]
Sesenta.

TATU
(a Anzali)
¿Sesenta dice?

ANZALI
Me pareció...

TATU
[Francés]
(de vuelta a Lambert)
¿Sesenta? ¿Formados?

LAMBERT
[Francés]
No, pero con buena disposición.

TATU
[Francés]
Bien. Los esperaremos entonces y luego saldremos
para el campamento de Moja inmediatamente,
no podemos permanecer aquí.

LAMBERT
D’accord.

Lambert espolea su caballo dispuesto a irse nuevamente cuando Tatu lo retiene por el freno.

TATU
[Francés]
A ese soldado enemigo es necesario enterrarlo.

LAMBERT
[Francés]
Está bien, muganda, está bien. Lo haré; o
lo haré hacer, mejor.

TATU
[Francés]
(luchando con el caballo)
Es peligroso que quede ahí.

LAMBERT
(impacientándose)
D’accord.

Y sale taloneando su montura.

TATU
(volviendo la vista al caos reinante)
¿Te quedaste con hambre, Anzali?

ANZALI
Vivo con hambre, Tatu.

TATU
¿Tú estás con cagalera, como yo?

ANZALI
Cuatro veces cagué hoy.

Se vuelven a sentar, Tatu levanta el plato del suelo. Se arrepiente, la yuca está fría y sus manos todavía sin lavar. Prende un resto de habano escondiéndolo dentro de su campera, por el viento.

TATU
(pitando)
¿Cuatro, nada más? Yo fui más de diez.
Tengo el culo como un mandril.

Anzali se mata de risa, Ernesto ya que está, también. Oscarcito llega de la iglesia con mala cara.

TATU
¡Oscar! ¿Ya volviste?

Se sienta. Los congoleños que lo acompañan dejan sus armas apiladas y se retiran, hartos de escuchar planes logísticos.

OSCAR
(indicando con el mentón a los platos)
¿Se lo comieron todo?

Anzali se pone de pie.

ANZALI
Yo te lo caliento.

OSCAR
Gracias.

TATU
¿Qué se cuenta?

OSCAR
Más o menos. Le aviso que guardia no hay ninguna...
Aquí estamos con el culo al aire...

TATU
¿Los de la atalaya se fueron?

OSCAR
Dejaron una raya.

TATU
¿Qué pasó?

OSCAR
Escucharon unos tiros y se fueron. Los askaris
cazan por aquí cerca.

TATU
Me dijo Lambert, mató a uno. ¿Y por eso se fueron?

OSCAR
De seguro...

TATU
¡Será posible! (para sí) Nos vendieron un tranvía...

OSCAR
Es tierra de nadie, Tatu, en cualquier momento
nos caen arriba y aquí no queda ni Dios,
como diría mi abuela...

TATU
Dios hace rato que no viene por estos lares...

Anzali llega con un plato humeante, Oscar lo recibe con una mueca irónica.

TATU
Nos vamos pa’ lo de Moja.
(mirando alrededor)
¿A mi perrito lo vieron?

Los soldados niegan.

(comienza a sonar “Templo” de Chico César)

Ernesto se pone de pie, buscándolo por el patio, pero Simba no aparece. Corre hasta el tapial del fondo, llamándolo, y nada.

(se escuchan unos ladridos)

A un lado de la arboleda, frente a un cobertizo de madera, el negro de barba reza como musulmán. Los ladridos provienen de adentro, la puerta está entornada. Ernesto pasa a un lado y entra sin pedir permiso.
Simba le ladra a la serpiente, erecta sobre su parte posterior, dispuesta a atacar. Se zafó de su canasta y el maltés se defiende nervioso. La cobra abre las mandíbulas anunciando la contrición de su mordedura. Ernesto pega un salto y recoge a su perro del suelo, quedando contra la pared, enfrentado a la cipó. Entonces entra su dueño y tomando una manta del piso, se la arroja encima. Caminando de costado, Ernesto se excusa con la mirada, resoplando de alivio.

KALONDA KIBUYE|1 Oscarcito observa por los binoculares. Está en lo alto de la lomada tras una piedra, donde apoya los codos.

OSCAR
Son gente nuestra.

TATU
¿Seguro?

OSCAR
...si ese no es Aragonés, que me parta un rayo.

TATU
(gira el torso apoyándose contra la piedra)
Cagamos. ¿Qué carajo hace este gallo por acá?
(para sí) ¡¿Cómo puede ser, Fidel?!
¡Pero qué presente griego, viejo!
(al soldado) Chíflales, Oscar.

Oscar sale al sendero y chifla con dos dedos.
En la loma siguiente, las siluetas se ocultan.
Oscar levanta un brazo y lo agita en el aire.
De enfrente, contestan el silbido de igual manera y también agitan los brazos. Son más de quince.

TATU
(malhumorado)
Vamos, vamos.

Las pequeñas siluetas se encuentran en el camino, debajo de las innumerables montañas de Ugoma. Entre la decena de Ernesto y los quince de Fernández Mell componen una columna.

TATU
(terminando un abrazo corto)
¡Qué sorpresa, por acá!

FERNÁNDEZ MELL
¡Comandante! ¿Cómo le va, compañero de armas?

TATU
Eh, siempre se puede estar peor. Pero bien.

FERNÁNDEZ MELL
Optimismo, hombre, la lucha es así.

TATU
No, sí, por supuesto. ¿Cómo lo bautizaron?

La enorme figura de Aragonés surge de entre el grupo, el Che lo toma de las mejillas, también se abrazan.

ARAGONÉS
¡Siki, le pusieron, quiere decir vinagre!

Y al separarse, el hombre tira una cachetadita benévola al rostro efectivamente avinagrado del camarada, que la esquiva moviendo sólo el cuello. Todos ríen.

FERNÁNDEZ MELL
(disgustado)
Y a él, ¿sabes cómo?

Ernesto niega y sonríe anticipándose al desquite.

FERNÁNDEZ MELL
¡Tembo! ¡Por el sobrepeso!

Siki toma a Tatu del brazo y lo aparta por el camino, llama a Tembo con dos dedos. Los soldados se quedan conversando, alguno convida cigarrillos. Se sientan en la escarpada, sobre las piedras.
Ernesto se quita la boina, se peina la pelambre y se la vuelve a poner. Tembo lleva las manos en los bolsillos de la chaqueta. Siki saca un Cohíba.

FERNÁNDEZ MELL
Para usted, ¿Tatu, no?

TATU
(recibiéndolo)
¡Gracias! Así es mi nombre aquí.

FERNÁNDEZ MELL
Coño, en África... ¿quién nos lo hubiera dicho?

ARAGONÉS
Juntos, como antes.

FERNÁNDEZ MELL
Todos blanquitos...

TATU
¿Les hicieron problema para entrar?

FERNÁNDEZ MELL
No. Veníamos preparados para tener
que regresar si no era posible...

Siki se detiene en una gran piedra al costado de una curva del camino, que baja desde ahí hasta la próxima lomada. Hay un poco de sombra, también. Tembo convida fuego.

ARAGONÉS
Aquí tiene, comandante.

Ernesto asiente y pega la primera pitada.

TATU
Yo a mis hombres los relevé de llamarnos
por los grados, aquí. Como se suponía que veníamos
a instruir, a colaborar...

FERNÁNDEZ MELL
¿Se suponía, no?

Tatu mueve la lengua dentro de la boca, sopesando la respuesta.

TATU
(mirando reflexivo al camino)
Sí. Estamos haciendo más nosotros que ellos.
(volviendo a Siki) ¿Ustedes no vendrán a decirme
que me vuelva a Cuba, no?

ARAGONÉS
¡No, Ernesto, no!

FERNÁNDEZ MELL
Pero trajimos carta de Fidel. ¿Usted va donde Moja?
Sería bueno reunirnos todos, ¿le parece bien?

TATU
Sí, nosotros íbamos para allá.

FERNÁNDEZ MELL
Cuando lleguemos se la doy, ¿queda lejos?

Ernesto niega y se apresura por volver a su mochila, que quedó con el grupo.

TATU
¡No! Permiso, me voy a cagar.

Siki y Tembo se matan de risa.

TATU
(alejándose)
¡No se rían, que ya les va a tocar!

KALONDA KIBUYE|2 Ernesto abolla la carta no bien termina de leerla. Después chasquea la lengua, y arrepentido, vuelve a alisar el papel sobre su falda. Le pasa las manos por encima y es peor, lo mancha vaya a saber con qué. Luego se entretiene despellejándose los dedos y limpiando sus uñas. Víctor Dreke entra en la cabaña.

MOJA
¿Muerto de frío, Tatu, eh?

TATU
¡Mojita! (señalando una estufa de kerosén)
No, si con eso se está bien.

MOJA
¿Ya no juegas más al ajedrez?

TATU
¡¿Tienes uno?!

MOJA
(creando suspenso)
Te pregunté si juegas...

TATU
Andá que no... me encantaría jugar
una partida, ¿tienes o no tienes?

Por detrás del marco de la puerta, saca uno, plegable, de mesa. El Che da un aplauso y refriega sus manos. Se levanta del camastro donde leía.

TATU
¿Dónde lo ponemos?

MOJA
Ahora vengo, voy a buscar algo para apoyar. Ármalo
si quieres. Te advierto que estoy muy afilado.

TATU
No creo que tengas más hambre que yo,
lamento informarte.

Moja sale sonriendo. Tatu apoya el tablero sobre la cama y agachando la cabeza, como un niño fascinado con juguete nuevo, comienza a acomodar las piezas cariñosamente. Los caballitos alineados, los alfiles con el gorro frigio para el mismo lado, cada uno al centro del escaque.

(suena de César Franck “Preludio fuga y variaciones”)

TATU
(en off)
Querido Fidel, recibí tu carta que provocó en mí
sentimientos contradictorios, ya que en nombre del internacionalismo proletario cometemos errores
que pueden ser muy costosos.

Juegan ajedrez, el ex argentino mientras fuma un puro. Moja se toma la cabeza, Tatu pita contento.

(en off)
Además me preocupa, que ya sea por mi falta de
seriedad al escribir o porque no me comprendas
totalmente, se pueda pensar que padezco
la terrible enfermedad del pesimismo sin causa.

En una cabaña se celebra otro concilio, Tatu larga la bocanada antes de hablar. Están todos aguantando su arenga elegantemente: Moja y M’bili, Mundandi, Lambert, Mulele, Tremendo Punto... Detrás suyo, los altos mandos del partido, Siki y Tembo. Ernesto lleva el índice en alto, dando un claro ultimátum. Entre los africanos corren las miradas, algunas resentidas, otras esquivas.

(en off)
Puedo asegurarte que si no fuera por mí este
bello sueño estaría desintegrado en medio de la
catástrofe general. Paso a explicarte. En mis cartas
anteriores les pedía que no me mandaran mucha gente
sino cuadros, les decía que aquí no hacen falta armas,
salvo algunas especiales, sino al contrario,
sobran hombres armados y faltan soldados...

Tembo arrincona a Tatu contra la pared, le habla tomándolo del hombro. El guerrillero replica, señalando hacia fuera, insistiendo en su postura. Tembo, agobiado, lo suelta. Le da la espalda negando con la cabeza. Tatu lleva un resto de habano a su boca, pero se encuentra con que está apagado. Enojado, lo tira lejos.

(en off)
...y les advertía muy especialmente sobre la necesidad
de no dar más dinero sino en cuentagotas y después
de muchos ruegos. Ninguna de estas cosas ha
sido tomada en cuenta...

Desde la puerta de la cabaña, Tatu y Tembo miran partir a los camaradas congoleños y ruandeses. Algunos de ellos se entretienen intercambiando opiniones con sus pequeñas tropas alistadas. Lambert, en cambio, espolea su caballo en dirección a la bajada.

(en off)
...y se han hecho planes fantásticos que nos ponen en
peligro de descrédito internacional y pueden dejarme
en una situación muy difícil.

Ahora es de noche y sólo quedaron los cubanos junto a un fuego. El Che, cruzado de piernas, está sentado como uno más. Discute acaloradamente con Anzali. Le hace que no con el dedo, indignado. Luego estira el brazo, señalando más allá para referirse a un suceso pasado. Dos de los soldados murmuran sin mirarse. Siki restriega una brizna de kunai, observando vigilante.

(en off)
En el país sólo existen bandas desconectadas que
sobreviven en la selva; todo lo perdieron sin
combatir, como perdieron sin combatir Stanleyville.
Esto no es lo más grave, sino el espíritu que reina
entre los grupos de esta zona.

Por el desfiladero, minutos antes de salir el sol, las siluetas armadas marchan en fila.

(en off)
Las disensiones con Kabila son cada vez más serias
y se toman como pretexto para seguir entregando
ciudades sin combatir. Conozco a Kabila lo suficiente
como para no hacerme ninguna ilusión sobre él,
pues tengo algunos antecedentes como son la ristra
de mentiras...

La columna de treinta hombres revisa el poblado abandonado. Las cabañas quemadas, algún animal de cría con la pata estirada. Los que inspeccionan bajo los aleros y en los corrales desiertos se encuentran con caras sin novedad en medio del sendero. Oscar aparece con dos gallinas gordas bajo los brazos. Otros soldados se giran de un cadáver campesino a mirar.

(en off)
...que les endilga a los suyos, el hecho de que no
se digna venir por estas tierras malditas de Dios,
las frecuentes borracheras que se pega
en Dar es Salaam donde vive en los mejores hoteles
y la clase de aliados que tiene aquí contra el otro grupo.

Las manos sucias señalan un mapa de pliegues gastados. Ernesto y Siki levantan la vista para orientarse. Un congoleño insiste en que hay que ir para donde él dice e indica la ruta, luego se retira colérico. Tatu levanta las cejas hacia su compatriota, tomando el riesgo.

(en off)
Con respecto a elegir bien a los hombres y
no mandarme cantidad, tú me aseguras con el comisario
que los que hay aquí son buenos; estoy seguro de
que la mayoría son buenos, sino estarían
rajados hace mucho. Pero para aguantar las cosas que
suceden aquí, no se trata de hombres buenos,
sino de superhombres. Créeme que esa gente sería
perjudicial en este momento, a menos que resolvamos
definitivamente luchar nosotros solos.

Tatu está desbocado, gesticula hacia todos lados, profiriendo gritos mientras Anzali se retira lejos en la selva. Lo conmina a regresar y el soldado vuelve iracundo. Ernesto contiene la respiración, mirando hacia un costado. Saca el inhalador del bolsillo, se da una dosis, y sigue su diatriba, señalándolo con el dedo. Los congoleños se matan de risa. Les grita a ellos también, exigiéndole al traductor transmitir textualmente el reto. Los soldados escuchan y carcajean de nuevo.

(en off)
Pero el número no importa en este caso,
no podemos liberar solos un país que no quiere luchar,
hay que crear ese espíritu de lucha y buscar los soldados
con la linterna de Diógenes y la paciencia de Job,
tarea que se vuelve más difícil cuanto más comemierda
que le haga las cosas encuentre esta gente en el camino...

Un jefe petisito encara a Moja, Tatu y Siki. Detrás se ha quedado el resto de la tropa con M’bili. El africano, un bantú, abre su boca desdentada sonriendo avergonzado luego de acariciar a Simba en brazos del Che, quizás nunca haya visto un perro así. Los lugareños abren las cajas de madera haciendo palanca con las puntas de sus lanzas. Dentro hay conservas apiladas. Ernesto señala detrás, indicando a Moja que elija dos soldados.
Reparten los bienes al borde de una lengua del lago, atardece. El jefe formó a sus caras-amarillas. Elevando las conservas en el aire, los cazadores bailan agradecidos mientras que unos niños cantan y golpean huesos y palos.

(en off)
El asunto del dinero es lo que más me duele
por lo repetida que fue mi advertencia. En el colmo
de mi audacia de “derrochador” después de llorar
mucho me había comprometido a abastecer un frente,
el más importante, con la condición de dirigir
la lucha y formando una columna mixta especial bajo
mi mando directo. Para ello, calculé, con todo el
dolor de mi alma, cinco mil dólares por mes.

Es de noche y han llegado a una pequeña aldea, una lumbre titila en el patio central y algunas más pequeñas a la entrada de una de las cabañas. Allí, sentada junto a una olla humeante, una vieja se lamenta al cielo. Los niños reunidos no le hacen caso, pero observan graves y callados hacia el interior.
Ernesto y Siki están en cueros, hay muy poca luz dentro y se ayudan con linternas para iluminar el cuerpo. Sus manos abren una camisa empapada en sangre. Bajo la prenda enrojecida, sobre el abdomen inflamado, la piel abierta deja ver los órganos. Los dos médicos voltean las caras hacia afuera, buscando aire. El herido grita como un marrano. Lo operan, uno con la linterna en la boca, el otro siendo iluminado por un camarada. Más allá, una mujer joven se cubre la cara con el borde de su pareo.

(en off)
Ahora me entero que una suma veinte veces
más grande se les da a los paseantes de una sola vez,
para vivir bien en todas las capitales del mundo
africano. A un frente miserable, donde los
campesinos sufren todas las miserias imaginables...

Clarea cuando la morena sale de la cabaña. Llora desgarrada, gesticulando su sufrir en forma extraña. La vieja se pone de pie y va tras ella. Uno de los niños, que durmió afuera, abre sus ojos, temiendo lo peor.

(en off)
...incluida la rapacidad de sus propios defensores, no
llegará ni un centavo; el whisky y las mujeres no
figuran en el rubro de los gastos que cubren
los gobiernos amigos y eso cuesta,
si se quiere de calidad.

Enesto señala con ambas manos meterse en la trinchera, pero el joven congolés dice que no.
M’bili baja furioso del camino seguido por Bahaza, cabizbajo.
Los cubanos, cavando a un costado con palitas Lineman, se detienen a mirar la que se viene hablando por lo bajo. El Che desatiende al renegado al ver a Bahaza llevando las manos en los bolsillos. M’bili lo señala y expone una situación. El artillero cubano da explicaciones entre remilgos. Ernesto deja caer la cabeza, apesadumbrado.

(en off)
Confíen un poco en mi criterio y no juzguen por
las apariencias. Sacudan a los encargados de dar
información veraz, que no son capaces de desentrañar
esta madeja y presentan imágenes utópicas, que nada
tienen que ver con la realidad. He tratado de ser
explícito y objetivo, sintético y veraz. ¿Me creen?

COELLO
Lo que yo digo, Tatu, es que hubiera convenido
atrincherarnos más arriba.

TATU
¿Qué quieres que haga, que lo transporte ahora,
que les diga que muevan todo este quilombo para allá?
¡Si no puedo convencerlos de que hagan tres
putas trincheras, Coello!

BAHAZA
(en voz baja)
...las trincheras no las cavan por superstición.

Ernesto gira la cabeza lentamente.

TATU
Bahaza, vos no abras el pico que estoy pensando
en dejarte sin comer.

BAHAZA
Haga como le parezca.

TATU
Yo no te pregunté cómo querés que haga
las cosas, Bahaza. Tres días sin comer.

BAHAZA
...si usted no quiere entender cómo piensan
éstos hombres.

TATU
¿A ti te parece que no quiero entender?
¡Cuatro idiomas hablo durante el día para entender!

M’bili está visiblemente incómodo, pero no interviene.

TATU
¡Hace medio año que aguanto lo mismo que ustedes!
¡Y no abandoné ningún cañón!

BAHAZA
Estaba solo, comandante.

TATU
¡No me dores la píldora, qué comandante! Y no estabas
solo. Tenías que retroceder hasta la cabeza de playa
y pedir ayuda. M’bili (lo señala) y tres o cuatro
congoleños estaban ahí mismo. ¡Y para colmo te
rajaste por una pelotudez, Bahaza!
¡Estaban cazando, coño!

Tatu le da la espalda, dando por acabado el asunto. Se encuentra con Coello, que observa.

TATU
Coello, ¡volvamos a lo del agua! No te me
insubordines vos también.
(sin volverse y atenuando la voz)
M’bili: ya sugerí castigo, ¡vayan!

Mira si alguien más está oyendo, y sí, todo el mundo está oyendo. M’bili toma al soldado del brazo llevándolo camino arriba nuevamente, Bahaza obedece entristecido. Tatu se da vuelta.

TATU
(en voz alta)
¡Bahaza! ¿Por qué dijo superstición?

El moreno, girándose, lo mira amoscado.

BAHAZA
¡Se rehúsan a meterse en huecos cavados por ellos
mismos, le tienen miedo a los muertos!

El congoleño antes reprendido levanta el mentón, altivo, entendiendo que lo defienden.

TATU
(a M’bili)
¡Qué sean dos días, entonces, por la información!

M’bili asiente; Bahaza no, sigue caminando.
El soldado congolés clava la palita en el suelo.

CONGOLEÑO
[Swahili]
(con determinación)
¡Sin comida, no hay trabajo!

Y se va.

MISIMA|1 Sentados en hamacas transversales, Videaux escucha el dictado de Aly. Transcribe sobre su falda, apoyando la carta en un trozo de madera que usa como escritorio.

KISUA-KITAMBO
(interrumpiéndolo)
Espéreme, capitán...

ALY
‘tá bien, disculpe. Yo porque no puedo escribir
sin faltas de ortografía... ¿Dónde nos quedamos?

KISUA-KITAMBO
Eh, (y lee) “...menos para nosotros por desconocer
con claridad el idioma y tratarse todo esto en una
asamblea en la cual no participamos pero él sí.”

ALY
Exacto. Entonces...

Por la puerta, llega un congolés a toda velocidad y tiene que frenarse para no chocarlos.

CONGOLÉS
[Swahili y Francés]
(aterrado)
¡Guardias armados! ¡Flamencos!

Los dos cubanos se ponen de pie. Aly va hasta la cartuchera con la pistola, colgada del tronco central de la cabaña. Kisua-Kitambo encara al soldado.

KISUA-KITAMBO
[Francés]
¿Dónde?

CONGOLÉS
[Swahili]
Por el camino, vienen de Misima. Peligro, Kisua...

KISUA-KITAMBO
Parece que atacaron abajo, el poblado.

Aly mide al congoleño. El hombre se queda esperando una orden y recuperando la respiración.

ALY
(a Videaux)
Sal para la loma con todos los que puedas.
Toma posiciones y evita que la dominen.
Espérame hasta que yo llegue con la tropa.
(y al congolés)
[Swahili]
¡Venga aquí!

El soldado sale tras Aly. Kisua manotea la carta que estaban escribiendo y la guarda mientras observa a su alrededor qué llevarse. Carga el fusil y unas cajas de balas. Duda segundos, toma un morral, guarda unas latas y unas barras de chocolate y ahora sí sale.
Afuera ya hay zafarrancho de combate, es un campamento más chico que los anteriores. Alrededor de la única choza se levantan unas carpas en semicírculo. Kisua se llega hasta Bahaza, que está cargando su mochila.

KISUA-KITAMBO
Salimos pa’rriba, Bahaza. Junta a los hombres.

Bahaza asiente. Llueve finito, su cara intentando escudriñar a su superior se llena de gotitas. Kisua pega un par de gritos, Bahaza revisa en las carpas. Ocho soldados presentan armas. Bahaza se forma a un lado, viene con otro. El teniente hace una revisión rápida.

KISUA-KITAMBO
¿Qué hace descalzo, soldado? ¡Busque algo y suba con el
capitán después! (el soldado sale esquivando charcos)
¡Hay ataque belga o askari en Misima! Si suben, hay que contenerlos. Ahora salimos pa’ la loma. Desde aquí
silencio total. (le indica a Bahaza que ya puede traducir)
Fuego graneado sólo con indicación previa, d’accord?
¡No disparar, no hablar, ir juntos!

Bahaza termina de traducir y asiente.

KISUA-KITAMBO
Bueno, silencio, ¡vamos!

Por un costado de la choza, se internan en la selva.

MISIMA|2 Va atardeciendo. Desplegados de a tres han tomado la loma. Un sol rojo muy tenue se esconde entre las nubes plomizas. En uno de los grupitos fuman en silencio, pasándose el cigarrillo y haciendo una cuenca con la mano para tapar la brasa. Más allá, Kisua abre unas latas, qué suerte que las trajo.

VOZ
(en voz alta atenuada)
¡O-palele!

Los que están fumando giran a ver. El que quedó en posesión del cigarro lo apaga, los demás se acuclillan y toman sus armas. Bahaza mira hacia Videaux, él le levanta una mano.

BAHAZA
¡A-meri-miki-toque!

VOZ
¡Alopa-alopa-alopa!

Kisua-Kitambo corre agachado hasta allí, su fusil colgando al ras del piso.

BAHAZA
¡Son los nuestros!

Por entre la mata emerge la columna, con Aly adelante. Videaux los va atajando, derivando a la soldadera hacia los distintos puntos de la lomada. Dos llegan con un cañón 75 milímetros, lo hace dejar ahí, junto a Bahaza.

KISUA-KITAMBO
(en un susurro agresivo)
Este no lo abandones, Bahaza.
Es tu oportunidad de salvar el honor.

A Bahaza no le gusta en lo más mínimo el comentario, pero se lo traga.

ALY
(en voz muy baja)
Son como trescientos, en su mayoría mercenarios.
Traen fusiles, aunque más abajo puede que tengan
morteros o algún cañón. Le metieron candela a Misima
y liquidaron a la avanzada nuestra o se apendejaron,
no lo sé. Vamos a hacer así (y junta ambas palmas por
los dedos mayores formando una cuña) ¿De acuerdo?
Silencio total. Los morteros atrás, a unos quince metros,
los tiradores se quedan aquí, donde usted llegó,
Kisua. Y nosotros dos y tres o cuatro enlaces, a la
vanguardia. Silencio. No se tira un solo tiro hasta
que yo dispare. ¿Estamos de acuerdo?

KISUA-KITAMBO
Cien barra cien.

Se dispone a irse cuando Aly lo toma de una pierna.

ALY
¿Trajiste algo de comer?

MISIMA|3 El viejo tiene, extrañamente, un aspecto que se diría simpático, con esa camiseta de tenis rayadita bajo el chaleco militar; pero es un mercenario a todas luces y capitanea el batallón. Su boina, alta de un lado sobre su cabeza cana, luce un escudo con la orden de la corona belga. Detrás de él, sobre el camino, hizo aparcar a cinco Z-1 de donde todavía bajan soldados. Junto a él, un hombre joven perfectamente uniformado fuma asqueado. Le pide que le convide fuego antes de tirar la colilla y enciende un Pall Mall de los suyos y la devuelve con una elegancia asombrosa. El más joven la descabeza contra la suela de la bota y la guarda en el bolsillo de su camisa almidonada.
Unos metros más allá, una patrulla de exploración sale al camino y enfila hacia los camiones. Los dos hombres van a su encuentro, conversando risueños. A medida que se aproximan, los negros se van formando. Cuando se encuentran, el superior cambia completamente de postura, clavando sus dos ojos feroces en la mirada del askari que comanda.

CAPITÁN BELGA
[Francés]
¡Situación!

ASKARI
[Francés]
(sin poder evitar ponerse nervioso)
Hay un campamento, como de cien. Sin movimiento.

CAPITÁN BELGA
[Francés]
¡Distancia!

ASKARI
[Francés]
(calculando)
...tres kilómetros.

El askari se vuelve hacia uno de su patrulla e intercambia unas palabras. El capitán belga lleva sus ojos apenas a mirar al otro, verificando la discusión.

ASKARI
[Francés]
Sí, tres kilómetros.

CAPITÁN BELGA
[Francés]
De acuerdo, descanse. Reúnanse con el batallón.

El sargento askari se cuadra y sale, seguido por los suyos. Los dos militares se miran entre sí y recuperan las sonrisas.

CAPITÁN BELGA
[Francés]
Un campamento clave del lago,
¡prepárese para volver a Flandes!

El otro estalla en una carcajada. Comienzan a caminar de regreso.

SUBALTERNO
[Francés]
¡Vaya llamando a su mujer!

El capitán cambia contrariado y lo mira con severidad. El otro se disculpa con un gesto inmediatamente.

EL CAMPAMENTO|14 Kumi y Coello vienen haciendo los tontos. El médico imita a un rengo mientras el cocinero extiende su chaqueta hacia ambos lados, interpretando una cara monstruosa. El Che, sentado aparte en su rama favorita, levanta la vista de un ejemplar de “La odisea”. Se impacienta un poco, pero los otros dos, seguidos además por Dreke, Tamayo y Norberto, no cejan. Tatu se pone de pie, introduciendo el dedo índice donde estaba leyendo. Los cubanos se abren. Dreke, sobre las manos en bandeja, lleva una torta. Ernesto mira hacia los costados. Han prendido una vela encima, demasiado larga.

TATU
No, compañeros, yo...

TODOS
(cantando)
Felicidades, Tatu, en tu día,
que lo pases con sana alegría,
muchos años de paz y armonía...
¡Felicidad, felicidad, felicidad!

Ernesto respira hondo, baja el mentón y abre bien los ojos. Avergonzado, espera a que terminen. Les hace, incluso, gestos de bajar la voz.

TATU
Gracias, che. Muchas gracias, camaradas.

Se acerca a investigar la torta. Todos lo quieren abrazar, lo besan y le toman los antebrazos. Él extiende sus manos, toca mejillas.

TATU
...pero no deberían, compañeros.
(apaga la vela y unta un dedo en la cobertura de limón)
¿Qué pensaría de nosotros Fidel,
si se entera que una vez por mes estamos de fiesta?
(la prueba) Además con los huevos de una torta
alimentamos a diez. Está riquísima.

COELLO
Pero comandante, sólo porque es usted.
No le vamos a festejar a Kumi, también.

Todos ríen.

TATU
¿Kumi cuando cumple?

KUMI
Ya cumplí, el primero de mayo. (pausa) Lo pasé aquí.

TATU
Todos vamos a cumplir aquí, Kumi.

Se hace un silencio breve, Coello retira la torta y la apoya sobre un tronco caído para cortarla.

COELLO
¿Cuántos son?

TATU
Treinta y siete.

Le hace alcanzar el primer pedazo por Kumi.

KUMI
Uh, parece más.

Ernesto lo toma por los hombros, apretándolo, y agarra la porción. Tamayo se acerca y le extiende la mano.

MISIMA|4 Bahaza descarga tensión. Respira hondo y larga el aire despacito. Kisua-Kitambo pasa a un costado corriendo, como en las dos últimas horas, y baja la cabeza. El artillero asiente mientras estira sus manos entrelazadas. El teniente le sonríe.
Luego corre lomada abajo, la luna ya está alta. Sortea las primeras raíces después de la pelada y con el fusil aparta las hojas de un banano para arrodillarse junto a Aly.

ALY
(en un susurro enérgico)
¡‘tán abajo! ¿Todos listos?

Kisua asiente. Descorre el seguro de su Super FAL. Cierra los ojos un segundo y respira profundo, llevándose calma. Cuando los abre, Terry lo está mirando sonriente.

ALY
Suerte, cojones.

Kisua-Kitambo se acuesta sobre el piso, despacio, y cambia de actitud, ahora es una verdadera cabeza pensante. También sonríe. Aly ya se colocó los binoculares.

ALY
Seis por tu flanco... (paneando los largavistas)
...adelante unos diez... (paneando) ...seis por el mío.
Yo disparo adelante, tú a tu lado. Patria o muerte.

Sin apartar la vista de la mira que acaba de corregir, Videaux contesta.

KISUA-KITAMBO
Patria o muerte, Aly.

Y primero Aly, luego Kisua, efectúan cuatro ráfagas, de varios tiros cada una. Luego se detienen y levantan la vista.

(se oyen los morterazos y un único cañonazo)

ALY
Tiró nuestra artillería. Ahora los fusiles.

(varias descargas cortas)

ALY
¡Bien! Ahora nosotros de nuevo.

Ambos vuelven a disparar.

KISUA-KITAMBO
¡Aly, a tu derecha! ¡Dos!

Aly corrige y tira.

ALY
Cayó. La avanzada está toda emboscada.

Bahaza termina de cargar, cierra la culata como puede. A su lado, dos artilleros se ovillan de cuclillas mientras tapan sus oídos con las manos enguantadas. El cubano da unos pasos hacia atrás. Se inclina de costado cuando el cañón dispara. Sus auxiliares se incorporan, mientras uno endereza el carter, el otro saca un proyectil de la caja. Bahaza ya tiene el 75 milímetros abierto.

BAHAZA
¡Cinco y corrijo!

Uno de los hombres levanta la palma totalmente abierta hacia el otro y luego hace una barra y un tres con los dedos. Los hombres se cubren del ruido y del culatazo nuevamente.
Videaux llega subiendo hasta ellos.

KISUA-KITAMBO
¡Alto el fuego, vamos a bajar! Ganen cincuenta
metros, Bahaza. ¡Los estamos corriendo!

Sale a buscar a los tiradores esparcidos por la lomada. Les grita, incentivándolos.

KISUA-KITAMBO
[Francés]
¡Vamos, compañeros!

Señalando con ambos brazos hacia abajo, las manos extendidas, les ordena.

KISUA-KITAMBO
[Francés]
¡Hacia la base, con Aly! ¡Rápido, silencio!

Algunos soldados corren hacia él, otros directamente abajo. Repite la indicación.

KISUA-KITAMBO
[Francés]
¡Con Aly! ¡Silencio! ¡Rápido!

Y se va para arriba, a los morteros.

MISIMA|5 Entre los arbustos viene Bahaza tirando del carter, en una mano lleva un cigarrillo. Delante, los artilleros cargan el cañón desarmado. Bajan con relativa facilidad, cuidando que no se les caiga. Giran para ver a su compatriota y preguntarle dónde con la mirada. Bahaza señala a un costado.
Al ver el campamento abandonado, el moreno deja el carter y corre hacia la cabaña. Vuelve a salir con una caja de munición. Está atravesando las carpas cuando desde detrás de un iroko, que antes servía como límite oeste de la pequeña base, se le aparece un askari rezagado de la retirada. Empuña un FAL y da un grito, pero tarda en tirar. Bahaza suelta la caja y se arroja a un lado, llevando la mano a la cartuchera de su pistola. Pero el otro apunta y le dispara en el piso. Luego sale corriendo. Bahaza queda herido en el estómago.

BAHAZA
¡No huyas, maricón! (dolorido) ¡Mi madre!

(gritos de alarma resuenan en la selva)

Sus compañeros, al oír el disparo, vuelven corriendo. Se cruzan con el fugitivo en el bosque y tras un intercambio de fuego, lo ametrallan. El congoleño cae muerto, luego van hacia el cubano herido.
Se acuclillan a su lado. Bahaza tiene los ojos abiertos y la mueca de quien busca identificar dónde es que le duele. Levanta las cejas con vergüenza, y frunciendo los labios, apenado, habla.

BAHAZA
Armen el cañón, el camino está al este. Denle
con todo a esos hijos de puta. Y avísenle a Kisua...

Los hombres dudan.

BAHAZA
Vayan, coño, hagan como les digo.

Vuelve a replegarse sobre su estómago, tomándoselo con ambas manos. Los hombres, primero uno, después el segundo que llega a hacerle una caricia de aliento, se ponen de pie y salen corriendo. Más allá de las carpas caídas y quemadas, se dividen, gritándose indicaciones.
Bahaza queda solo, tirado junto a las municiones, en medio del campamento. Amanece.

KALONDA KIBUYE|3 En la pequeña mesa de rancho, en el claro lejos de los árboles altos, hay instalado un equipo de baja frecuencia. Un operador con auriculares transcribe lo que escucha a un cuaderno. Inclinándose sobre su hombro a leer lo que escribe, Tatu mira preocupado, tiene cara de no haber dormido.

TATU
¡Pero cómo pueden decir eso, compadre, por favor!

Se pone de pie llevando las manos a la cintura. Luego gira y patea uno de los troncos que sostiene la banca. El operador, alejando uno de los receptores de su oído, lo mira sorprendido.

TATU
Perdón. ¿Así que somos nosotros los culpables?

TELEGRAFISTA
Dicen que la quema de casas de los campesinos
también es culpa nuestra y la pérdida de armas
y la falta de comida.

TATU
Bueno, suficiente para mí. Avísame cuando
hagas la transmisión a Kigoma.

TELEGRAFISTA
Sí, Tatu.

El comandante se retira refunfuñando. En el camino se cruza con el mecánico, que intenta saludarlo en vano. Con mueca de qué carácter, el muchacho se presenta ante el telegrafista.

MECÁNICO
¿Transmitimos desde aquí? Si me permite que
le dé un consejo, ¿por qué mejor no salimos
hasta la subida aquella?, vamos a tener mejor señal.

TELEGRAFISTA
Da igual, si este equipo ya está fuera de alcance.
Te digo más, tengo problemas para recibir onda corta.
Probamos ahora si quieres, ¿cambiamos los cables?

El mecánico se agacha tras el equipo.

TELEGRAFISTA
Esos pásamelos a mí.

El telegrafista recibe los cables pinza de cocodrilo y los guarda en el bolsillo de su chaqueta.

MECÁNICO
¿UHF?

TELEGRAFISTA
Sí, conecta, total para la mierda que
hablan por Radio Bemba.

MECÁNICO
¿Listo?

El telegrafista asiente mientras coloca sus manos suavemente sobre los auriculares.

TELEGRAFISTA
...hay informe. Justico.

Sonríe paulatinamente mientras desentraña lo que oye.

TELEGRAFISTA
Ataque nuestro exitoso. Noventa contra trescientos.
Los corrimos de Misima, pero quemaron el pueblo.
(y comienza a anotar en su cuaderno mirando la hora)
Ocupamos documentos con planes enemigos, varios mapas.
¡Una radio! (para sí) Ojalá sea onda larga, coño.
Dos morteros. Una bazuca. Cuatro FAL,
un Super FAL. ¡Ve, avísale al Che, son buenas noticias!

El mecánico sale al trote. Pero el telegrafista le grita un último dato.

TELEGRAFISTA
¡Hirieron a Bahaza! En Misima,
¡necesita médico urgente!

Cierra a negro.

MISIMA|6 El poblado está en ruinas, las casas derrumbadas o incendiadas. Con ira callada, los lugareños se asoman a ver el cortejo fúnebre. Simba ladra al muerto con insistencia. Llevan el cadáver sobre una puerta de madera.

VOCES
[Swahili]
(gritando)
¿Y ahora qué comemos?

Ernesto gira a verlos, indignado. Los hombres y las mujeres se esconden o se dan vuelta. No puede creer que todavía le reclamen. Cuando deja de mirarlos, vuelven a gritar.

VOCES
[Swahili]
(protestando)
¿Qué vamos a comer, free-fighter? ¡Dígame usted!

Los porteadores cubanos, con mirada admonitoria, parecen echárselo en cara a él también. Algunos vienen más atrás, nadie habla. Están Aly, Kisua-Kitambo, Papito, Dreke, Kumi, Anzali, Oscar, Coello, Azi, Pombo, el Tano y Tremendo Punto, único africano. Por la calle llegan hasta un gran iroko en la punta del poblado. Como tienen que traspasar un cerco de cañas, evalúan en voz baja si abrirlo o dar la vuelta. Apoyan la puerta con el cuerpo en el piso y abren un hueco. Es una espera incómoda. Kumi se acuclilla a enderezar el cuello de Bahaza. Lo han envuelto en un biombo de fibras de palma, su cara va apretada contra el tejido. Practicado el espacio, los hombres vuelven a transportarlo. Alguno cambia de posición y otro es relevado.
Debajo del árbol sagrado cavaron una fosa. Desde el firme de esa loma se ve el lago inmenso. Algunos hombres se sientan, otros encienden cigarrillos. Pombo se mete dentro del pozo, Coello baja tras él, entre ambos reciben el cuerpo cubierto. Lo apoyan como pueden en el fondo y vuelven a salirse. Todos quedan mirando hacia abajo, incluido Simba, que no deja de ladrar. El Che lo alza para calmarlo. Azi enrosca la palita Lineman consultándolo con la mirada. Ernesto hace que sí con la cabeza. El joven cubano comienza a enterrar a Bahaza.

(un pájaro chilla tenebroso)

TATU
Somos trece. Uno más de los que tuvo Fidel en el
momento dado. (pausa) Aunque no era el mismo jefe.
(pausa) De las seis muertes nuestras en el Congo,
ésta es la que más me duele porque yo mismo reprendí
a Bahaza por su debilidad anterior y él, aún castigado,
se comportó como un verdadero comunista defendiendo
la loma ésa. (pausa)

El fantasma de Bahaza, trepado a las ramas del iroko, escucha los honores. Llora sin parar, los párpados cerrados fuerte.

TATU
(recuperándose)
Ahora voy a luchar con más entusiasmo que nunca,
con más trabajo. Y más porque todo el crédito que
ganamos con los campesinos de la zona, se perdió
con la quema de sus casas, con la obligación de
tener que moverse hacia las montañas
donde no van a tener qué comer.

POMBO
(sin levantar la vista del entierro)
De los congoleños no podemos fiarnos más.
Andan diciendo por todas partes que somos unos fantoches.
Que todo se pierde porque somos unos charlatanes.

TATU
(dolido)
‘tá bien, Pombo, es cierto. Tendré que
tomar medidas para solucionarlo.

MOJA
Además están queriendo echar para el lago.

TATU
¿Quiénes?

TODOS
(a la vez)
Todos.

Algunos sonríen amargados por lo unánime de la respuesta.

TREMENDO PUNTO
[Francés]
Yo no, pero insisto que volvamos a la base.

TATU
[Francés]
Luego lo discutiremos. (y retomando) Yo cometí
un primer error que fue dejar emplazar el campamento
ahí,sin haber investigado bien el terreno u organizado
mejor la defensa. También fui incapaz de imponer un poco
más de trabajo. Ahora, reconozcamos que nunca establecimos
un trato del todo fraterno con los congoleses. Por ejemplo
con respecto a la comida y a la carga en los traslados.
Siempre nos sentimos un poquito la gente superior
que viene a dar consejos.

Azi termina de cubrir la fosa y clava la palita en el suelo. Unas lágrimas caen por su rostro. Las limpia, pero se ensucia con tierra. El Che levanta la vista.

TATU
¿Quiénes creen en la posibilidad de triunfo?

Los hombres se miran entre sí. Dreke no mira a nadie y levanta la mano. Papito también. Pero son los únicos dos. Tatu se muerde el labio por dentro.

TATU
Voy a tener que pedir grandes sacrificios, entonces.
Sacrificios que pueden llegar hasta la vida misma,
¿quién estaría dispuesto?

Él mismo suelta al perro y levanta su mano primero. Contrariamente a lo que podría esperarse, bajo el poderoso árbol, junto a la fosa, todos levantan la mano.
Bahaza, espectral, sube por las ramas.

MISIMA|7 Los trece bajan del camino a la casa, marchando ligero, todos juntos. Con sólo levantar Tatu el dedo, tres de la parte posterior de la fila encaran para la puerta trasera, las armas en posición con el cañón de costado. Cuando el primero de ellos llega atrás, se abre para que los otros lo vean y emite un chiflido, haciendo una seña. Luego se dirige a su interlocutor al trote.

LAMBERT
[Francés]
¡Soldado!

Llegando desde la galería de la casa, hace una venia. También salen unos soldados vestidos de fajina y Siki y Tembo. El caballo de Lambert pasta junto a un árbol.

LAMBERT
[Swahili]
(al Che)
La muerte mata a los seres, el tiempo engulle a la muerte.
[Francés]
Es lo que se dice de pésame, muganda.
Venga, tengo algo que mostrarle.

Lo toma de un brazo y se lo lleva rumbo a un galpón. Es una típica granja belga, de piedra, sombría. Ernesto gira para relevar a los hombres.
Lambert abre el portón corredizo, el interior devela una pila alta de fusiles. Hay varios FAL, alguna bazuca y armas de caza.

TATU
[Francés]
¿De ellos?

LAMBERT
[Francés]
No, nuestras.

TATU
Ah.

Lambert se queda mirando cómo Tatu da la vuelta y se va cabizbajo, echando su arma hacia atrás. El teniente coronel congolés cierra el portón. Ernesto camina unos metros hasta el caballo y se queda mirándolo. El animal detiene el pasteo y levanta la cabeza, observándolo también. El guerrillero esboza una sonrisa. Desde detrás del árbol, emerge el fantasma de Camilo.

FANTASMA DE CAMILO
(hacia el animal con los párpados cerrados)
¡Tranquilo, caballo!

Tatu se acerca, contiene al animal con caricias.

TATU
¡Camilo! Acabo de ver una tonga de fusiles.
Me ilusioné pensando que habían sido
quitados al enemigo, pero no,
eran de los desertores.

FANTASMA DE CAMILO
Ratas, Che. Son las primeras en abandonar
el barco. Aunque luego se ahoguen más rápido.

TATU
¿Qué hacer? Estamos delatados, hambrientos,
solos, (mira para arriba entrecerrando
los ojos) llueve todo el día. ¿Qué hago?

FANTASMA DE CAMILO
Menos aniquilarse, todo.

Lambert grita desde la casa, invitando a tomar pombe, seguro. Tatu le hace gestos de que se queda. Se vuelve hacia Camilo, bajando la vista mientras acaricia al animal.

TATU
Camilo...

Pero el fantasma no está más.

MISIMA|8 Los hombres beben caldos en el comedor de la casa, han encendido un fuego en el hogar. Coello lo alimenta con troncos que toma del leñero donde también hay marcos de cuadros y pedazos de muebles. Una olla de barro despide vapor. Siki y Tembo discuten acaloradamente. Ernesto llega sigiloso hasta el final del pasillo y se queda escuchando mientras juega con la piedrita de Celia entre los dedos.

SIKI
Díselo tú, compadre.

TEMBO
No me tires ese paquete encima, Siki,
es tarea del Estado Mayor.

SIKI
¿Y el Secretario de Organización para qué está?

Dreke toma de su cuenco y se quema. Baja la taza y ve al Che pensativo tras la puerta. Ernesto niega con la cabeza, Dreke mira para otro lado.

TATU
(entrando)
Bueno, no importa quién me lo diga,
con tal de que no se guarde nada.

Los dos hombres se miran disgustados, pero ninguno parece tomar la decisión. Ernesto se sienta junto a Kumi, que le hace lugar en el banco alargado.

TATU
¿No hay sopa para mí, Coello?

COELLO
Ahora mismo, Tatu.

TATU
(a los indecisos)
¿Y?

Siki mira a Tembo y arranca a hablar.

SIKI
Creemos que es mejor emprender la retirada.

TATU
No. Vamos a hacer lo siguiente. Cada uno de
nosotros vuelve a su frente esta tarde.

Aly vuelca la sopa.

ALY
Coño, me quemé.

COELLO
Yo avisé, eh...

TATU
Precisamente, Aly, tú vas a explorar para
el lado de Burundi, allí donde Mitudidi quería
investigar cuando se mató. Esas montañas son
bien cerradas y podemos suponer que
el enemigo no tiene fuerzas ahí.

ALY
Sí, pero para llegar hay que cruzar sus líneas.

TATU
Vas a ir en grupo chico, y si tienes
que rodear la cadena de Ugoma, lo haces.
(recibe la sopa) Tengo pensado un nuevo plan,
poner allí una academia práctica, concentrada
en la preparación militar. No hacer operaciones
hasta estar las fuerzas bien entrenadas, luego
atacar un punto fuerte y decisivo, Fizi, supongo
ahora. Si entre tanto quieren que evacue a un
grupo grande, nos quedaremos sólo los
cuadros instructivos.

ALY
Está bueno ya de subir y bajar lomas
sin la cooperación de esta gente.

Ernesto prueba la sopa. Dreke mira a Aly encrespado.

TATU
Muy buena, Coello. (y levantando la vista hacia Aly)
Aly, puedes salir del Congo con el grupo que deje la lucha.

ALY
Yo me quedo hasta el final con usted, Tatu...
(reñido en voz más baja) ...pateando lomas veinte años.

(suena un disparo dentro de la casa)

Todos se ponen de pie, salvo Papito, que termina su sopa. Dreke se asoma al pasillo.

(gritos en una de las habitaciones)

Ernesto se queda tras el marco de la puerta. Le hace una seña negativa con la cabeza a Dreke, que piensa en mandarse. Con el índice indica a Pombo cruzarse hasta la galería.
Lambert sale de la habitación con su pistola en alto. Tres hombres suyos lo flanquean. Hace gestos de calma.

LAMBERT
[Francés]
Un traidor, no es nada.

Ernesto y Dreke bajan las armas. Los que están en el comedor se miran y cuchichean, sin comprender. Pombo permanece vigilante. Los congoleños vuelven al dormitorio, algunos cubanos van detrás. Sobre la cama yace un hombre muerto con un disparo en la espalda.

TATU
Oh no.

Y vuelve sobre sus pasos hacia el comedor, empujando a todo el mundo. Llega hasta el hogar, donde Papito termina la sopa tranquilamente.

TATU
Para ellos los muertos negros no cuentan.
Nos vamos ya mismo de acá.

MISIMA|9 En un recodo del camino, Ernesto y Papito se dan la mano. Dreke y Tremendo Punto, al fondo, partieron juntos y levantan los brazos hacia allí. Para el lado del monte, el Tano y Oscar ya se pierden en el pasto kunai.

(gritan divisas incompletas para que
los otros las terminen)

Aly espera para saludar. Da un paso hasta Tatu y quedan diciéndose con los ojos. Ernesto sonríe y lo abraza.

TATU
(personal al oído)
Fue un buen combate el que dio,
una victoria importante.
Le deseo suerte, Aly.

ALY
Gracias, comandante. Yo también.

Aly se separa y deja que Kisua-Kitambo y Anzali se despidan. Pombo intercambia venias con los compañeros. Simba, que lo adoptó como amo, detrás. Kumi está más allá, acuclillado, distribuyendo el peso en las mochilas. Coello y Azi también se quedan. La última división del grupo, la patrulla exploratoria, desciende por un costado al terreno rocoso que baja al lago, hacia el frente. Vuelta a caminar, paso tras paso.

(ya de espaldas gritan divisas incompletas)

Ernesto murmura la respuesta con los ojos sobre ellos y luego eleva la mirada. Detrás de los tres hombres achicándose en el paisaje, lejanas columnas de humo diáfano suben al cielo y se confunden con la bruma del lago a esa hora de la tarde.
Ernesto, con Pombo, Coello, Azi y Kumi todavía no salen. Les grafica en su libretita mientras habla.

TATU
Papito aquí, al sur. Oscar y el Tano para
Ugoma. Dreke y Tremendo Punto al norte.
Aly, Kisua-Kitambo y Anzali para Burundi,
nosotros a la base. Hay radios acá en lo de
M’bili, Moja también tiene. Los que quedan
fuera son Oscar y el Tano, ellos están sin
comunicación. ¿A cuánto tiempo de Lualaburg?

POMBO
Unas cuatro horas, ¿no?

AZI
Sí cuatro o cinco... (y hacia Tatu)
...a todo reventar, ¿eh?

TATU
(poniéndose de pie)
Bueno, en marcha, ¿Papito ya salió? No lo saludé...

KUMI
(levantando su mochila)
Sí, si le dio la mano, Tatu.

TATU
(haciendo lo propio con la suya)
¿Ah sí?, ni cuenta me di.

KIGOMA|1 Changa, vestido de marino, camina pegado a la pared. Lleva el cigarrito colgando de los labios y ambas manos en los bolsillos. Aprovecha una reunión en la calle, la rodea de un modo extraño, imperceptible para los demás, y de espaldas ingresa a una casona de tres pisos, de las muy antiguas que hay frente a la escollera del puerto. Sin sacar las manos de los bolsillos ni variar la posición de su cigarro, sube apresuradamente las escaleras. En el rellano del primer piso se asoma furtivo a la baranda. Nadie. Está adentro. Sube otro piso más, igual de rápido. Va tarde, revisa la hora en su reloj. En la puerta de uno de los departamentos del edificio de oficinas, dos comerciantes conversan. El cubano sigue subiendo, ahora más despacio, volviendo a ver la hora para disimular su accionar. Pero a mitad del tramo al tercer piso se detiene y espía entre las rejas del ascensor, aguardando a que se despidan. Cuando el que se va baja las escaleras y el que lo saludaba entra, regresa al piso. Toca en la puerta de enfrente. Rivalta atiende, hablando por teléfono con un cable larguísimo. Fuma mientras lo toma de un brazo para entrar y cierra la puerta. Es una agencia marítima. Hay una gran carta naútica de la Académie Royale des Sciences D’outre-Mer del lago Tanganica enmarcada tras el escritorio.

RIVALTA
(aplastando el cigarrillo)
Oye, te tengo que colgar. Ya hablaremos luego.
‘tá bien, gracias. (corta) Hola, Changa, llegas
justico. ¿Cuál de todos estos es el mapa que
tiene los poblados chiquiticos? Lo necesito
para pegarlo aquí y saber
dónde están nuestros hombres.

Changa se sienta y revisa entre las carpetas con los atlas.

CHANGA
A ver espérese, Pablo. No, déme una de
esas listicas verdes.

RIVALTA
Qué raro que yo no tenga aquí...

CHANGA
No se preocupe, es ésta: buitentekstkaart,
la primera, ciento cuarenta.

Y busca la carpeta correspondiente y le alcanza el mapa.

RIVALTA
Bueno, a ver. Tenemos gente en Lualaburg, Misima,
Kalonda Kibuye y Bendera. Yo digo llegar aquí, a Sele,
¿tú te atreves a cruzar recto?

CHANGA
Sí, embajador, cómo no. Todo depende de los barcos.
(girando el mapa para sí toma distancias con los dedos)
Son setenta kilómetros. Imagínese que a mí derecho
me conviene, antes de andar zigzagueando
toda la noche. Nunca lo hicimos, es arriesgado.
Ahora, para estar expuesto en medio del charco,
los barcos tienen que estar perfectos.

RIVALTA
Eso déjamelo a mí.

CHANGA
¿Se sabe cuánta gente es?

RIVALTA
Doscientos.

CHANGA
Vamos a necesitar tres lanchones...

Rivalta hace un tic nervioso con la boca.

RIVALTA
Sí, yo también saqué esa cuenta.
Pero los consigo, eh. Sí que los consigo.

Changa se toca un lagrimal y desciende suave sus dedos largos por la nariz.

CHANGA
Yo los cruzo.

Pero ambos quedan preocupados. Suena el teléfono, un telegrafista entra desde las habitaciones del fondo con un parte y saluda al capitán de navío. Rivalta toma sus cigarrillos haciendo gestos de que bajen la voz y atiende.

EL CAMPAMENTO|33 Una luna finita se ondula sobre el agua. Corrieron la radio hasta el recodo. Desde el barranco mira al río y el lugar donde se bañaba y vio a Camilo, antes de emprender la peregrinación. Parece estar recordando mientras mordisquea una brizna de kunai. El telegrafista, de panza al piso, rota su hombro y se queja.

TELEGRAFISTA
Se me jodió el hombro...

Ernesto, recostado a lo largo en el suelo, vuelve a concentrarse.

TATU
(pausa)
¿Por la posición?

TELEGRAFISTA
(quejoso)
Está muy baja, me tengo que acostar.

MECÁNICO
¿La ponemos sobre el banquito, para estar más alto?

El telegrafista acepta y se pone de pie. Se pasa las palmas sobre el pecho, limpiándose las pajitas. Tatu sonríe.

TATU
¿A qué hora es?

MECÁNICO
A las doce, Tatu. En punto.
(y al telegrafista) ¿Qué, la cambiamos o esperamos?

TELEGRAFISTA
No, ahora. Ponla aquí.

Ambos suben la radio al banquito de lustrabotas, el mecánico acomoda el transmisor para que esté bien apoyado.

TELEGRAFISTA
Ahí están.

Ernesto se para y va hasta ahí, pero no limpia su pantalón.

TATU
¿Cómo te das cuenta?

TELEGRAFISTA
Se pone verde cuando ellos prenden.
(irónico al mecánico)
¡Está bueno el cambio! ¡Pusiste una al final!

MECÁNICO
No me diga eso jefe, ¡si siempre estoy
a la que se cayó!

Los hombres ríen. Y ahora sí, se sientan frente al radio, en las poses arcaicas de los reunidos junto al fuego. Ernesto cierra las solapas de su campera sobre el pecho y señala con un índice la aparición de Rivalta. Saluda como cuando todo está mal.

RIVALTA
(monocorde)
Atención Lualaburg, aquí Kigoma.

Ernesto vuelve la vista hacia el mecánico, que ya tiene papel y lápiz en la mano y apoya su pequeña linterna sobre el aparato. Su jefe la quita y se la devuelve.

TELEGRAFISTA
Ahí no.

RIVALTA
Atención Lualaburg, aquí Kigoma.

TATU
¿Listos?

El telegrafista baja la cabeza. Pombo, de imaginaria, FAL en mano, se acerca despacito para escuchar mejor.

TATU
Le doy (y baja la tecla del receptor).
Aquí Lualaburg, cambio.

RIVALTA
Lualaburg, buenas noches, Pablo. Quiero
saber si recibió el mensaje que envíe con
un tripulante. Confirmo regata posible,
repito, regata posible. ¿Me recibe? Cambio.

TATU
Lo recibimos, Pablo. El mensaje no llegó,
gracias por confirmar.
Salude al capitán, cambio y fuera.

Y hace gesto de esperar a sus camaradas.

TATU
Momento, che. (piensa y mira el reloj)
¿Esperamos la otra transmisión o nos
vamos a dormir un ratico? Aguantemos hasta
las dos, ayer Moja transmitió a las dos.

TELEGRAFISTA
Bueno, pero a Moja lo esperamos en la cabaña, su frecuencia
llega seguro. Este frío me está matando.

TATU
‘tá bien.

Poniéndose de pie, hace una seña a los guardias, Pombo y Azi.

TATU
(en voz baja)
¡Levantamos!

EL CAMPAMENTO|34 Secuencia de montaje. Ernesto lee muy concentrado el parte:

SIKI
(en off)
El decaimiento de la gente es terrible
y todo el mundo quiere echar para el lago;
probablemente te caigan muchos por allí,
envíamelos inmediatamente bien provistos
de parque.

Escribe luego afanosamente sobre su libretita:

TATU
(en off)
Si sigo hacia el lago es una enorme derrota
política, pues todos los campesinos confiaban
en nosotros y se ven abandonados. Una vez
reorganizados, podemos prestar una ayuda eficaz.
Carecemos de municiones calibre treinta, SKS, y
estamos flojos de FAL. Deben mandarnos, si
hay, cinco mil tiros. Por favor, si no hay
confírmenlo; es desesperante esta
falta de noticias.

Apoya la pera sobre ambas manos en la mesa. Desahuciado mira hacia el radio:

SIKI
Tatu, te enviamos este mensaje con carácter
urgente porque, en el día de hoy, siete
aviones desde las doce en adelante han
estado bombardeando constantemente y lanzando
unos objetos grandes que al parecer son
tanques de gasolina, en dirección a Kabimba
y en la zona de Jungo hacia el lago.
Como esta es la forma de proceder antes
de un avance o desembarco, te avisamos
antes de que sea demasiado tarde.

Hay otros hombres presentes, sus siluetas lo rodean oscuras, alejadas en los extremos de la cabaña, expectantes.

(murmullos sordos en distintos idiomas)

Ernesto imagina como Fidel, apoyado en la pared de barro, va enumerando con dedos sucesivos los puntos:

FIDEL
Primero: debemos hacer todo menos lo
absurdo. Segundo: si a tu juicio nuestra
presencia se hace injustificable e inútil
debemos pensar retirarnos. Deben actuar
conforme situación objetiva y espíritu
hombres nuestros. Tercero: si consideran
deben permanecer trataremos de enviar
cuantos recursos humanos y materiales
estimen necesario. Cuarto: nos preocupa que
ustedes erróneamente tengan temor o actitud
que asumen sea considerada
derrotista o pesimista.

Tatu lee carta de pie, lo más abajo de la lámpara posible:

(en off)
Quinto: si deciden salir, puedes
mantener statu quo actual regresando aquí
o permaneciendo en otro sitio. Sexto: cualquier
decisión la apoyaremos. Séptimo: Evitar
todo aniquilamiento.

La pliega con cuidado y traga saliva.
Imaginario, también, Pablo se acerca, lleva las mangas de la camisa en alto y el chaleco del traje abierto. Las manos en asa a la cintura, agotado:

RIVALTA
(dictando a su vez)
Compañero Tatu: En la mañana de hoy fui llamado
por el gobierno comunicándome que en vista
de los acuerdos de la reunión en Accra de
los estados africanos respecto a no intervenir
en los asuntos internos de los otros países,
tanto ellos como los demás gobiernos que
hasta ahora han venido dando ayuda
al Movimiento de Liberación del Congo habrán
de cambiar el carácter de esa ayuda. Que,
en consecuencia, nos piden que retiremos lo
que tenemos allí, como contribución nuestra a
esa política. Que reconocían que habíamos dado
más que muchos estados africanos y que ahora
no se diría nada al Movimiento de Liberación
congolés, hasta tanto nosotros no nos hayamos
retirado, que entonces el propio presidente
llamará a estos dirigentes y les informará
de la decisión tomada por los estados
africanos. Se ha mandado una información
al respecto para La Habana.

También de pie, respondiendo en voz alta, el Che anuncia su posición. Una mano transcribe rápidamente su mensaje:

TATU
Cuba no retrocede de sus compromisos
ni puede aceptar una fuga vergonzosa dejando
al hermano en desgracia a merced de los
mercenarios. Solo abandonaríamos la lucha si,
por causas fundadas o razones de fuerza mayor,
los propios congoleses nos lo pidieran, pero
lucharemos para que eso no suceda. Cabe llamar
la atención del gobierno de Tanzania sobre
el acuerdo alcanzado; es como el de Munich,
deja las manos libres al neocolonialismo.

La parte trasera de los equipos cubre la cara de Tatu, inclinado sobre las perillas. Agachándose hacia un costado a manotear la pipa, acepta otra comunicación:

TATU
Adelante, Kigoma, recibo.

Dejó un cigarro en el cenicero de madera ancho, ahora sus dedos demarcan en lápiz sobre el mapa desplegado delante suyo, mientras habla por teléfono:

TATU
Tenemos un cuadrilátero en la montaña
encuadrado por los siguientes puntos, tal
vez pueden localizarlo en algún mapa:
Baraka, Fizi, Lubonja, Lulimba, Fort Bendera
y Kabimba. El enemigo tiene avanzadas más acá
de Baraka y de Kabimba. Frente a la última
noticia de Tanzania mi reacción fue igual a
la de Fidel, nosotros no podemos irnos de aquí.
Más aún, ni un cubano debe irse en las
condiciones propuestas. Y se debe hablar
seriamente con los dirigentes de Tanzania
para puntualizar hechos.

Continúa escribiendo bajo la lumbre. Las sombras caminan detrás, entrando y saliendo. Ernesto baja el cuello y toma aire:

(en off)
Estas son mis proposiciones: Cuba ofreció
ayuda sujeta a la aprobación de Tanzania,
esta aceptó y la ayuda se hizo efectiva.
Era sin condiciones ni límites de tiempo.
Comprendemos las dificultades de Tanzania hoy,
pero no estamos de acuerdo con sus planteamientos.
Contra el imperialismo no cabe retroceso ni
aplazamiento, el único lenguaje es el de la fuerza.

Fantasmagórico, Changa, con una mano en el bolsillo, declara:

CHANGA
Esos barquitos soviéticos son lentísimos
y ellos tienen lanchas rápidas. Si aparecen
hay que abrirse paso a los tiros y la última
vez nos averiaron y llegué con un muchacho herido.
Los barcos deben ir de a dos, porque si se para uno,
lo tiene que remolcar el otro. Una de las lanchas
debe ser manuable para poder subirla por las
montañas si transitoriamente perdemos la orilla.

M’bili le hace una advertencia apuntándolo con un dedo:

M’BILI
...una conspiración para solicitarme
el retiro de la lucha
por parte de algunos cubanos.

Tatu se alisa los bigotes, tenso. La oreja hacia el receptor de UHF:

MULELE
[Francés]
Imprescindible que vengan hoy,
tenemos hambre, estamos rodeados.

Ernesto, que lee con las piernas sobre la mesa, se endereza:

MULELE
[Francés]
(en off)
La población ha traicionado ya, y se ha
puesto a trabajar con el enemigo
que está mejor guiado y tiene mejor información
que nosotros sobre nuestra posición. Le ruego
comprenderme, he decidido hacer una retirada.
Yo no abandono a los compañeros cubanos,
solamente que debo asegurar la responsabilidad
delante del pueblo ruandés y evitar un
combate de usura. Si todos los camaradas
son aniquilados, es mi falta, yo he buscado
ayudar a esta revolución para poder hacer otra
en nuestro país; si los congoleses no luchan
prefiero morir en nuestro suelo destinado
al pueblo ruandés. Si morimos
en el camino está bien también.

Pombo lo encara. Ernesto, sentado, toma sopa en un jarrito.

POMBO
Hay algunos que quieren irse con nosotros.

TATU
¿Y?

POMBO
Se están montando sobre nuestra retirada.

TATU
Pueden ayudar a la defensa.

POMBO
¿Con el corazón en la mano?
¡Esta gente no está de ánimo para enfrentarse
a los peligros del cruce, hombre!

TATU
Que cruce el Estado Mayor congoleño, entonces.
¡Que cruce el Estado Mayor ruandés, también!

Poniéndose de pie, apoya la taza con violencia.

TATU
¡Que crucen todos ellos,
nos quedamos nosotros!

El Che Guevara, solo, sentado en el banquito de lustrabotas, descansa su frente sobre el brazo extendido sosteniendo un parte:

AZIMA
(en off)
Los congoleses plantearon irse; que ellos
no iban a pelear, yo los tengo a la cañona aquí,
desde cuando empiecen a avanzar los soldados
se van a ir. Yo le explico a usted esto
porque la situación es dura, perdone usted
esta frase pero creo que estoy apendejado.
Nosotros estamos obligando a un personal
que no quiere pelear y yo creo que eso
no es lógico; sinceramente yo creo que
esto no es correcto de obligarlos. Yo no
tengo esos grandes conocimientos pero veo
esto muy mal. Tampoco hay comida, hay crisis
de carne, no hay nada para darles de comer
y también llueve todos los días, desde por
la mañana empieza a caer agua y no hay
adonde alojarse. Bueno, perdone usted la
falta de ortografía que haya. Yo le juro que
defenderé este lugar como un pedacito de Cuba.

MOJA
(en off)
...discusión entre Charles y el jefe de los
congos, se tiraron unos piñazos y el jefe
cogió el fusil para matar a Charles, nosotros
le quitamos el fusil. Este le dijo a Charles
que estaba de parte de los cubanos, que los
cubanos eran malos y que Charles era igual y que,
cuando los guardias vinieran, ellos se iban
a retirar y nos iban a tirar a nosotros.
La actitud de los congoleses es de
franca hostilidad...

M’BILI
(en off)
Tatu: Todos los ruandeses se fueron.
A las diez me dieron la noticia.
Mandé a verificar y, efectivamente, se fueron;
ayer convenimos un plan y hoy sin decirme
nada se fueron, creo que rumbo a su país,
ya que lo plantearon en días anteriores.
Cuando llegó la noticia el ayudante de
Mundandi estaba conmigo, se lo dije,
se asombró, se fue y no regresó más. Según
veo se llevaron las armas y no me dijeron
nada, ayer quedaron en reforzarme, ya que
los congos se fueron y no vino nadie,
mandé a averiguar por Mulele y nadie
lo ha visto, y nadie sabe informarme
dónde está. Esto puede ser una traición,
le propongo retirarnos un poco más atrás
como tenemos planteado, dividirnos en dos
grupos, tomar nuevas posiciones y minar
el camino, necesitamos refuerzos urgentes,
voy a tomar medidas de precaución en caso
de traición. El compañero que traiga la respuesta
que venga por el camino nuevo. Patria o muerte.
Los congos aquí ya saben la noticia y se van.

TATU
(en off)
Pablo, la situación se derrumba, tropas enteras
y campesinos se pasan al enemigo.
No hay tropas congolesas seguras. Desde
hoy nuestra salida al aire
por la planta principal puede interrumpirse,
mantendremos comunicación con Kigoma
por planta auxiliar. Urge tripulación y
lanchas en buen estado.

Abatido, levanta la cabeza para buscar los cigarros con la vista. Detrás de la mesa, Aleidita le adivina la intención y se los alcanza.

ALEIDITA
Toma, papá.

EL CAMPAMENTO|35 Ernesto sale de la cabaña. Lo encandila el sol de África. Como se da cuenta de que es observado, sube la mano a cubrir su rostro. Asid lo mira fijo. Está sentado contra la carpa del rancho, los brazos sobre las rodillas, enemistado.

TATU
¡Asid!

Le indica venir rápido. Pero el niño se levanta y tan sólo camina, la mirada gacha en los pies descalzos. Ernesto rota su cuello dolorido y da unos pasos también. Se inclina y le extiende la mano.

TATU
Ben belé, soldat!

Asid levanta la mirada, ahora le molesta el sol a él también.

ASID
(sin tomarle la mano)
Belé ben.

TATU
[Francés]
(señalando al fondo)
Las cabras, Asid, ¡ven!

Le apoya la mano en la espalda para que lo siga a los corrales. Coello y otros soldados están levantando la cocina. Guardan los cacharros en cajas de madera, dándose indicaciones parcas. Ernesto y el niño pasan tras los fogones sin parrilla. El guerrillero se dispone a abrir el encerradero, el seguro es básico pero de nudos. Nervioso, los enreda.

(las dos cabras se alborotan y balan)

Asid lo observa maldecir en voz baja. Se acerca y con sus manitas aparta las de él, que las retira avergonzado. Tímidamente, le vuelve a sonreír y desanuda la tranquera. Ernesto la empuja y correteando, macizo, logra dominar a las cabras y juntar sus cordeles de color. Los tensa, y acogotando a los animales, camina hacia el niño. Le extiende las cuerdas.

TATU
[Francés]
No me pertenecen más.

Asid hace que no con la cabeza. Ernesto le insiste, serio.

TATU
[Francés]
(en voz más alta)
Las cabras no me pertenecen más, Asid.

El niño, a punto de llorar, recoge los cordeles y se aleja del corral con los bichos. A él sí lo siguen mansamente. Entre los árboles, levanta la mirada una vez más hacia Tatu y después sigue, callado. Ernesto respira hondo y despacio. Baja la cabeza y vuelve a recordar su contractura. Mira otra vez a Asid perdiéndose de espaldas en la maleza, hace una mueca de dolor y se gira. El campamento está siendo desmantelado.

EL CAMPAMENTO|36 Tatu está reunido con Tremendo Punto y un nuevo enviado de Kabila, Masengo. El semblante de ese hombre hace años que no desfrunce el ceño. Están de pie, y Pombo, despatarrado en una silla. Simba monta guardia ante la puerta.

(Tremendo Punto traduce simultáneamente en voz baja)

TATU
(a Masengo)
El cese de la lucha es una decisión muy
seria. Todavía hay hombres organizados
en Fizi, en Baraka, y en Uvira. En cuanto
nos vayamos, las tropas enemigas
estarán libres para atacarlos.

Se asegura con un gesto de las manos que haya comprendido bien.

TATU
(a Tremendo Punto)
Que escriba una carta donde exponga
esa decisión.

Y saca de entre las carpetas en la mesa, una resma de papel. Tremendo Punto se escandaliza como si pidiera una rendición. Tatu inserta una hoja en la máquina de escribir y la enrolla resuelto. Ajusta los tabuladores al margen y categórico, asintiendo con la cabeza, señala con ambas manos. Ellos se quedan sin saber qué hacer. Ernesto les da las espalda y llevando las manos a la cintura, mira a Pombo con renunciamiento. Pero inmediatamente, se vuelve hacia los hombres que hablan por lo bajo en swahili y le llama la atención a Tremendo Punto para que continúe traduciendo.

TATU
Hay una cosa llamada historia que se construye
a partir de muchos datos fragmentarios y
puede ser tergiversada. Quiero tener esa
carta (señala la hoja en blanco) en la
mano por si alguna vez se malinterpreta
nuestra actuación. La responsabilidad de
esta retirada nunca puede ser nuestra.

Oportuno, Kumi ingresa junto a Simba que lo sigue moviendo la cola.

KUMI
Comunicación de Azima, es urgente.

Zerquera no llegó que ya se va. El Che sale rápido tras él. Los congoleños quedan conferenciando.

TATU
[Francés]
¡Ya vuelvo! (y a Pombo a la pasada)
No dejes que se vayan.

EL CAMPAMENTO|37 El campamento de Lualaburg es un caos. Los últimos congoleños emprenden la retirada en pequeñas tropas, algún rezagado corre. Toda clase de pertrechos han quedado abandonados.

(gritos silbatazos y saludos)

Mientras Kumi le pasa el informe, Ernesto no puede evitar mirar a los que se van con odio.

KUMI
(caminando rápido)
Los askaris avanzaron, Tatu.
Azima viene con tres columnas.
(y mirando también a su alrededor)
Es todo un desorden, Tatu...

TATU
(interrumpiendo)
No me digas lo que ya sé.
¿Algo más?

KUMI
Hay un cubano desaparecido.

TATU
¿Quién?

Llegan a la cabaña de comunicaciones. Los aparatos están encendidos, pero allí no quedó nadie.

KUMI
Suleiman es su nombre,
de la patrulla de Aly.

TATU
(ingresando)
¿Qué pasó aquí?

Se dirige al teléfono descolgado sobre la mesa.

TATU
¡Hola, aquí Lualaburg, aquí Lualaburg!
(aprieta el receptor insistentemente)
Cortaron...

KUMI
Yo...

Pero Ernesto no se queda a escucharlo. Firme, lo aparta para poder salir de allí.

EL CAMPAMENTO|38 Sobre un mapa de la provincia de Kivu dibujan dos columnas con una fibra gruesa hacia el lago. La mano de Tremendo Punto interpone una carta firmada y muy sellada. Las de Tatu doblan el documento en tres pliegues suaves y lo retiran de la mesa. Debajo, un punto geográfico está señalado con un círculo: Sele.

EL CAMPAMENTO|39 Los rostros en las tapas de Editorial Progreso se suceden, las caras de Marx y Engels, los bigotes largos de Nietzsche, la barba de Whitman. En la cabaña que le ha servido de habitación desde hace siete meses, Ernesto pasa uno a uno los libros. Luego los arroja al suelo, junto a una pila de documentos, diarios y carpetas. Entra Azi, llevando en su mano una astilla encendida. El Che termina de romper los últimos papeles.

TATU
(tomando la antorcha)
Saca mi bolsa y mi arma, por favor.

AZI
¿Quiere que yo lo haga y usted
se lleva sus cosas?

TATU
(girando sobre sí mismo)
Haz lo que te digo, Azi.

Mientras su hombre levanta el bulto y se cuelga la Beretta, el Che pone fuego al colchón de su camastro, a la pila de libros y escritos y a unas ropas dobladas. Su rostro inmutable se va iluminando y sólo hace gestos mecánicos de precaución. Termina por arrojar el tizón en llamas a un rincón de la pared de paja y barro seco. La mirada se le ausenta sobre el incendio, pero no por mucho tiempo.

EL CAMPAMENTO|40 El fuego tomó todo el campamento. En el claro central los hombres comienzan a seguirse en fila, sumándose desde todos los rincones.

(indicaciones en voz alta)

Las caras se encuentran entre el humo negro. Tatu adelante, caminando para atrás, indica con el brazo cerrarse. Se vuelve y lidera al grupo hacia la bajada. Los rostros tiznados se miran culpables; Kumi, que tose alérgico, con Coello; Pombo, llevando a Simba dentro del morral, con Azi que marcha cabizbajo; el telegrafista y el mecánico, que acarrea la radio atada a su mochila, entre sí.

JUNGO-SELE Allá atrás se distinguen las siluetas encorvadas de los radio operadores en lo alto de la curva. Ernesto se gira a ver a qué distancia quedaron y resopla fastidiado.

TATU
(negando con la cabeza)
¿Qué pasa con las comunicaciones?
¡No, esta gente no tiene el más mínimo
entrenamiento en marcha!

Los demás integrantes de la columna también van cansados. Recorre sus rostros viendo por quién optar. Por el más joven.

TATU
¡Tráelos, Azi!
Que levanten todo y avancen.

Azi baja su mochila al piso y sale corriendo.

(más allá pega un par de chiflidos)

Y como si su silbido hubiese desatado una fuerza extraña, justamente en ese instante, frente a todos los hombres que esperan descansando por los rezagados, a dos kilómetros de distancia, dentro en la montaña donde estaba el campamento, explota un polvorín. Sobre el verde oscuro del atardecer selvático, infinitas chispas, bengalas y un humo blanco denso ascienden al cielo en forma de fuegos de artificio. Azi, a mitad de camino, se detiene a mirar. Las siluetas de los telegrafistas se han volteado.
El rostro impertérrito del Che no puede evitar asombrarse.

TATU
(murmurando)
...volaron el polvorín, carajo.

SELE|1 A los costados del camino la actividad comienza a manifestarse trajín. Hay basura por doquier, niños solos. Soldados de divisas extrañas, jóvenes todos, unos pocos con armas. Incluso campesinos con sus animales se han llegado hasta el muelle de desembarco en la playa. Un hombre que acarrea su bicicleta oculta entre el pasto kunai lo mira con desdén. Su familia va detrás. Ernesto observa cómo a un jeep abandonado se lo come la maleza. Hay pequeños fueguitos en latas demarcando el arribo.

TATU
(deteniéndose)
A toda esta gente no vamos a poder
llevarla, Pombo.

COELLO
Esta es la verdadera antirrevolución...

TATU
¡A ver si te callas, Coello! Pensá mejor
qué hicimos por ellos.
Pombo, los heridos y los enfermos primero.
¡Atención, telegrafistas!

Se aparta de la fila, solo.

TATU
Pombo, te los dejo. Nos vemos allí.
Hora-tope: tres a.m.
¡Más tarde se nos hace de día!

(comienza a sonar “Folon” por Salif Keita)

Encaminándose a contramano del gentío que va llegando, se aleja del muelle de Sele. Un hombre pasa rodando un tambor vacío de combustible. Atardece y ya las caras se distinguen menos. Delante de su vista se suceden cargadores de ametralladora, pastos quemados, borceguíes cansinos, familias incompletas, animales domésticos.

(bantú y swahili se entremezclan)

Atravesando los puestos de venta de carnada cerrados, sale al murallón. Lo trepa, y de ahí, salta a una roca. El viento zarandea las palmeras.

(croar de ranas toro)

Sentado sobre el rompeolas de piedra, el Che fuma solitario. Las pocas luces en la costa de Sele y algunas de más allá se reflejan en el lago. Una bandera sucia flamea en el mástil. Aunque todavía no anochece, la luna ya salió. Mediana se recorta sobre el cielo azulado, presagiando la vigilia.

(bocinazos rítmicos)

De vez en cuando se gira a ver, no puede evitarlo. En un colectivo pintarrajeado, llega una columna, Masengo y su gente, parecen.

(muy distante se oye un avión)

Escruta el cielo, y al bajar los ojos, ve titilar la luz de proa de una embarcación que enfila recto. Changa. Ernesto apaga el cigarro y amargado lo tira al agua. Toma su arma y su mochila y se pone de pie nuevamente.

(tres chiflidos sucesivos desde el embarcadero y algunas exclamaciones generales)

El habano flota deshaciéndose en la superficie del lago.
Con rabia, Ernesto se encamina hacia allá. La luz bajó repentinamente, gira la muñeca para ver la hora. Al levantar la vista, el fantasma de Camilo se le acerca con ojos cerrados. Ernesto lo niega, encarando más rápido para el muelle. Le faltan unos trescientos metros, pero ya se percibe movimiento. La barcaza a la izquierda, lejos aún. Mira una vez más hacia el espíritu, pero ahora es su madre la que quiere darle alcance, diciéndole adiós, sonriente, con los párpados bajos. Ernesto disminuye la marcha, dolido. N’ne también se aparece, inexplicablemente mojado, y Bahaza, quitándose las vendas del estómago. Los espectros, como una procesión destruida, lo cortejan hasta los peldaños que suben al refugio de pescadores.
Pombo se asoma a recibirlo, lleva a Simba metido adentro de la campera.

POMBO
¡Es Changa, ya comunicamos!

Haciendo caso omiso, Ernesto sigue su camino. Bajo la estructura cerrada, los soldados fuman y conversan. Hay un raro jolgorio.

TATU
‘toy triste, Pombo. Nos vamos como vinimos.

Pombo queda desarmado, él tampoco se iría.

TATU
Y deja el perro ese acá.

Papito se acerca a saludar al comandante, se dan un abrazo discreto. Le habla al oído y señala a los enfermos en camillas o sentados en la oscuridad, alistados para partir. Han encendido un foco lúgubre y lo encaramaron a un palo del amarradero.
Pombo suelta a Simba, apesadumbrado. Se inclina y lo empuja a correr a tierra firme.

POMBO
¡Vaya, Simbita!

Lo mira irse mientras acomoda su abrigo, cuando se ve descubierto por unos camaradas. Avergonzado, les hace un gesto simpático.
El maltés sortea unas familias apretujadas contra la barrera de soldados y sale a la playa.
Los dedos huesudos de Camilo lo alzan. Solos, los muertos concurrieron a despedirse.

LAGO TANGANICA|4
(motor del barco regulando)

TATU
Regresamos, capitán.

Changa, botas de agua y overol azul, lo saluda. Se dan un abrazo del que Ernesto no se separa.

CHANGA
Me enteré que hay un compañero perdido...

TATU
Lo tendremos que venir a buscar.

CHANGA
Yo estoy listo.

Pitando su cigarro le señala organizarse con M’bili, detrás.

TATU
Nosotros también.

Se dirige hasta la torre del puente de mando y busca un lugar junto a la escalerilla para dejar su mochila y sentarse, derrumbado.

(se gritan nombres)

El haz de luz sobre la gente, imposible subir ya. Los rostros van expresando desastre. Empujones, tropiezos, encontronazos. Las últimas subidas son muy caóticas, manos que agarran antebrazos y amarras que se sueltan. Las sogas caen al agua oscura y se alejan flotando zigzagueantes.

(llantos súplicas e imprecaciones)

Las montañas abruptas del Congo bajan al lago. En la noche serena, el muelle diminuto ve alejarse a las tres barcazas.

(explosiones distantes)

Alguien le murmura un perdón o un permiso, pero como está encorvado y en las sombras y no interviene, ni siquiera saben que es él.

(motor a toda máquina)

Cierra a negro.

LAGO TANGANICA|5 Abre de negro. Se hizo de día, Papito se presenta. El Che está de espaldas, encaramado al cañón. Se montó un dispositivo de ataque y los hombres van atentos. Al girarse, su cara nuevamente está afeitada. Tiene al muchacho intacto en el rostro.

CHE
¿Qué, ya nos vamos?

PAPITO
Cuando quiera, comandante.

Deja el 75 milímetros a Anzali y le da un abrazo. Baja la escala, con Papito detrás. Dreke le extiende un brazo, Ernesto lo toma y salta a cubierta. Lentamente, todos los compañeros se van aproximando. Le toman ambos brazos, los hombros, la boina. Alguien desde el suelo le toca las rodillas. Ernesto sonríe mientras acepta humildemente ese instante, apretando los labios.

CHE
El revolucionario tiene que dar todo sin pedir
nada a cambio. Cuando el veinticuatro de
diciembre estén en sus mesas, con sus
familias, comiendo el puerco asado que
unos tanto anhelaban...

(se producen algunas risas nerviosas)

CHE
Sí, recuerden a los compañeros caídos aquí...
(inhala con ruido por la nariz)
...y acuérdense de este humilde pueblo,
de los compañeros del Congo.
Ahora me tengo que ir. No les digo adiós,
porque adiós dicen los
que no van a verse nunca más.

Y se encamina hacia la escalerilla. Algún saludo tardío. Otras miradas, cejas en alto. Arroja la mochila a Pombo, debajo en la lancha. Al descender, todavía queda alguien por saludar. Su rostro desaparece.
La lancha se balancea recibiendo su peso, Papito también baja. Dreke y otros hombres ya están sentados, listos para partir. Lo reciben, un tripulante enciende el motor fuera de borda.
Delante de la barcaza detenida, las otras dos de la flota se dirigen al puerto de Kigoma. La lancha pequeña se aleja en diagonal, hacia una lengua del lago Tanganica. Oblicuo, el vapor de mercancías de Albertville también llega a amarrar.

(bocinas lejanas y motores superpuestos)

El agua se sucede veloz. Cierra a negro.

(“Fusil contra fusil” por Silvio Rodríguez)

Títulos finales

F I N