a Mónica & Bernardita, y a Guillermina
1. Cayetano conoce a Mina por casualidad y es amor a primera vista. Le confiesa a su amigo Larva -que la ve y le dice que está loca o drogada o ambas cosas- que lo que más le gusta de ella es su cintura, un tanto rellena, pero de piel muy suave, con un lunar visible a la izquierda. Lo primero que hace es desnudarla, en la intimidad de un vestidor. Más tarde le pedirá que se vaya, no le permiten seguir trabajando con ella a su lado, su comportamiento se altera por la intensidad erótica que le provoca llevarla de la mano o besarla, aunque lo hace poco. Le pregunta su nombre verdadero, ella dice que Mina es de Guillermina.
2. Esa noche Mina lo llama. Él le ha dado tres números de teléfono distintos: el del celular, el de su casa, el de su trabajo. Se ha preocupado por tener carga en la batería, ha estado pendiente y aun así se ha sentido libre de todo pesar, como cualquier hombre cuando comprueba una vez más que es posible volver a enamorarse. Sin embargo, siendo las diez de la noche, todavía no suena el teléfono. Finalmente, es ella. Le dice que perdió el papel con los numeritos, pero que hizo fuerza mental, que utilizó la memoria fotográfica que todos poseemos y ha logrado visualizar el número de su casa. Él le pide que lo vaya a visitar, le da instrucciones para llegar.
3. Se dan un interminable y filosófico baño de inmersión, después se van a la cama. Con la cabeza de él entre las piernas, Mina le dice que los labios flojos de su concha le dan vergüenza, pero que los tiene igual a su madre.
4. La noche previa a su cumpleaños -la segunda desde que se conocen- salen a comer afuera. Van a un restaurante de tenedor libre caro, de buen gusto, para comer todo lo que se les antoje, son días de hedonismo y saciedad. Se sientan al lado del ventanal elevado que da a la calle. Cuando la ven pararse por un nuevo plato, una cuadrilla de basureros que se encuentra en la vereda trabajando aplaude y chifla su corta pollera. Cayetano no se encula ni mira feo. El restaurante es de esos que festejan el cumpleaños de sus clientes llevándoles una torta con velita y musicalizándolo. Son pasadas las doce, Cayetano dice que no, pero Mina lo convence. Como se ha hecho tarde, la empleada oriental se niega, no le van a cantar su cumpleaños. Mina se ríe sin parar.
5. La noche de su cumpleaños, el número treinta y uno, sus amigos concurren. Ya viven juntos, a él le pareció que mejor regalo no podía haber. Mina quiso festejar, probablemente su instinto le haya indicado la posibilidad de incorporarse a su núcleo afectivo en un momento así. Pero claro, sucede lo que Cayetano ya prevé, acerca del comportamiento social que tiene, de cómo llama la atención; uno de sus amigos la cree prostituta invitada a un orgía, se desubica.
6. Esa primer semana, la calidad culinaria de Mina queda amancillada, hace un pollo que bautiza a la carbonara (por lo quemado) con puré grumier (por lo grumoso). Mientras comen entre risas y desnudos, que es como se conducen por el interior de la casa, se preguntan mutuamente por sus cuadros de fútbol favoritos. Cayetano es de River, Mina de Colón. Él se fija en un periódico por los distintos partidos que enfrentará cada equipo ese fin de semana. En Santa Fe se juega el clásico con Unión y Mina lo invita a visitar su ciudad natal.
7. La primera vez que supone haber acabado, Mina no lo puede creer. A partir de allí, contará los orgasmos que tiene con Cayetano. Llegará a cuarenta y siete, hasta que pierde la cuenta. Él después se los señala in situ. Esa noche ella le dice que su primer y único orgasmo hasta el momento fue contra un para-avalanchas en Rosario Central - Colón, de visitante.
8. A la noche siguiente van a bailar a un sitio de música tecno, ella confiesa nunca haber bailado esos ritmos. De todas formas conoce la noche, sabe cómo conducirse, aunque no toma alcohol, solamente fuma rubios.
9. No dormirán, y no será la única vez; para el desayuno, unas pocas horas antes de la partida, toman un café con leche con medialunas en un bar de los que abren toda la noche. El sexo se precipita a cada rato, no sólo están enamorados, sino que tienen la fuerza interior necesaria y el grado de rebeldía apropiado y convierten el reservado en una cama.
10. Las vidas encontradas parecen contradecir lo impuesto, favoreciendo a los que actúan contra lo establecido: irán haciendo el amor durante todo el viaje en colectivo, que arranca oscuro y lluvioso saliendo de Buenos Aires y terminará soleado y verde, primaveral, en Santa Fe. Cayetano no conoce la zona y desde un tiempo antes, como una premonición -le dice mientras miran el paisaje por la ventanilla-, sintió ganas de hacerlo.
11. En las inmediaciones de la cancha, se bajan del colectivo en un cruce para no tener que ir hasta el centro de la ciudad. Muchos saludan a Mina por la calle, ella sabe cuáles ingresos convienen y en breves minutos, salteando todo tipo de control, ingresan al clásico.
12. En la tribuna todo se clarifica: Mina ha sido barra brava. Allí todos la saludan y conocen. Entre banderas, fuegos encendidos, hinchas descontrolados y familias, le presenta a Teté, su hermana menor. Por algunos retazos de conversaciones, Cayetano percibe que su chica no ha vuelto allí desde hace algún tiempo. Casi todos lo miran como a un bicho raro.
13. El partido es glorioso, Cayetano nunca ha visto hombre ni mujer que grite tanto a los jugadores como Mina. A veces le hace gracia, pero teme las reacciones de quienes se encuentran alrededor y alguna vez le da vergüenza. Tras un episodio extraño en el entretiempo, que Mina detecta, entre un hincha que le pregunta a Cayetano por su cámara de fotos, terminan yéndose a la platea.
14. A los cuarenta y cuatro minutos de un partido muy peleado en el que Colón está para ganar, surge el gol. La alegría de Mina es inmensa. Profiere gritos, abraza a Cayetano vestida con esa inocente casaca de la selección que ha tomado prestada de su placard, se saluda con la gente y besa a un discapacitado en silla de ruedas junto a la baranda a quien nadie abraza, así es ella.
15. Como no hay taxis después de un clásico, irán caminando un largo trecho hasta la casa de Mina. Vuelven a saludarla otros simpatizantes que festejan.
16. De paso por un bar céntrico, ella entra a saludar a una larga mesa de muchachos. No es del todo bien recibida, salvo por uno, Dr. Palito, que va hasta la mesa que ocupan a verificar a Cayetano y a hacerle recomendaciones a Mina. Cayetano lo escucha, aprehendiéndolo todo, pero no le da su confianza.
17. En la vereda de ese bar, al sugerirle Cayetano mejor irse, dan con un maestro de la adolescencia de él, casualmente de viaje por la ciudad, al que hace mucho que no ve y se da un breve diálogo. Es raro para Cayetano presentar entre sí a esos dos afectos tan diferentes, provenientes de partes tan distintas y distantes.
18. En su casa no la esperan, pero necesita ropa. Con la naturalidad del que se acaba de ir, circula por las habitaciones, recordando precisamente qué fue de tal vestido o tal par de zapatos, algo que le prestó a su hermana o detalles por el estilo. Cayetano se queda en el comedor, sentado frente a un vaso de agua, rodeado por el padre y la madre de Mina, que, desvinculados en su proceder y entender, escudriñan al muchacho tomando notas mentales respectivas. Él es cortés y correcto, como lo es siempre, pero medido. Intuye que parte de los problemas de Mina que comienza a percibir se han originado allí y sin conocer exactamente las causales, prefiere no intimar. Con la sincronía de los amantes, Mina se presenta con un bolso de cuero y le dice de irse. La madre le pregunta incrédula a la hija si ya se va. Cayetano saluda a todos, le piden que repita su nombre y se retiran.
19. Toman un taxi hacia lo de Ona, su amiga, madre de una niña llamada Jade. Allí es donde Mina invita a dormir a Cayetano, frente a la laguna Setúbal, en una casa con pasado de discoteca u hotel que bautizan, con ese humor espontáneo y constante de los enamorados, como la casita del horror.
20. Jade llorando, probablemente por desórdenes alimenticios o falta de atención, Ona fumando tensa, y un novio enojado en un rincón del patio mascullando en su contra y dirigiéndole miradas furibundas. Mina, como si nada, tomando con naturalidad todo el contexto, atiende primero a la nenita, y mientras se pinta las uñas -se prepara para salir- juega con ella. Al rato, Jade está alegre. Cayetano se despreocupa, pero no deja de observar el ambiente. La pila de platos bajo la luz fluorescente de la cocina, el ala de la casa que conduce a las habitaciones desierta, multiplicada en los amplios espejos.
21. En la planta alta, donde depositan los bolsos, el paisaje agrede más aun. Hay retazos de espejo en el piso y algún sillón de los que se usan de reservado, despanzurrado. En una de las habitaciones Mina tiene efectos personales, fue su cuarto y ha quedado en suspenso. Ella repentinamente está desnuda y se cubre con una bata extravagante, duermen una siesta abrazados a las nueve de la noche. Por la ventana se ven la costanera y los restaurantes y más allá las aguas oscuras, todo transmite una imagen anacrónica del verano.
22. Ona decide salir de viaje la noche de sábado. Para ellos es igual, viajan recién mañana y si son lo suficientemente camaradas y la acompañan, junto a su (¿ex?) novio, que a su vez es remisero, ella les dejará las llaves. Mina propone ir a cenar al restaurante que fuera de su familia en los dorados ochenta.
23. En el restaurante, Mina se comporta como si aun fuera la dueña y además como madre, que es su cometido desde que ha visto a esta niña Jade, y que no sólo va acompañado de posturas para acarrearla, de códigos comunicativos y directivas adultas, sino también de la consecuente indiferencia hacia la figura masculina de Cayetano, rezagado y responsable del pago de la cuenta, Mina ha pedido de todo por demostrar su amplio conocimiento del menú. Cayetano ya no oculta su malhumor ante los pedidos indiscriminados de ella, que encima prueba poco y nada, y del manejo especulativo de su amiga, en pos de algún beneficio que no alcanza a comprender.
24. Terminan acompañando a Ona a la terminal, viaja a Tras la Sierra a ver a otro novio, lo que no puede decirse. A regañadientes, les presta las llaves de la casita del horror. Lo que no sabe Cayetano es qué piensa hacer con su hija, dormidita por suerte. A último momento llega un señor mayor -al parecer más responsable- que Ona evita cruzar con el remisero y se llevará a la nenita alzada, acomodándola naturalmente sobre su torso, sin mediar presentaciones ni afectos, sólo besos mecánicos e instrucciones.
25. A la noche siguiente, Mina cierra los bolsos en su habitación temporaria en lo de Ona. Cayetano la contempla pensativo. Se ve que emprende un viaje, se irá con él.
26. En la terminal no encuentran pasaje para el momento, se desorientan un poco. Nervioso, Cayetano le recrimina su accionar, le dice que si pensaba volver a Buenos Aires con él, llevando todas sus pertenencias, instándole a que le pague el pasaje incluso, le hubiera pedido opinión. Ella le contesta que no es un plan que tuviera de antemano y que si él no quiere irse con ella no importa, que lo entiende, pero que ella en Santa Fe no va a quedarse. A Mina se le ocurre entonces una idea desopilante: viajar en remise los quinientos kilómetros. Cayetano está cansado, éstos picos románticos lo tuercen en su equilibrio y la deja hacer, pero viajar a Buenos Aires en una noche lluviosa, con un conductor desconocido no le gusta nada. De todas formas, después de recorrer la parada acarreando sus bolsos, caen en la cuenta de que es carísimo. Finalmente, vuelven a las boleterías y sacan dos pasajes para más tarde, pasada la medianoche. Faltan algunas horas, por lo que Mina le propone ir hasta la casa de un amigo suyo, el Gordo Gay. Para un taxi ipso facto, Cayetano la sigue. Durante el viaje ella intentará reconciliarse con caricias atrevidas y abrazos, lo cubre de besos.
27. Llegan a un conglomerado de viviendas y se anuncian por el portero. Mina le pide al que atiende que adivine quién es. Este acierta de inmediato y baja a abrirles. El Gordo Gay es un cuarentón un poco derrumbado pero simpático, la abraza y le dice del tiempo que ha pasado y lo bien que la ve. Ella admite humildemente haberse ausentado más de lo que esperaba y presenta a Cayetano, que es bien recibido.
28. En el departamento hay otros dos varones. Todos la conocen pero no tienen tanta confianza, aunque la llaman por su nombre al saludarse. Luego prosiguen sus conversaciones como si nadie hubiera llegado. Mina pide permiso para que Cayetano se dé un baño, lo cual lo sorprende. Él dice que no, que no hace falta, pero ella explica que en casa de Ona el agua estaba cortada, también todos la conocen. El Gordo accede de buena gana.
29. En la habitación que ocupa la hija del Gordo cuando va de visita, Cayetano se cambia y Mina lo toquetea un poco.
30. Más tarde llegará Osvaldo y le preparan una sorpresa, que termina en confusión. Mina se oculta en la cocina y cuando este sube le preguntan a que no sabe quién vino y si bien no puede creerlo cuando la ve, se diría que se decepciona; esperaba que fuera otra persona que en esos días le ha causado un problema grave, cuenta que le sustrajeron todas las pertenencias de su casa. Mina y Osvaldo han sido novios años atrás. Él se quedará más callado que el resto y tendrá un par de intervenciones agresivas hacia ella, del tipo si yo te conozco, que Guillermina no contestará, está muy contenta y enamorada para hacerlo. Piden pizza y Mina y Cayetano bajan a comprar las bebidas. Él aprovecha para hacerle alguna observación, se lo nota celoso. La peña se irá alcoholizando y drogando pero Mina se mantiene al margen, ha salido recientemente de una comunidad de rehabilitación.
31. Osvaldo junto a los otros dos, los lleva a la terminal de ómnibus. El Gordo Gay los despide afectuosamente, Cayetano le está agradecido. Por el camino, los varones reconocen gente en la calle y le recuerdan a Mina ciertas anécdotas. Antes de dejarlos en la estación terminal, hacen media cuadra marcha atrás hasta una bocacalle donde retoman. Al despedirse, Osvaldo le recomienda hacerse cargo de Mina cuidándola, porque vale oro.
* * *
32. Un mes después, hacia fines de octubre, Mina le dice que está embarazada. Las visitas al hospital duplican su sentido, no sólo hay que ir por una otitis de él, sino también por el examen de ella. Los tests de embarazo le han dado todos confusos: si tienen que ser dos rayitas las que lo confirmen, a ella le dan sucesivamente una rayita y media o ninguna. Tras desechar tres, Cayetano toma el toro por las astas, Mina le advierte que no va a hacerse un aborto y la tensión crece.
33. En una de las visitas al otorrino, Mina, sin avisarle, se hace un análisis en el hospital.
34. Esa noche, en medio del sueño, se despierta diciendo que tiene una pérdida y le pide a Cayetano que la lleve a la guardia.
35. Solo en los pasillos del hospital mientras examinan a su novia, Cayetano se recrimina haberse dejado llevar sin tomar los recaudos suficientes, desesperado ante la posibilidad de haber embarazado a una chica tan particular a un mes de conocerla.
36. El estabilizador hormonal contra la posible pérdida es carísimo y provoca una pelea. En la ventanilla de la farmacia veinticuatro horas, él argumenta que lo primero que hay que hacer es verificar su embarazo, que ante la posibilidad de que si lo esté, los médicos siempre van a optar por prevenir. Ella le dice que se hizo un análisis de sangre con ese fin, sin decirle, esa mañana. Cayetano se enfurece.
37. A la mañana siguiente, Mina se siente mal. Le pide a él que vaya a buscar el resultado, que vea a un tal Enrique, auxiliar del laboratorio.
38. Cuando da con Enrique en el hospital, este señor le dice que falta una firma, que todavía no está para entregar, pero que él lo ha visto y es positivo.
39. Cayetano vuelve preocupadísimo a la casa, pero antes se detiene en un laboratorio de análisis clínicos y pide un turno para hacer un examen en forma privada.
40. Mina llega al laboratorio tomándose la panza con una mano. Cayetano permanece escéptico, evitando los comentarios de la bioquímica más del tipo de ser dirigidos a una parejita feliz. El resultado estará a la cinco de la tarde.
41. Guillermina no está embarazada. No, no estás, le dice él por teléfono. Y quiero que te vayas.
42. Esa noche discuten y llegan a pegarse. Cayetano la abofetea y ella le vuela los lentes de un manotazo, que se estrellan contra el placard. Mina se va y con ella doscientos dólares y cien pesos que Cayetano guarda en una caja.
43. Ante la duda, Cayetano echa a la señora que limpia. Con sus lentes rotos ve a la incrédula señora irse, la casa vacía, se terminó la fiesta.
44. Con su vida nuevamente en el estadio anterior, Cayetano se ve posibilitado de recibir a su novia oficial, Mónica, que ya no vive en la ciudad. A la manera detectivesca, limpia todo rastro del paso de Mina por su departamento. Preservativos debajo de la cama, hebillas para el pelo, guarda un vibrador dentro de una caja de zapatos. Sonríe solo ante cada detalle.
45. Mónica llega con sus bolsos una tarde. Han vivido juntos allí antes de que ella se fuera a probar suerte nuevamente a Bahía Blanca. Cayetano se sienta en el sillón del living y espera por su novia que ha ido a la cocina a servirse algo de tomar, mantienen un diálogo cortés a la distancia. Repentinamente, ella hace silencio. Vuelve hacia él con un vaso de agua en la mano y un corazón rojo de papel en la otra. Cayetano no necesita más explicaciones: es un mensajito de amor que Mina pegó con un imán en la heladera. ¿Mina?, ¿te amo?, pregunta Mónica, que se larga a llorar de pie, con el vaso traduciendo la incontinencia de su alma, la cantidad de lágrimas que va a derramar.
* * *
46. Al tiempo, Mina vuelve a ponerse en contacto con él. Le jura que ella no ha sido la que se ha llevado sus ahorros. Le dice que irá de vacaciones a la costa, y le pregunta si quiere verla. Cayetano, ahora liberado de su novia oficial, creyéndole cada palabra y fantaseando que lo único que puede superar su relación con Mina es sumarle a esta un veraneo, le contesta que va a pensarlo.
47. Secuencia de montaje. El primer verano, tal como lo imaginó Cayetano, es inolvidable. Mina se aloja en el departamento de Dr. Palito que vacaciona con su hija, en el bosque de Pinamar. Cayetano para con sus padres en un hotel de Ostende y en más de una ocasión, les pide que lo arrimen en auto hasta la casa de Mina, pero sigue sin presentarla.
Durante el día en la playa, camina unos kilómetros por la arena para verla, ella entiende el código y no se acerca. Cayetano alquila un kayak y pierde los lentes de sol en una revolcada entre las olas. En la playa de moda, lo llaman desde una sombrilla, es su amigo Larva, que está pasando el fin de semana con su familia, ha visto a Mina en las inmediaciones y se lo dice. Cayetano le explica que tiene mucho para contarle, pero no lo hace.
Una noche, después de salir, Mina y Cayetano se besan en un parador de madera bajo la luna. Un guardián con linterna les llama la atención y Cayetano le propone ir a su habitación del hotel. Pero llegando la madrugada, Cayetano le pide que se vaya. Esto origina una pelea, y a la salida, en el lobby del hotel, el dueño, que conoce a Cayetano y a su familia de otros veraneos, se ve obligado a ser cómplice. En una mañana nublada y neblinosa, por entre los médanos de Ostende, Cayetano y Mina van en silencio. De a ratos ella tiene arranques de furia, le recrimina esa manera de conducirse, manteniéndola al margen. Finalmente, él no encuentra la manera de calmarla y ella se pierde, vestida de noche como está, en la niebla.
Mina cae en una especie de gripe psicosomática, Cayetano la va a visitar mientras permanece en cama. Cocinando una cazuela de mariscos y hablando de ella, Dr. Palito le dice que desde que la conoce, hace diez años, han pasado por Guillermina como dos mil tipos.
Mina acompaña a Cayetano a la terminal, que vuelve a Buenos Aires y quiere irse con él. Discuten, él no quiere sacarle un pasaje y ella se toma un colectivo a cualquier lado.
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48. Mina lo sorprende en una conversación, cuando se vuelven a ver meses más tarde en un bar. Le dice que está embarazada, pero que no se preocupe, que no es de él. Como única sugerencia, viendo la precariedad que la rodea en ese momento, Cayetano le propone que vuelva a su casa en Santa Fe, donde al menos la obra social de la familia le va a cubrir los gastos médicos que, a partir de entonces, van a ir en ascenso.
49. En la despedida, Cayetano le compra un pasaje y la acompaña a Retiro. Cuando el micro de pasajeros comienza a andar, Cayetano camina primero con la mano en alto, saludándola, para luego correr los tramos restantes de la plataforma entre pasajeros y colectivos detenidos, hasta que su chica y su panza desaparezcan de la vista.
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50. Durante esos meses de invierno y el principio de la primavera sólo hablarán por teléfono, en esas extensas conversaciones que a veces terminan en orgasmos.
51. Así que cuando vuelve a verla, panzona de cinco meses, en ocasión de que Mina venga a hacerse el documento de identidad a Buenos Aires, se enamora perdidamente. Ella nunca tuvo documento desde que se conocen, lo cual a veces le trajo algunas imposibilidades como trabajar (aunque esto es por motivos más amplios) o viajar. Lo primero que hacen es ir a un hotel alojamiento cerca de donde ella está parando, un hotel de amigos en San Telmo.
52. Al desnudarla y ver ese globo enorme en el que se ha convertido su vientre, Cayetano cae magnetizado. La toca y apoya su cabeza mientras visualiza el espacio negro de la génesis. Mina está contenta y más hermosa que nunca, las hormonas han operado cambios en su piel, en el tamaño de los pechos, su pelo está distinto y su forma de andar, vestir y proceder, también. Es la mejor versión de Mina que ha conocido, sería genial que fuese su mujer. Sin embargo, parte del pacto de la visita es que regrese una vez terminado el trámite, por no alterar la vida de Cayetano, por no traicionar lo que de ella esperan en Santa Fe. Y así lo hará.
53. En diciembre, Cayetano se opera la vista y Mina viaja a cuidarlo. Esa semana será de las más felices que vivan juntos. Tal como en el principio de la relación con su otitis, Mina se revela como una enfermera excelente. Será su experiencia en rehabilitaciones varias, supone él o su gratitud natural a haber sobrevivido una leucemia cuando era niña; tiene especial cariño al cuidarlo y lo hace sentir muy bien y entretenido. Organizan una serie de encuentros con amigos de ella en casa Cayetano -donde se aloja- y siendo el postoperatorio de la vista bastante liviano hacen asados y reciben gente, gozando de su licencia laboral, de la vista renovada, del embarazo que les permite, por primera vez desde el episodio del embarazo psicológico, hacer el amor sin cuidarse. Antes de irse, por primera vez confiesa que los padres de la hija que lleva pueden ser tres, y uno de los posibles es él.
* * *
54. Con Dr. Palito, la Chaque, Baldi y Mina muy embarazada e inquieta, Cayetano pasa la última noche de sus vacaciones en Santa Fe en el departamento del médico. Han dejado el hotel, la suite romántica y la pileta, pagando medio día de más. Por la tarde, en la pileta -donde concurre como miembro de la sociedad santafesina que no se baña en la laguna-, Palito planea un asado de despedida para Cayetano en su casa.
55. Juntos van de compras a esas boutiques de la carne donde puede comprarse todo para un asado, desde la picada y la carne hasta los vinos (a Cayetano le gusta hacer el chiste de comprar cabernet sauvignon de Colón, pues la etiqueta tiene los colores y el nombre del club de fútbol y Mina siempre lo festeja). Comer también es un acto desaforado para el doctor que compra todo lo posible desde pan y longaniza, achuras varias y costillas, como del último dinosaurio sin extinguir, de ocho centímetros de ancho, dice Cayetano que ya empieza a inclinarse por una dieta más mesurada, menos carnívora.
56. Frente a la boutique del carnívoro ha quedado encerrada la ropa de Cayetano en un lavadero, peligrando la continuidad de sus vacaciones. Pero Palito interviene llamando a un número de celular que figura en la vidriera y logra que los dueños regresen al local a entregar las vestimentas. Con todo solucionado por fin, la ropa planchada y el baúl lleno de alimentos y bebida, parten a buscar a Mina que se ha quedado cerrando los bolsos para dejar la habitación. No le sorprende en nada que hayan resuelto todo, es más, se jacta de ser parte de la solución, tal es ella.
57. La parrilla del doctor queda en la terraza de un edificio horizontal de los pocos que hay en Santa Fe. Desde allí se domina la chatura de la ciudad y en el atardecer se distinguen las fachadas religiosas de la colonia y de las instituciones estatales recortándose sobre el cielo amarillo. Se encuentra también Baldi, un amigo adicto de Palito que aun con la parrilla humeante y un montón de carne por salir, convida y toma cocaína de una bolsa. Cayetano acepta por no negarse, al igual que Palito, pero éste señor es otro tema, se pone reiterativo y no para.
58. Abajo están las chicas: Mina, que abre un champagne, y la Chaque -de chaqueña-, una novia de Palito bastante callada, con la parsimonia de los que fuman marihuana todo el tiempo. Hablan de unas artesanías llamadas atrapa-sueños -a ella le salen muy bien, vive de eso- que Mina llamó siempre espanta-sueños, ha hecho varios, bastante espantosos.
59. Prácticamente no comen nada y enseguida se disponen a drogarse. Mina no lo hace, le faltan pocas semanas para dar a luz, pero toma la bolsa que le ofrece Baldi y convida a todos los presentes, enfrentándoles una tarjeta de crédito a la cara e inhalando fuertemente ella para indicar al otro que inhale. Casi siempre agrega un gesto de aprobación o dice algo mientras vuelve al plato donde deposita la droga para pisarla o peinarla con destreza.
60. El ruido, las conversaciones interminables, los cigarrillos se suceden, mientras el amanecer se despliega en el ventanal. Cayetano, que se ha mantenido lo más sobrio posible en esa compañía y cuyo humor ha ido declinando, comienza a hacer los preparativos para irse. Por supuesto que Mina querrá acompañarlo, pero él la desalienta; su panza, el aeropuerto lejísimo… Además, cuando se dispone a viajar en ese estado, sin haber dormido, necesitando concentrarse en los trámites del caso, prefiere estar sin ella, que al contrario de él, tras una noche de esas características tiene el ritmo vital bastante acelerado. Le pide que le haga un favor: que llame a su radio taxi en Buenos Aires para que estén esperándolo a la salida del aeropuerto, entre combinación de aviones dispone de una media hora y necesita pasar por su casa a buscar dinero. Y a fumarse un porro.
61. Un avión saca a Cayetano de todo eso. Las adicciones que lo tienen harto, los amigos de las adicciones, que también, y oscuro tras sus lentes de sol, mientras lo retan en el check in por llegar tarde, piensa en la panza que deja atrás, en la incertidumbre de su autoría y en Mina, que habrá disfrutado de esos tres días de vacaciones, pero que sin su auspicio vuelve a su vida precaria en lo estructural y en lo mental, al infierno familiar, a la falta de sostén y todo en carrera hacia un parto cercano, su primer parto.
62. Secuencia de montaje. Mientras tanto, Cayetano vivirá unas cortas pero intensas vacaciones. Avión, taxi a su casa (con espera) y avión.
Su grupo de amigos pescadores, en cueros en la playa de Pardelas, destripando carnada al sol, atando diferentes clases de líneas, primitivos en el paisaje lunar con el desierto a sus espaldas. En la bahía anchísima, uno de ellos, Martín, que usa una piedra como plomada, al arrojar la línea le pega al Tiburón en la cabeza: es la única persona nadando en kilómetros a la redonda.
Más tarde cruzarán la Patagonia rumbo a Esquel, sólo se detendrán por una diarrea que aqueja al Tiburón, que al pie de Los Altares irá a cagar a los yuyos, como quien dice, para encontrarse en medio de la operación cara a cara con un ternero que se le acerca.
Por el camino, todos dormidos menos Cayetano y el Tiburón que maneja. Este le dice que no piense más, que seguramente el embarazo no es de él. Cayetano le pregunta a su vez si es capaz de no pensar en su diarrea, el Tiburón dice que no, Cayetano dice que él tampoco.
Y luego: la casa de su amigo Pako, una chacra en Trevelin, el intento de enlazar a la yegua y al potrillo, la excursión pesquera en carpa a la Bahía del Francés del Futalaufquen, los castings interminables con el agua a la cintura, la inmensidad de esos sitios.
Manejando en uno de los viajes, Pako le pregunta a Cayetano si va a ser papá, a lo que él responde no saber. En la distracción, el auto derrapa en el borde del ripio y a punto están de desbarrancarse en el precipicio que da al lago. Ambos ríen nerviosos, desde el auto de atrás tocan bocina.
Habrá trucha a la parrilla, colgarán los neoprenes a secarse de los árboles, irán a la fiesta de la cerveza y la fruta fina, para terminar en una boda en El Bolsón, en una finca que funciona como vivero, con un muy buen gusto por el paisajismo y catorce corderos al asador. Borrachos con champagne de saúco, irán a las cuatro de la mañana a ver qué quedó para comer y el Tiburón caminará por las brasas como en los ritos africanos, aventurándose por un pedazo de carne. Los seis amigos se irán de madrugada cantando una versión con letra ad hoc del avemaría.
63. Ya en Buenos Aires, Cayetano establece comunicación con Mina. Tras reprocharle no haberla llamado esa semana, le dice que le han dado fecha para practicarle una cesárea. Él se asombra, esperaba que fuera parto natural, pero ella le cuenta los motivos que le dio el obstetra y le pregunta si va a venir. Él dice que cree que no, que lo va a pensar, aunque si llegase a ser el padre -Mina dice ver su misma nariz ancha en las ecografías- preferiría no perdérselo.
64. El primer fin de semana siguiente irá a verlas. Al llegar, Cayetano se entera que tras el nacimiento, Mina se ha ido de su casa debido a las peleas con su padre y ha recalado en una pensión cercana a la terminal, donde también vive la Chaqueña, a unas pocas cuadras del sanatorio donde Barbarita –que así la llamó, en diminutivo- ha quedado en incubación artificial. La situación que presenta Mina, que lo ha ido a buscar y ya está flaca de nuevo y ha vuelto a fumar como siempre, no es esperanzadora. Tiene miedo que debido a su internación y posterior fuga del psiquiátrico Moyano un año atrás, su padre alegue demencia y puedan dar a su hija en adopción. Además, como hubo peleas también en neonatología, la pediatra le ha dicho que quizás dé parte al juzgado de menores, pues lo que ella observa le hace dudar de la seguridad de la bebé cuando abandone la incubadora. La vida de Mina es una locura en esos días: debe amamantar a Barbarita cada tres horas, lo que significa presentarse allí rigurosamente, de noche sin poder dormir, soportando su propio postoperatorio de la cesárea.
65. En una de las visitas a ver a la bebita, Cayetano se hace pasar por el padre, a instancias de Guillermina que le dice que es la única manera de ingresar al área. Vestido con guardapolvo, sostiene a la beba, tomando el cuerpito frágil con el que ha llegado al mundo, lleno de cablecitos e inductores de suero. En el interior de la sala hay madres y padres muy preocupados, Cayetano se mantiene con el rictus de seriedad que la situación impone y al tomar a Barbarita, siguiendo las absurdas gesticulaciones instructivas de Mina a través del vidrio, se conmueve al borde de las lágrimas. Tiene treinta y tres años y esa puede ser su hijita, y la que se impacienta, repite indicaciones y saca fotos al otro lado, su mujer.
66. Más tarde llegarán Beatriz, Lauro y Teresa. Cayetano conoce a la hermana de Guillermina y a su esposo de su visita anterior, quince días atrás. Pero a Teresa, su madre, no la ve desde hace algo más de dos años, aquel fin de semana del clásico de Colón. Beatriz y Lauro se van enseguida, cabe la posibilidad de que venga su padre con quien no se ven ni se hablan.
La pediatra, al presentarles el informe de la beba a la madre y a la abuela, pregunta a Cayetano si es el padre. Él contesta que no. Siente la reprobación de Mina (con algo de razón, hace unos minutos se hizo pasar por él al ingresar, es riesgoso) y ve en la mirada de la madre un desafío, como si dudara de su seguridad. La médica dice, un poco en broma, un poco en serio, que entonces a él no le dará el informe.
67. De un día para el otro, sin embargo, todas las buenas novedades se van sucediendo. Primero, el padre deja la casa, llevándose consigo a su madre, la abuela de Guillermina, a quien Cayetano no conoció y siempre fue señalada como el origen de varios de los problemas. Después, Barbarita deja la incubadora y Mina se la lleva consigo. Cayetano se alegra por todo eso. Incluso llega a concederle a Mina la razón en haber pensado que quedar embarazada podía resultar en sentar cabeza, terminando con el derrotero indefinido, encontrando un sentido para su vida. Ante esa situación general, se decide a ayudarlas económicamente a la distancia. Y se siente bien por eso.
68. Cayetano va a la caja de seguridad de un banco. Baja las escaleras mecánicas, luego el ascensor silencioso, traspasa las rejas, entra a la bóveda plateada. Cuenta billetes, retira algunos del sobre. Desanda el camino. Entra al banco de Santa Fe de calle Perón y hace un depósito en caja.
69. Mina parece estable y muy contenta con lo hermosa que ve a su hija. Cayetano, con el año laboral reiniciado, le escribe y la llama seguido. Vuelven a masturbarse juntos por teléfono, ahora más discretamente por estar Mina viviendo con su madre, existiendo la posibilidad de que escuche o levante el otro teléfono. De todas formas en éste nuevo enamoramiento, Mina está un poco menos sexual y a veces Cayetano tiene que reprimirse en sus intentos de excitarla a la distancia.
Mina le cuenta que Dr. Palito le regaló a una bicicleta, y ella la eligió de los colores de Colón.
70. Cayetano no quiere esperar más, quiere saber. Aprovecha un viaje a Bahía Blanca a visitar a su familia y lo conversa con ellos. Juntos con su padre, emprenden una caminata por la avenida principal y de tanto conversar terminan en el parque, junto al canal que lleva el arroyo al mar. Bajo la luna, Cayetano le habla detalladamente de su relación con Mina a quien su padre, Cayetano, que así se llama, igual, no conoce. Sabe que hace más de dos años se ven alternativamente pero no está al tanto de las vicisitudes del embarazo. Además, le dice que tiene la decisión tomada: va a hacerse un examen de a.d.n. Con la visión legal que lo caracteriza, su padre le dice que guarde reserva del resultado y que no lo entregue ni lo dé a conocer hasta estar seguro de qué hacer.
71. A solas en la oficina, fuera de horario, Cayetano investiga por internet las posibilidades y formas. En su fuero íntimo, tiene temor acerca de qué pueda resultar de un documento con poder legal donde se reconozca oficialmente su paternidad en manos de Mina.
* * *
72. Pactan con Mina hacerse el examen de a.d.n. y madre e hija viajan a Buenos Aires. Una noche, fumando cocaína y contándose su vida, Cayetano le pide a Mina que le detalle la violación que sufrió a los diecisiete años. Ella le cuenta que volvía de la escuela, eran como las ocho de la tarde en otoño o invierno, porque ya era de noche. Un tipo la agarró, le pegó una serie de trompadas y la violó debajo de un árbol. Al violador lo agarraron y más tarde lo mataron o se suicidó en la cárcel. A partir de ahí, ella se empecinó con su padre y con la ropa interior femenina que llevaba puesta, odia las medias bucaneras. En aquellos días se debatía en finalmente acostarse con su primer novio, un tal Fede, agrega.
73. Volviendo de cenar, Mina se deprime, acorralada en su propio caos, planteándose la vida a todo o nada: ésa noche las únicas alternativas que ve son abocarse a la prostitución o matarse. Cayetano la escucha y la ayuda a razonar, esperanzador. Pero ella que no, obstinada en lo terminal de su situación, centrada ya en el problema ético para con su hijita (¿o de ambos?) fuera cual fuere su elección. A la mañana siguiente tienen planeado hacerse el examen de a.d.n.
74. Pero al llegar a la casa, Mina acuesta a Barbarita y le pide cocaína. Cayetano se niega, no sólo porque la ve haciendo una cadena de razonamientos inapropiados, sino por el compromiso tan importante que tienen al día siguiente. Pero Mina se sale de sí, profiriendo amenazas terribles, diciéndole lo poco que le importa nada.
75. Mientras se oyen las inhalaciones de Mina en el living, Cayetano intenta apaciguar a Barbarita en la cama, arrullándola. Desconsolado, mira sus facciones buscando un parecido. La alza a la altura de un retrato suyo cuando bebé para compararla.
76. El examen en sí, como un casamiento. Contentos y nerviosos. Los alumnos de farmacia detectan el trance en el que andan por la presencia que imponen Mina y Barbarita tan pequeña y el accionar preventivo-práctico de Cayetano. Luego, el erudito súper loco, a lo Einstein, que le indica equivocando izquierda con derecha el camino a la tesorería. ¿Éste tipo lee el mapa del genoma humano?, pregunta Cayetano.
77. Vuelta a bajar los tres en ascensor y vuelta a subir repleto, miradas embelesadas y diálogos de farmacia y ámbito estéril.
78. Las fotos por tres, el acta, las firmas, la seña de la bebé, huellas dactilares de todos y la muestra doble: sangre y saliva.
79. En una cafetería de Retiro, los tres en silencio. Mina se va llorando a Santa Fe. Cayetano no da más.
* * *
80. Un mes más tarde, la ida a buscar. Ella quiere ir, pero él le dice que no, que nunca más, no. Su hermano además se ha ofrecido a acompañarlo. Ella acepta, pero le pide que se lo lea en directo, para enterarse en simultáneo por teléfono.
81. Toca un viernes, Cayetano va con el Negro. Intenta pagar el saldo, pero la tesorería está cerrada. Viaje de regreso, consulta y vuelta a bajar con la angustia de saber que si tiene que esperar al lunes, no podrá. El fin de semana está para sobrellevar el resultado, no para atravesarlo ignorante le dice a su hermano. Y agrega: si da positivo, viajará a verlas.
82. Finalmente da negativo. Su hermano, con la mano izquierda sobre su pecho, la diestra sobre la espalda, sosteniéndolo, le dice certero: no sos. Cayetano descansa en sus palabras, el Negro ha logrado entender lo que sus ojos no aciertan a leer, que es excluyente la posibilidad de una paternidad biológica. Se alivia más de lo que esperaba, dice, aunque no tanto como para alegrarse, el beneficio es muy parcial.
83. Su madre al teléfono, enérgica a su padre: ¡No! ¡No es!
Guillermina, al teléfono: ¡Qué lástima! Y no puede evitar agregar: yo ya sabía. Cayetano suspira por no matarla.
* * *
84. Tardará otro mes en perdonarla, finalmente las va a visitar. Mina lo busca en la terminal con Barbarita en brazos.
85. No ha estado en su casa desde hace casi tres años atrás. Observa cuatro retratos infantiles con sus nombres manuscritos -Mina y sus hermanos- colgados formando un tándem y más abajo un recortecito de cuero con un quinto nombre: Tomás, un hermanito muerto. En un rincón, una foto de un joven uniformado de liceo militar y sobreimpreso: ¡Sí, juro! Escuela Militar Gral. Manuel Belgrano, Rosario. Hay una colección de clásicos de la literatura de cien títulos casi completa. En el altillo, codo del techo, bajando el desnivel, un arbolito de navidad armado, está seco y muy polvoriento, con alguna rama quebrada. En una terraza pequeña de colgar ropa hay dos trofeos, son medianos y genéricos. Cayetano intenta leer la chapita del pedestal, pero la intemperie ha borrado para quién fue y por qué lo ganó.
86. Por la noche, viene Dr. Palito de visita y con él, Grace, una belleza de juguetería de treinta y nueve años de edad que no habla demasiado con nadie, ni siquiera con su ex marido. Además tiene la vista fija y apenas se mueve en una especie de tensión quieta, lo cual se contradice con su ropa prieta y provocativa. Sentada, fuma porro, impávida. Mina abre el champagne recién llegado, lo sirve con hielo. Dr. Palito enciende fuego sobre un plato para calentar cocaína. Ambos hablan a la vez. Cayetano anfitriona y lleva en brazos a Barbarita. Mina pierde el control, lo pelea.
87. Al pie de la cuna, Dr. Palito, Cayetano y Mina, terminan pasándose a Barbarita que profiere alaridos que nadie sabe acallar. Cayetano, juicioso, se retira a dormir.
88. Cayetano está dormido. Entra Mina, se desnuda y se agazapa sobre él, haciéndole el amor. Llora al acabar.
89. En el baño, Mina le dice te baño como a un romano, pasándole una esponja. No restringen ningún deseo y ella lo mira con ojos profundos.
90. Cayetano en remera, calzoncillos y medias, mira dentro del placard revisando entre las cosas de Guillermina. Toma un saco de corderoy y se lo prueba, el forro está reseco y roto, no tiene botones. Mina entra, con un toallón faraónico sobre la cabeza. Le dice que le queda muy bien y se lo regala. Cayetano dice que no y amaga a quitárselo, pero Mina lo contiene cariñosamente. Cayetano coloca las manos en los bolsillos, resignado. Encuentra algo, es una carta de amor, la lee. Mina le pregunta a quién se la escribió. Él evade la respuesta, lo pone celoso.
91. Mina había dicho que el abrigo de piel lo quería para usarlo en una noche especial y se lo pone en ese momento. Cayetano, contento, le dice que recuerda haber pensado en una noche especial como algo lejano y quizás en no ser el elegido para pasarla. Prontos a salir, Guillermina le pregunta a Ona -que se ha quedado con Barbarita en el living- qué hace, porque ellos se van de luna de miel.
* * *
92. Unos días más tarde, ya en Buenos Aires, Cayetano llama a su casa. Lo atiende una chica llamada Angélica, niñera de Barbarita, que le cuenta que ha sucedido algo terrible: Mina volvió sin dormir a la casa y habiendo dejado a su hija en lo de una vecina se dispuso a romper todo y a pelearse con su madre. En el incidente ha intervenido la policía primero -porque también amenazó con cuchillos- y luego la guardia de una clínica psiquiátrica. Se la han llevado.
93. Cayetano le refiere a su amigo Riganti lo sucedido en la cocina de su departamento. Ambos se conocieron por Mina, en ocasión de una internación que ella tuvo en el psiquiátrico Moyano hace un año y medio. Riganti compara el episodio de aquel entonces con esto que él le cuenta, también pregunta por la bebita. A Cayetano le preocupa la posibilidad de que le den electroshocks, pero Riganti lo tranquiliza contándole sus experiencias en manicomios, bastante espeluznantes. Antes de que se vaya, Cayetano le pide que le dibuje con un bolígrafo un mapa de las venas sobre los brazos.
94. La habitación de Mina en el psiquiátrico. Allí, una enfermera inyecta a Guillermina mientras un enfermero observa. Está tensa, los dientes apretados y cierto prognatismo, pero sumisa, contenidamente quieta.
95. En la cocina, con miedo y todo el instrumental sobre la mesada, Cayetano atiende un nudo corredizo hecho con un cargador de celular. Cerrando el torniquete sobre su brazo izquierdo, se inyecta.
96. Haciéndose pasar por el hermano, Cayetano llama a Mina al psiquiátrico. La escucha parsimoniosa, con la boca un poco rígida. Le pregunta cómo está, ella le dice que bien, y aunque intenta evasivas, Cayetano le pide que le cuente que pasó. Mina quiere que interceda con el Dr. Aldacour, el psiquiatra, diciéndole que fueron novios. Además tiene una muy buena noticia para darle.
97. Cayetano se entrevista con el Dr. Aldacour, el Dr. Palito lo acompaña y lo presenta. El psiquiatra le da el cuadro de la situación e intercambian pareceres, habla de la eclosión que sufrió con el nacimiento de su hija y de la necesidad de que un hombre se decida a acompañarla. Mina no tiene autorizada ninguna visita, salvo la de Palito y sus familiares directos, pero Aldacour le permite pasar.
98. En la habitación de Guillermina, Cayetano se incorpora de la cama, donde la ha estado esperando leyendo “Elogio de la locura” de Erasmo de Rotterdam, uno de los libros de la colección de clásicos de su casa que ella dejó sobre la mesita de luz. Mina entra. Su dicción no es tan fluida y camina con equilibrio precario, las manos levemente erguidas. Mina reconoce el saco de corderoy que él lleva puesto y ve que está arreglado. Cayetano le da noticias de personas que conocen en común. También le ha llevado algunas cosas, de su mochila vacía una bolsa. Ella lo abraza. Luego lo conduce de la mano al baño contiguo, él se resiste, temeroso.
99. Entran al baño y Mina cierra la puerta. Es arriesgado: una vez dentro no hay razones si la abren, pero el amor es más fuerte, están muy calientes. Cayetano se pone un forro, ella lo atrae hacia sí, pero él la gira, negándose. Igualmente quedan enfrentados en el espejo, por lo que la mirada es recíproca. Él, con sus ojos sobre su reflejo; ella, desde su reflejo mira sus ojos. Principio de penetración y en sincro mordaz, la puerta de la habitación que se abre. Suspensión unánime del acto y salida de Mina, tan inteligente.
100. Mina sale del baño mientras se acomoda. Pelea con un loco que le pide cigarrillos. Cayetano ha vuelto muy preocupado al cuarto. Ella hace una mueca parodiando lo sucedido y se arrima gatuna. Lo tira sobre la cama y se la chupa, suavemente. Entra su compañera María del brazo de su padre ciego, le da excusas. Detrás de ellos el enfermero que profiere gritos y pone todo en su lugar. Por último, nuevamente el loco pidiendo cigarrillos. Mina le dice a Cayetano que no aguanta más, que además allí hay agresión sexual. Le pide que le diga a su madre que quieren casarse y que la saque de ahí. Mira sus ojos, incansable. Él en cambio esquiva los de ella, incapaz.
* * *
101. Dr. Palito llama a Cayetano por teléfono, ambos preocupados por el destino de Mina, encerrada hace ya tres meses. El doctor le dice que ha conversado con la madre y que ella no quiere que Mina se vaya con él, llevándose a Barbarita a Buenos Aires. Cayetano reconoce que Mina le habló de planes de casamiento, pero que él siempre lo tomó como una estrategia para salir del psiquiátrico. Discuten posturas familiares e impedimentos legales. Cayetano le explica que además ha hablado con Mina y ella dice que desea volver a vivir a su casa con su madre y su hija.
102. Barbarita ha comenzado hablar, la llevan de visita tres veces por semana, por lo general en el auto de Palito. Mina cuenta que las sílabas que pronuncia son pa-pa, a Cayetano le hace gracia que sea justo eso. Ella le dice que se fue de viaje. Luego reconoce que por lo corpulenta, empieza a suponer que es hija de un tal Chancho. Cayetano se ofrece a llamarlo, hablar con él, pero ella dice que mejor no.
103. Riganti cree que a Mina no la van a dejar salir, que lo que ella hizo es intento de homicidio. Cayetano lo desestima, lo considera solamente amenazas.
104. Cayetano habla por teléfono al psiquiátrico. Le dicen que Guillermina se fue de alta. De inmediato llama a su casa, pero no la encuentra, Angélica le dice que ha salido. Teresa lo intercepta al teléfono, le dice que aprovecha que ella no está para pedirle por favor que no se la lleve a Buenos Aires, que ella tiene que tomar la medicación y si se fuera se puede descontrolar. Agrega que en ese caso la van a enviar a un manicomio de provincia y que de allí no es tan fácil salir. Le pide que busque esquizofrenia en el Google.
105. Más tarde vuelve a llamar y esta vez sí la encuentra. Está muy contento de que haya recuperado la libertad. Ella dice que tiene muchas ganas de verlo, que pensaba ir, pero que el fin de semana es el día de la madre, su primer día de la madre.
106. Cayetano llama a Mina para el día de la madre, aun no han podido verse, está sentado junto a un bolso en la calle, hablando desde un teléfono celular. Mina le cuenta quiénes están y qué van a comer, creyéndolo en Buenos Aires. Sin embargo su novio está allá, de viaje sorpresa. Primero no entiende, incrédula, después sale corriendo a abrirle.
107. Todos reunidos en el comedor de Mina. Están Dr. Palito y Grace con su hija, Florencia. Teresa con Barbarita en brazos y su novio Toribio a un lado. Beatriz vino con su marido Lauro, su recién nacida Julia y Lucio y Lautaro, que están en el patio pateando la pelota. Ona fumando, Jade jugando. Angélica sirviendo los tallarines. Entran Cayetano y Mina desde la calle. Mina dice: tenemos una muy buena noticia para darles…
F I N
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de Derecho de Autor n° 507512.
© Daniel Villar, 2006
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miércoles, 30 de septiembre de 2009
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