. Durante el entresueño, la idea
Macro de
un hormiguero. Actividad febril, últimas horas de la tarde…
Aérea de
una vista urbana, bien alta, como si fuese Dios quien mira a la ciudad. Se oyen
las bocinas de los autos diminutos reverberar en las estructuras de cemento,
perderse en el murmullo de la noche.
Teleobjetivo
sobre las infinitas ventanas de departamentos de Buenos Aires. Y en una de esas
ventanitas…
Primerísimo
primer plano de la boca, barbada y murmurante, de Álter Ego, nuestro
protagonista. Algo cavila entredormido: calcula gastos para un viaje próximo.
Es una boda en otro país, le oímos mencionar São Paulo. La frivolidad del plan
lo inquieta. Sobresaltado, espabila. ¿Y si aprovecho para filmar una película…?,
se auto-desafía. Puede que ese dinero que le quita el sueño sea demasiado para cumplir
con un compromiso social… ¡pero es muy poco si de producir una película se
trata! ¿Y de qué trata? Tiene que ser chiquita, no sólo de bajo presupuesto,
sino manejable, asequible. ¿Chiquitita como qué? ¡Como una hormiga! Abre los
ojos. ¡Un dios para una hormiga! Voy hasta la plaza de mi barrio, relata,
capturo una hormiga al azar, la arranco de su hábitat subterfugio y cooperativo
de trabajo, y me la llevo de “living
la vida loca” conmigo, en avión, a Brasil. Para luego, como hace Dios con
nuestros destinos, continúa, volverla a su terruño natal, su patria chica, sin
que nunca se explique por qué fue que se la arrebató en un primer momento, qué
fue lo que le pasó en el ínterin, ni por qué la devuelven a su hormiguero de
siempre… ¡Escribílo!, se obliga Álter Ego. E, incorporándose de la cama, sale
de su habitación y se dirige a la cocina.
A la luz
de la heladera abierta, el joven en calzoncillos se dispone a bajar sus ideas a
papel. Habla solo, se ríe, se contradice, se reta severo, menciona nombres, fechas, itinerarios,
cosas por hacer y una ruta inicial: el camino desde su casa hasta Parque Las
Heras… “Bajás por Arenales, lo de siempre en la calle y en vos…”, la
introducción de ‘Balada para un loco’, himno tanguero nacional, le viene a la
mente. La anota. Y la dice: … bajás por Arenales…
. La ruta a la plaza
… lo de
siempre en la calle y en vos… En off,
su voz se superpone al descenso olímpico: en el hueco del ascensor, el
contrapeso del mecanismo descorre el título principal ‘UN DIOS PARA UNA
HORMIGA’ que se transforma de inmediato en ‘UM DEUS PARA UMA FORMIGA’. La
puerta metálica irrumpe en cuadro y borra ambas versiones de los títulos. Se
oye a Álter Ego en el interior, alejándose, silbar el tango de Piazzolla y
Ferrer.
El texto,
a la vez descripción y hoja de ruta, constituye un homenaje al cine y la
literatura argentinos, nuestros cineastas y escritores.
La cuadra
de Álter Ego, esquina con Agüero y las inmediaciones del actual shopping:
“… eh,
bajás por Arenales / lo de siempre en la calle y en vos / si subís hasta
la
ex-cervecería / del sabor del encuentro / (frase de Fogwill) / decíle gracias a
María Luisa, señora de nadie / hija de esa birra y mamá de nuestro cine
nacional”
La
ventana decrépita, sórdida, de un inquilinato a la calle:
“Si
fueras por Beruti, no / pero si agarrás por Bulnes, pasás: / el depto. donde
planearon el robo / de la plata quemada / novela de Piglia / película de
Piñeyro”
Cercanías
del Parque Las Heras, la fachada de la Secretaría de Educación, una parejita
ingresa a cuadro:
“De ahí,
al beso de ‘Alias Gardelito’ / (cuando Juncal era cortada / y se podía jugar a
la pelota) / De pie, gente: ¡novela de Bernardo Kordon! / … y película de
Lautaro Murúa”
Un niño
agazapado dispone una jaula para cazar pajaritos:
“Entonces
sí, la penitenciaria / la cárcel”
Vuelan
las flores azules de los paraísos sobre el césped:
“Por
cinco fugados en el libro / y película de Mignogna / cinco mil fueron a parar a
Ushuaia”
Un
jilguerito insistente trina entre las hojas:
“Dicen
que los jueves / a eso de las tres, preso y / proscripto, don Hugo del Carril /
¡productordirectoractorguionistacantante! / juntaba a un nutrido / grupo del
otro lado del paredón / a escucharle entonar / su Marcha Peronista”
Y Álter
Ego, que continúa en off, varía,
actualizando, la letra:
“… las
muchachas peronisss…”
Una
hormiguita solitaria rodea unos peldaños de madera:
“Ahí, los
fusilamientos”
Plano
general de una acacia bocha al atardecer, es el hormiguero central, el elegido.
. La captura
Cierra su
off diciendo: “… cuando de repente,
me aparezco yo… / mezcla de cineasta y mirmecólogo / que son los especialistas
en hormigas…”
Y entona:
“… ya sé que estoy piantáu, piantáu, piantáu…”
Por un
costado de cuadro, lo vemos ingresar gateando. Sigue un caminito de hormigas
para dar con el nido. Una vez que lo descubre, se reclina a verlo, acostándose
sobre la gramilla del parque. ¿Sos vos la elegida? Y captura una hormiga, pero
se la come. No, sos vos, elige otra. Le habla, le explica su experimento
apoteósico, su plan de dios con minúscula, nuestra película. Y, al grito de “¡Acción!”,
la encierra en una latita y se la lleva consigo.
. El dios del tiempo
Hay otos
dioses en este cuento, y un relojero al que concurre Álter Ego, se le antoja
así, dios del tiempo. Es que como estoy más flaco, explica al señor Oscar, que
está rodeado de distintos artefactos para mensurar el paso de los segundos y
las horas en su comercio de una galería en calle Libertad, necesito que me
ajuste la malla. Voy a filmar una película, ¡mi ópera prima, nuestra ópera
prima!, y si ando con el Seiko flojón, se me engancha en las mariposas del
trípode, le rayo todo el cristal en el fragor del rodaje. A este cronógrafo, me
lo compré por Yasujirō Ozu, el director de cine japonés, que
era muy perfeccionista y medía las duraciones de cada una de sus tomas, amplía
el cineasta y mirmecólogo… Cucúes, rueditas de maquinarias, estantes
clasificados, una lupa que agranda su visión, pilas de toda índole, rodean al
relojero, que aprovecha, abre la tapa del reloj japonés, y limpia el alma del
tiempo, mientras el joven le cuenta sus próximos planes…
. Las niñas ancianas
… claro
que hay que planificar cómo llevar la hormiga de viaje: no puede estar
encerrada en una lata todo el periplo. Además, hay que determinar qué utilidad
persigue cada caparazón, que es como denomina Álter Ego a los diferentes
receptáculos cuando explica su idea a Ada B., la dueña del local de
antigüedades sobre Laprida, a una cuadra de su departamento, el que vimos al
inicio. Porque, además, tienen que ser objetos bellos, por eso pensé en este
lugar, continúa. Carmen, la señora socia del comercio, sonríe halagada. Un
salero pequeño de vidrio y un tintero de la década del 40 son adquiridos por
nuestro protagonistadirectornarradorperformer:
casitas transparentes para “su” hormiga, que va a necesitar ver, y, según
adelanta, que piensa en hacer bucear. Comienzan entonces las casualidades:
ambas ancianas tienen recuerdos de niñez relacionados con hormigas. Ada muestra
una muñequita muy antigua de la Hormiguita Viajera y se la dibuja a mano
alzada. Carmen evoca los cuentos que su padre les hacía para dormir a ella y a
su hermana: las historias de la Fourmi Rouge, la Fourmiguette y la temida negra
¡la Brincadeira!, ¡en portugués…!
. El futuro
Tomando
prestado el esoterismo que aplicaba Roberto Arlt a sus escritos, cuando
apuntaba el momento exacto en que se le ocurría una idea para luego realizar la
carta natal de sus obras, Álter Ego, que tomó nota de aquel 16 de septiembre,
viernes, 3 am, momento de la primera escena en que soñó todo lo que ahora lleva
adelante, concurre a ver a un tarotista. Pero esto es un documental, de los que
está de moda llamar de creación, es decir, donde lo que se documenta son
eventos que fueron provocados a tal fin. Entonces también es cine dentro del
cine: ambos camarógrafos, Hong y Gorrín, un asistente de dirección también
sonidista, Josué, y la productora, Ángeles, se encuentran alrededor de una mesa
en la Plaza Julio Cortázar, oyendo cómo Walter, tarotista amigo, vaticina la
suerte del rodaje al director. Un director en papel performático, delante y no
detrás de cámara, y con una finalidad poética, además de mesiánica. Ergo, los
otros dos modos, que, según Nichols, el teórico norteamericano taxonomista del
género, definen a esta película: poético y performativo. Un documental de
creación de modalidad poética y performativa.
. El pasado
Don
Alberto tiene 84 añitos, pero igual le gusta el café del Burger King. Solos,
frente a la terraza, temprano por la mañana, dejando ir las miradas hacia la
panorámica de Plaza Italia debajo, Álter Ego y él departen sobre la editorial
Tor, favorecedora de la cultura popular en los años cuarenta, cosa que explica,
humildemente pero con sabiduría enciclopédica, el anciano. Es que “La vida de
las hormigas”, la obra de Maeterlinck, autor de una trilogía sobre los insectos
sociales (abejas, termitas y hormigas), de 1930, se convirtió en el libro de
cabecera de la producción. Don Alberto lo gira entre sus dedos para mostrarle
la contratapa: ‘Cada tomo cuesta un peso’, reza ahí. ¿Ves? Y así, nuestro
protagonista encuentra contextualizado el libro del belga en su cultura, lo que
le permite leer que una hormiga nunca podrá ser tratada como individuo, sino
que sólo en la colectividad del hormiguero se encuentra su razón de ser… ¿Y
entonces quién decide las cosas en un hormiguero? ¿Es posible que así como la
reina vive 12 años, las obreras vivan 4, y los machos sólo semanas…? ¿Puede creerse
que en el entramado de células que representa una colonia de hormigas también
esté representada la armonía celular humana, así como la armonía planetaria del
universo…? ¿Y si las dimensiones de los insectos ponen en otra escala a la
dimensión humana y ésta a la del espacio, un hormiguero constata, asegura, es
prueba de que no estamos solos en nuestra galaxia….?
. El presente
El
presente exige viajar. Mientras oye por televisión el discurso de Cristina
Kirchner en la ONU, Álter Ego se da una última ducha previa a su vuelo Buenos
Aires~São Paulo. La presidenta no olvida mencionar nada: frente a las cámaras
en vivo de todo el mundo habla de la causa femenina, siempre postergada; de la
economía del enter, como denomina a
los capitales volátiles de las corporaciones absentistas; manifiesta la
inclaudicable lucha por recuperar nuestras Islas Malvinas, arrebatadas en 1833,
manu militari, por la corona inglesa,
y denuncia el constante veto impeditivo del mismo Consejo de Seguridad del
estrado desde donde declama; la necesidad de incluir a Palestina entre las
naciones reconocidas por ese organismo; el problema del terrorismo, la falta de
tolerancia con la diversidad en la familia humana… Explica que, sin ningún
espíritu ejemplarizante, Grecia podría echar mano a la “receta argentina” para
salir de la crisis suicida de la cultura occidental. Desde el baño, el joven
expedicionario la alienta a los gritos.
De todas
las múltiples identidades que nos obliga a tener la sociedad, Álter Ego elige
las necesarias para viajar, su documento nacional de identidad, las tarjetas de
débito bancario. Pasaje aéreo no, porque ya no se usa. A último momento, antes
de cerrar el bolso para partir a la boda en el extranjero, justificación
ulterior de su experimento mirmecológico (dado que la hormiga también viaja),
nuestro performer recuerda que no sólo
tiene que contrabandear fauna: además, planea regresar a Brasil con una planta
enana que trajo del Memorial da América Latina en su última visita… Pidiéndole perdón, la desarraiga de su
maceta, la mete en un Tupperware, la embolsa, apaga la luz y sale de su casa
rumbo a lo desconocido, lo digno de documentar…
. El viaje
Un avión
de LAN despega sus ruedas de la pista entre vapores humeantes mientras apunta
su nariz al cielo.
Los compañeros
de viaje: a su derecha, su mano derecha, el Gordo Gorrín, venezolano,
camarógrafo y estudiante de Álter Ego en la universidad. La hormiga experimenta
un ascenso aeronáutico, su salero va trabado entre dos asientos. A la izquierda
del protagonista, una mujer interesante, con cierto aire filosófico, lo mira
hacer. Hasta que, una vez servido el desayuno, Álter decide darle a su
criaturita-rehén una sobredosis de azúcar. Derrama, aunque en prolija pirámide,
un sobrecito entero de edulcorante sobre la mesa rebatible. Luego, abre el
salero y la deja salir a pasear sobre una montaña que él supone de éxtasis. Y,
otra vez casualidad, la pasajera a su lado conoce todo acerca del papel de
prohombre, de semidiós, de los antecedentes griegos de hacer sucumbir, de esclavizar,
estableciendo castas, creando esferas olímpicas, del gesto mesiánico a lo largo
de la historia humana. El estudiante de cine y principal colaborador en esta
aventura, registra la charla en HD.
Algunas
filas delante, la Taylor, que será maquilladora en el proyecto, muy amiga de Ariane, la novia brasilera,
observa misteriosa…
. La llegada
En la
aduana de pasajeros del aeropuerto internacional de Guarulhos un cartel advierte sobre el
tráfico de animales. Es una ilustración de un hombre que, muy orondo,
transporta un loro colorido en una jaula. Al modo de las secuencias ‘antes y
después’, a continuación, el que va en la jaula es él, llevado por un policía
aeroportuario. No obstante, Gorrín, la hormiga y Álter Ego entran al país
vecino sin problema alguno.
Hay un
pequeño cordón donde fumar, es cerca del estacionamiento, y ahí esperan por la
Taylor (seguramente retrasada en el freeshop)
y Ramón, el novio, que viene a recogerlos. Ramón llega gritando, saludando en portuñol. Ego y él se abrazan, el Gordo
graba el momento como le fue indicado previamente. Al mismo tiempo llega La
Taylor, toda algarabía, acompañada por un libanés, romance de avión.
Cruzando
el puente que comunica con el estacionamiento, Ramón, el futuro esposo, de
origen mexicano, recibe una llamada de su prometida, Ariane. Se van pasando el
celular hasta hablar todos. Algunas instrucciones acerca de hacer llegar a La
Taylor cuanto antes a Botucatu. Consejos a Ramón de alcanzar a viajar al día
siguiente ellos, a tiempo para el almuerzo de las presentaciones. Álter Ego
bromea diciéndole que si se despiertan de la despedida de solteros de esta
noche, sí, puede que lleguen.
A bordo
de una camioneta compacta, yendo a almorzar a un shopping frente a la terminal Barra Funda para que la maquilladora
se embarque al interior del estado enseguidita, Ramón cuenta sus últimos años,
la experiencia de adaptarse, siendo mexicano, al idioma, la vida de trabajo,
las costumbres en Brasil. Algunas dificultades tuvo, desafíos también, pero
aunque avanzó mucho, y a cuatro años de vivir junto a Ariane en São Paulo puede
decir que ya se adaptó, todavía le queda pendiente poder sustentarse como
actor: su experiencia en cine y televisión no sirve de mucho si el acento
español se le filtra en su recientemente aprendido portugués. La Taylor también
cuenta cosas, se convirtió en jefa de la productora donde todos se conocieron,
incluidos Álter Ego y los que ahora se casan. Nuestro protagonista mecha sus
comentarios, alienta a la conversación… ¡para que Gorrín lo grabe todo!
. El regalo de bodas
Además de
su bolso personal, el estuche con el trípode, las dos cámaras, la valijita de
sonido, la hormiga y la plantita desarraigada, Álter Ego llevó consigo un
cuadro dentro de un sobre de nylon. Es una foto que amplió e hizo enmarcar,
donde se ve a la pareja de la brasilera y el mexicano cuatro años antes, cuando
recién pasaban su primer verano como novios en São Paulo. Aparecen sonrientes,
apoyados sobre la barandilla de un puente que conecta dos secciones de parque
muy frondosas. Detrás de ella y de él, una perspectiva rutera se pierde en el
infinito, como augurando un destino promisorio, un camino al que recorrer de a
dos.
En el
impersonal ámbito de un patio de comidas de un shopping, tomando las primeras dos cervezas de su mini-vacación,
nuestro protagonista obsequia el cuadro al futuro esposo. Ramón se reconoce
agradecido de aquel joven que fue, el que tomó la decisión de amar. La Taylor
lo festeja, aprueba el regalo (aunque se excusa por no haber traído uno con
ella). El Gordo Gorrín lo filma todo y se dispone a comer una abundante
ensalada paulistana.
. Re-arraigando la planta enana
La Taylor
partió rumbo al interior del estado, a la localidad adonde va a llevarse a cabo
la boda, Botucatu.
En la
ciudad de São Paulo hace un calor tremendo. Los helicópteros surcan el cielo,
dando una persistente sensación de que algo especial está sucediendo todo el
tiempo. Bajo el rayo de luz de las tres de la tarde, Álter y Ramón cruzan el
puente de Niemeyer, el arquitectazo nacional por antonomasia, también conocido como “el que
se alimenta de sol”, que, sobre la avenida de Moura Andrade desciende hacia la
mano sangrante, la escultura hecha por el mismo Oscar, expresando la brutal
colonización de nuestro continente (¿dejará de llamarse América, algún día…?) y su constante lucha por la identidad, la autonomía cultural, política y socio-económica. Frente a ella, Ramón y Ego hacen silencio. El cineasta-performer recuerda entonces a su amigo la ocasión en que se llevó una plantita de ahí, en su visita anterior, cuando el ahora futuro matrimonio recién florecía. Y le dice: la traje conmigo para devolverla acá, al Memorial. Juntos buscan el mismo cantero de donde la llevó, bajando los peldaños con los nombres de las tribus amazónicas exterminadas, y, cuando dan con él, llevan a cabo la pequeña ceremonia. Le cuenta que, como la transportó en un Tupperware también en aquella ocasión, y aunque vivió y creció y echó hojitas en Buenos Aires, nunca pudo crecer del todo, quedó bonsái, enanita.
. La participación
Álter Ego
nunca abrió la invitación al casamiento, pero sí la llevó consigo. Es que busca
hacerlo en cámara, para que quede registro del momento. Ahora son varios en el
departamento de Vila Madalena, el barrio chic de la ciudad: los dos padrinos,
Arturo y Arturo, los han estado esperando a su regreso del Memorial. Como
también son mexicanos, corre el tequila, se propician ritos de prosperidad,
brindis extraños, cancioncitas de
acompañamiento. Luego, los cinco varones se cambian para salir de
juerga.
Y en la
calle, obra de los muchos artistas callejeros paulistanos, se encuentran con
otra casualidad: un mural de una pareja de novios, ella de blanco, él de jaquet, que están siendo retratados por
¡un cineasta de época…!
. São Paulo~Botucatu
La hormiga
fue bautizada Amiga. Viaja en su salero, mirándolo todo en panorámica mediante
su visión ultravioleta. Es una ruta hermosa, a sus lados se establece el
pujante cinturón industrial del Estado de São Paulo, reformulado sobre la
antigua ruta cafetera portuguesa. Sus ondulaciones deslizan el movimiento de la
camioneta al ritmo de la música que escuchan los muchachos. Es una autopista de
doble carril, separada por un boulevard verde, con lomadas de tierra roja
albergando primero los barrios cerrados de las afueras de la ciudad, luego sus
casas de fin de semana, alternando bosques de obsesivo paisajismo con
enmarañados montes subtropicales. A bordo todo es diversión y expectativa: tres
horas los separan del destino final, y se acercan días importantes para los
seis: Álter, el Gordo, Arturo y Arturo, Ramón (que pareciera reflexionar sobre
su camino personal mientras conduce) y… sí, Amiga, ¡la hormiga!
La Cuesta
de Botucatu se aparece a la izquierda. Es una sierra jurásica, de cumbres bajas
muy retorcidas o inesperadamente puntiagudas. Coronándola, la sinuosa Botucatu.
. Las presentaciones
Botucatu
probablemente sea considerada ciudad, pero más bien parece un pueblo grande.
Conserva todas las capas de cultura que la han atravesado: el gótico del catolicismo
colonizador se impone, pero la negritud presente en las pieles de sus
habitantes habla de africanidad. La prosperidad que trajo la manufactura
industrial de la actualidad y que tradicionalmente acompañó a la localidad
desde sus inicios agropecuarios, se evidencia en una city financiera moderna de pocos edificios más altos.
En Vila
dos Labradores, el viaje llega a su fin. Es un barrio residencial, mechado con
algunos comercios entre los que se encuentra la óptica Ferrari, negocio de la
mamá de la novia y próxima suegra de Ramón. Allí son todos recibidos. Hace
cuatro años que Álter Ego y Ariane no se ven, aunque han intercambiado
correspondencia, y el director-mirmecólogo los fue llevando al corriente de la
idea de registrar su viaje en forma de película. El abrazo que se dan, y la voz
de la actriz brasilera gritando su nombre quedan registrados por Gorrín.
Acceden
al domicilio por el interior del comercio. Es una casa recientemente
refaccionada, muy bien arreglada y amplia, llena de vericuetos. Desde los
fondos del comercio, abundante en instrumental y dependientes de la óptica, se
sube por la escalera principal de la casa de dos pisos, para dar en el comedor
que conecta con la cocina. Huele a feijoada,
el plato típico nacional.
Luego de
pasar un pancito por la salsa y saludar a las dos cocineras, Álter Ego, los
padrinos y la parejita (que ya intercambia información perentoria), bajan por
la escalera trasera de la casa, hasta un patio donde han armado una mesa larga
para almorzar todos. Ahí se suceden las presentaciones. Con protocolo clásico,
Vanderly, la madre de Ariane, anfitriona y dueña de la óptica a la entrada,
introduce a su propia madre, a la madre de Ramón y sus parientes, que han
llegado desde México recientemente, y a otros invitados a la boda que también
van a hospedarse en la casa. Álter Ego repara en que tanto Ariane como Ramón
tienen abuelas y nota que, a su vez, los padres de ambos están ausentes. Saluda
a todo el mundo, presentando al camarógrafo que lo acompaña. Casi todos saben
que se lleva adelante una película, y algunas bromas hacen. Cuando Álter Ego
termina de rodear la mesa y sale a echar un vistazo a la pileta, el futuro
novio aprovecha y lo empuja al agua…
. El dios de la flora
Otros
pseudo-dioses ennoblecen este relato: es el caso de Daniel, coleccionista de
orquídeas y dios de la flora.
Ángeles,
Josué, Hong y Álter Ego lo visitan en su encantador departamento, un planta
baja con un fondo generoso colmado de exuberantes canteros y macetas
suspendidas, con caminitos de piedra y una mesa de jardín muy amplia, rodeada
por las hojas serradas de las orquídeas~cactus, la pasión del coleccionista. A
lo largo de toda una vida, Daniel trajo, importó, contrabandeó, compró, vendió
y regaló distintas subespecies de esta planta hermosísima. En un testimonio
atemporal, no cronológico: lo escuchamos hablar, erudito, acerca de su afición,
de cómo fue picado por hormigas en Irán, de los peligros de la ingesta de
floripondio (orquídea al fin) y de su debilidad por los objetos de la
revolución rusa.
. Simbad, o marujo
En esa
misma pileta, pero un rato después, a la hora de la siesta (todo el mundo
duerme mucho cargando energías para la boda del día siguiente), Álter Ego, (que
casi nunca duerme en estos días), se diría incluso ya bronceado, prueba
sumergir a Amiga en la piscina. Es que es algo que una hormiga nunca hace,
¡bucear!, intenta convencer a los pocos y somnolientos espectadores en la
bochornosa tarde botucatense. Gorrín
enciende la cámara con pereza, el boom
del mic casi se le va al agua. La Taylor junto a dos rubias que han viajado
desde Alemania para la boda, observan entre entretenidas, escandalizadas y
miedosas. Amiga es introducida por Álter en el tintero de colegio que le
vendieran Ada B. y Carmen, las niñas ancianas anticuarias. Canta “¡acción!”
para, a la pasada, llevar a cabo un pequeño rito funerario: el cadáver de una
hormiga tigre que encontró en el patio de la casa es embarcado sobre un papel
glasé. Pide a la Taylor que encienda una pira funeraria en un farol de jardín y
se introduce con el agua a la cintura. El Gordo pica la cámara. Nuestro
director-performer hermetiza el
frasquito con un tapón de corcho que talló una de las cocineras: ahora Amiga
está en un mundo vidriado, de oxígeno limitado, viendo como, por vez primera en
su memoria hormiga, el planeta que desciende a sus costados es de agua, de agua
límpida y transparente por completo. Claro que este documental incluye la
subjetiva de su mirada ¿no es eso documentar, madres y padres del género…?
Mientras tanto. en la superficie, revoleando la correa que lleva a su hormiga
de paseo, el dios de pacotilla, el falso prohombre, le lee ‘Simbad, el marino’,
la fábula de ‘Las 1001 noches’, creadas para sobrevivir, sin importar la
cantidad de público, por seguir respirando…
. La noche de la antevíspera
Ariane y
Ramón lograron quedarse a solas en una casa llena de gente. En la mesa del
almuerzo de las presentaciones han descorrido una cintas doradas. Es para hacer
guirnaldas con fotos pegadas para colgar de los árboles del jardín en su
fiesta. ¡Y son fotos sepia, donde ya aparecen casados! Es muy extraño... y sin
embargo, lo explica todo: siendo nacidos en distintos países, al aunar sus
vidas se han visto en el compromiso de casarse dos veces: una, un año antes, en
iguales días de noviembre pero del 2010, aconteció la boda chilanga, en el
“defectuoso”, como llaman al distrito federal mexicano. La otra, la que
transcurre en esta película, es la boda paulista próxima consumarse en Botucatu.
La noche
estrellada abriga a la pareja, que, como sucede desde siempre, mirando su propio
pasado dan sus espaldas al futuro, para poder inventarlo. Así lo pensaron los
quechuas y los griegos. Así se los transmite Álter Ego, que bajo el ojo avizor
de la cámara de Gorrín, ayuda en la confección mientras conversa. Luego sale a
bailar. Él no duerme ahora.
. Pelos y barbas
Italinho,
un moreno viejo muy sonriente, de ojos celestes como los de Chico Buarque y
pelo canoso, tiene una peluquería a media cuadra de la casa anfitriona. Es que
la Taylor no cumplió en cortarle el pelo, afeitarlo un poco, como hacía cuando
Álter Ego trabajaba con ella, Ariane y Ramón, en la televisión en Buenos Aires.
Las cosas cambian, pero está en todo su derecho a oficiar sólo de invitada, a
no trabajar cuando se encuentra de paseo, piensa Álter. Pero Italinho, además
de peluquero es artista. A medio cortarse el pelo, pensando en verse bien con
el traje que le va a prestar el futuro esposo, nuestro performer comienza a ver que son demasiadas las bellezas para
filmar en ese local: pajaritos de madera, pequeños micros llenos de gaúchos,
florcitas pintadas con colores de la buena tierra... La hormiga Amiga pasea por
sobre todas esas artesanías. En la televisión pasan el mexicanísimo ‘Chavo del
8’, ¿doblado al brasileño…? ¡es demasiado! ¿Los Dioses favorecen acaso las
casualidades? (se pregunta la familia humana desde la noche de los tiempos). El
louco del barrio de Los Lavradores
entra al sitio, e, inopinadamente, se pone a vociferar. El buen Italinho lo
calma patrernal. Y Álter Ego sale a buscar al Gordo Gorrín y su Canon 60-D.
. Botucatu, ciudad soñada para el
ciclismo
En el
extranjero hay que cambiar dinero. Pero, al igual que Argentina, Brasil está
dispuesta a oponer resistencia para defender su moneda y así quitarse el largo
yugo financiero mundial impuesto vía el acuerdo de Breton
Woods en 1945 por los países centrales. Entonces, monta el salero en la
bicicleta y sale a pedalear por la city
cambiaria el sábado a la mañana, antes de que las casas de permuta de divisas
cierren. Botucatu es la ciudad soñada para el ciclismo: sus sinuosas subidas,
causadas por la cuesta jurásica donde se encuentra emplazada la localidad,
desafían las 19 velocidades de la Caloi de Vanderly (¡que no sabe que él se la
usa!). A continuación, vertiginosas bajadas lo llevan pista abajo, por entre
caserones de madera, terrenos baldíos o cualquiera de los tres brazos de agua
que cruzan esta ciudad-pueblo, hasta dar con el microcentro. Pero, o ya
cerraron o le solicitan estar encatastrado, como sucede en nuestro país.
. El planeta de las hormigas
Frustrado,
mientras pedalea de regreso a la casa con su acompañante Amiga, lo ven: el
planeta de las hormigas. Álter Ego, actuando “psico-mágico”, ni se apea ni se
detiene. Vuelve rápido a buscar a su camarógrafo.
. Buena señal
Dicen los
ingleses que los casamientos duraderos suceden con lluvia. Y lloviendo, unas
horas antes de la boda, Álter, la hormiga y el Gordo Gorrín, emprenden la
caminata hasta la gran esquina al borde del arroyo con el planeta de las
hormigas: gigantescos nidos confederados de la depredadora local, la cupí. Se ve que Dios los acompaña,
porque al llegar, un coro gospel
proveniente de una iglesia cercana, pareciera bajar desde el cielo de la
negritud, descendiendo sobre los aventureros como una bendición. Que a Álter
Ego lo hace entrar en trance, ni más ni menos.
. Yendo al casamiento
Vandersi,
la hermana de Vanderly, o sea, tía de Ariane, y Roberto Carlos, su marido, los
han pasado a buscar por la casa para llevarlos hasta el country donde se desarrollará la ceremonia y la fiesta. Los dos
cineastas y su hormiga, hasta hace muy poco corriendo entre los nidos cupí, todos embarrados, bajo el
chaparrón, ahora se encuentran muy de etiqueta arrellanados en el asiento trasero.
Y el nombre del tío de la novia, invita: ¡a cantar ‘Yo quiero tener un millón
de amigos’, del gran cantante brasilero Roberto Carlos. Afuera todavía clarea,
la lluvia pasó como en los trópicos y la noche va a estar fresca.
. La boda
Es la más
hermosa a la que concurrí en mi vida, comenta Álter a Gorrín. Un gran parque
alberga una capilla de piedra y un salón de fiestas circular. Rodean las
sobrias construcciones unos cauces de agua, atravesados por puentes y pasarelas
de madera que conectan inesperadamente los recorridos. Luces verdes, amarillas,
turquesas, iluminan supinas. Colgadas de los frondosos árboles de la
parquización, las guirnaldas con fotos que Ariane y Ramón confeccionaron
anoche, ondulan con el viento.
Entonces,
después de cuatro años sin verse, aparece Danilo, el otro actor, carioca, amigo
desde la ocasión en que todos se conocieron. También está Fernanda, su novia, y
Álter no puede evitar enamorarse, como le sucede a diario.
. El rito
El rito
está siendo grabado por la mejor unidad de filmación del estado de São Paulo.
Por lo tanto, Álter Ego no lo registra, en todo caso pedirá material. No quiere
entrometerse, y además, no soporta las iglesias.
. El pitching
No
soporta las iglesias y está muerto de hambre. No comen nada, ni él, ni Gorrín,
ni la hormiga, desde el desayuno. Entrando al salón circular, sale a recibirlos
Luiz, el wedding planner. Álter Ego
se presenta y explica su particular condición de invitados con trabajo por
hacer. Luiz comprende perfectamente, sirve dos abundantes platos de entre los
cuantiosos manjares que allí disponen y pide le cuente un poco más, que le
muestre la hormiga Amiga. Entonces sucede lo mismo que viene ocurriendo desde
la noche de los tiempos: unas personas comen, otras miran comer; uno habla, el
resto espectan. Nuestro cineasta-performer
cuenta toda la película frente a un improvisado auditorio compuesto por el
servicio de catering del casamiento.
Y se lleva un aplauso. Un merecido aplauso.
. La diosa de la fauna
Beatriz
es mirmecóloga en serio. En Ciudad Universitaria, el hormiguero posmoderno de
la arquitectura porteña, Álter se desasna sobre hormigas. Pregunta todo acerca
de ellas y la mirmecóloga contesta más aun. Ese mundo es mágico.
. ¿La excusa un fiasco?
Ir a la
boda fue siempre la justificación de hacer esta película. Pero la situación “no
rinde”, los novios están muy nerviosos y llenos de obligaciones formales, se
ritualiza cada instancia, están en otra… De la familia, mejor ni hablar. Tanta
es la rigidez, tanto el hiper-planeamiento, que todas las mujeres parientes,
por el lado de Ariane como por el de Ramón, ¡están vestidas con la misma tafeta
verde esmeralda! Álter Ego va a dar por terminado su trabajo allí. Discuten con
Danilo en la cocina fragorosa. El director quiere irse. ¡Pero si recién
empieza!, retruca el actor brasilero. Recién empieza pero para mí ya terminó,
contesta Álter, y lo busca a Gorrín y se van. De regreso a São Paulo.
. Secuencia de montaje
São
Paulo, infinita. São Paulo, calle y africanidad. São Paulo, conferencias
eruditas, Memorial. Las calles, los subtes, el hormiguero central de la
estación terminal de Barra Funda. São Paulo y sus artistas, su locura.
Y el
techo de la ciudad. Como si fuese vista por un Dios de los creados por la
cultura humana, São Paulo emerge pinchuda, arremolinada, increíblemente
luminosa. Y por las cornisas, Álter Ego intenta que no se le pierda Amiga.
. El dios del espacio
Un
ferro-modelista es un dios del espacio. ¿Por qué…? Porque diseña y construye un
paisaje diminuto para tener a sus pies. Lo sobrevuela con su mirada, juega con
él. Juan se dedicó a este hobby desde
niño, y lo abandonó cuando comenzaron a gustarle las chicas. Una vez casado ya,
durante una mudanza, volvió a encontrar todo: los trenes, las montañas para
armar, los detalles, las grúas… Y nos lo cuenta todo, a nosotros, a Álter, a la
hormiga…
. “A mí una hormiga me salvó la
vida…”
El hostel está plagado de hormigas: las hay
de chapa, de hierro, de cuero, dibujadas, por todo el lobby, por las galerías… En cada habitación un cuadro alegórico: la
evolución de la pupa, un diseño de “Prohibido Hormigas”, ¡hormigas con alas! Veneno
para hormigas en las estanterías. ¿A qué tanta hormiga?, casi se diría que
increpa Álter Ego al dueño… Es que a mí una hormiga me salvó la vida, responde
Tomás, que así se llama. No quiero que me cuentes nada más, ¿sí? Estoy haciendo
una película con una hormiga, y mañana venimos a grabarte.
. La devolución
Todo el
equipo vuelve al hormiguero central. Es el gran día, hay que devolver a Amiga.
Álter Ego dice unas palabras en el mismo sitio donde se erigió dios. Pero es
humano, y al devolverla, luego de cantarle una canción de despedida, llora.
Cuando se repone se va, dejando a la que fue “su” hormiga sobre el suelo, en la
boca de la casa natal. Pero es verano y llovió en Buenos Aires, y claro, Amiga
en época de vuelo nupcial, hecha alas.
Alas que
le sirven para volar, volar tras Álter Ego, caerle en la mejilla y picarlo.
Nuestro director-performer se ve en
la obligación de auto-abofetearse la mejilla para llegar tarde a espantarla,
pero, sana y salva Amiga asciende, sobrevuela la plaza y la calesita, puede
ver, ultravioletas, todos los puntos de contacto entre cine y literatura, entre
nuestros creadores y nuestra política, así, ascendiendo a los cielos de la
ciudad…
F I N

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